LA VERDADERA HISTORIA DE LOS "SALTILLOS" MEXICANOS
EL LIBRO DE JOSÉ ANTONIO VILLANUEVA ES BASTANTE MÁS QUE UN RELATO SOBRE LA LEGENDARIA GANADERÍA DE "SAN MATEO". ES UN CANTO HISTÓRICO A LA PAR QUE CIENTÍFICO Y APASIONADO SOBRE LA GANADERÍA MADRE DE CASI TODAS LAS VACADAS DE BRAVO AZTECAS ENTRE LAS QUE SOBRESALE EL IRREPETIBLE CRIADIOR DON ANTONIO LLAGUNO COMO AUTOR DE UN VERDADERO MILAGRO: HABER SOSTENIDO LA FIESTA EN MÉXICO DURANTE MÁS DE UN SIGLO PARTIENDO DE OCHO VACAS Y UN SEMENTAL DE "SALTILLO" LLAMADO "GUANTERO"
La obra recientemente publicada en México con el título "SAN MATEO, ENCASTE CON HISTORIA" es un magnífico a la vez que breve y sencillo repaso sobre la génesis, consolidación y extensión de los toros de la famosísima ganadería de "San Mateo". Un encaste que debe ser considerado como propio y separado de "Saltillo", origen de la famosísima vacada azteca que fue fundada y criada por el gran aficionado mexicano de ascendencia española don Antonio Llaguno. Tanto es así que si comparamos los toros mexicanos procedencia "San Mateo" con los actuales "saltillos" españoles y más concretamente con las reses de Victorino y de Adolfo Martín, es fácil darse cuenta de que son dos realidades muy distintas. Tanto en hechuras como en juego, nada tiene que ver un toro mexicano típico con otro de Victorino Martín. Por ello se trata de un encaste totalmente diferente pese a pertenecer a la misma familia.
El mayor esplendor del toro de "San Mateo" abarcó las décadas de los treinta a los cincuenta del siglo XX, años en los que los Llaguno se hicieron los amos del toreo azteca. Ningún otro ganadero pudo con ellos. Tampoco ninguna figura aunque hubo sus más y sus menos en tal pretensión con varios diestros. Los Llaguno mandaron porque tuvieron en su poder la materia prima ideal para el toreo que, gracias a esos toros, fue perfeccionándose hasta grados inverosímiles entonces. Claro que al extenderse tanto aquella simiente y formarse otras ganaderías con la misma procedencia, con el paso del tiempo los "saltillos" mexicanos fueron perdiendo brío poco a poco hasta llegar al delicado momento actual de varias ganaderías que no hace mucho también fueron excelentes como las de los Garfias, "Mimiahuapan", Reyes Huerta, Xajay... La conclusión de todo ello es que la única manera de conseguir que aquellos laureles reverdecieran otra vez sería cruzar de nuevo con lo más encastado del ganado español. Cuestión por el momento harto difícil de lograr por las prohibiciones de importación que aún siguen vigentes como consecuencia de las enfermedades que aquejan a los bóvidos en Europa. Razón de más que también explica la escasez de grandes toreros en México. Fue precisamente durante los muchos años que reinó San Mateo cuando más figuras del toreo nos dio el país hermano.
Y es que la dulzura y la duración fueron las mejores señas de identidad del toro de "San Mateo". Lo increíble fue que se lograran fijar tales características desde una reducidísima familia de bovinos formada por ocho vacas y un toro que fueron cruzándose oportuna o inoportunamente con ganado criollo. Porque tal y como cuenta Antonio Villanueva, de las dieciseis vacas importadas de "Saltillo", tan solo ocho dejaron descendencia. A las demás se las llevó por delante la madre naturaleza y/o las consecuencias de la riada revolucionaria que asoló México en los años diez. El toro semental clave fue el llamado "Guantero", marcado con el número 42 de 1922. Toro del que descienden todos los demás sementales utilizados en la ganadería de "San Mateo". Solo con estas ocho vacas y el citado "Guantero" se logró una obra de enormes proporciones hasta formarse casi trescientas ganaderías de la misma procedencia, lo que además de ser casi un milagro, también explica la progresiva degeneración posterior a los años dorados de todas ellas.
Respecto a las causas de tal deterioro, el libro de Villanueva no entra en ellas. Su autor defiende que lo que prosperó y lo que siempre se usó como venero de sementales fue la línea pura. Pero, ¿qué papel jugó entonces el ganado criollo?. Villanueva afirma que se produjo una absorción total con lo más puro de "Saltillo". Otros piensan que la huella del toro criollo siguió estando presente. Los que así piensan esgrimen la observación de muchos toros mexicanos actuales que en nada se parecen al "saltillo" original. Como tampoco el temperamento de las reses mexicanas en contraste con el de los "saltillos" españoles. Sea como fuere, parece que el único camino para conseguir ese toro tan especial en la medida y cantidad que fue logrado para satisfacer la gran demanda de las plazas mexicanas y de todos los grandes toreros de aquellas épocas fue cruzando con criollo. Cruce que, por cierto, tuvo maravillosos resultados como atestiguan las memorables actuaciones que con estas reses protagonizaron "Chicuelo", "Cagancho", Lorenzo Garza, "El Soldado", Garza, Silverio, Liceaga…
¿Quién no ha visto como ejemplo máximo de lo que los toros de "San Mateo" propiciaron la película del faenón de "Manolete" en la plaza del Toreo de México con toros de "Torrecilla", su ganadería gemela. Faena desde luego histórica en la que se ve cómo el llamado "monstruo" ligó varias tandas de naturales al de pecho sin mover los pies del sitio en el que dio el primero de cada una. No es de chocar que a la vista de tales resultados – la verdadera revolución del toreo fue más patente que nunca con "Manolete" en México – se intentaran fijar aquellas características, aquella manera de embestir tan ideal como desconocida hasta entonces. No en vano la evolución del toreo ha ido mejorando en quietud y en temple a medida que los toreros fueron plasmando sus intenciones ideales, los públicos exigiéndolas y los ganaderos dando gusto a todos.
Lo evidente es que don Antonio Llaguno se hizo el amo del negocio con sus toros por su genial intuición aunque se llevara a la tumba el secreto de haber criado ese toro que, sin ser completamente bravo según el concepto más genuino, permitió el toreo más bello. Pero aunque ni sus hijos ni los que les siguieron lograron lo mismo, muchos otros diestros famosos de épocas posteriores también fueron capaces de llevar a cabo sus mejores faenas con toros de "San Mateo" o procedentes. Ahí quedó la faena de Antonio Ordóñez al toro "Cascabel" del que cortó el rabo y el propio maestro de Ronda siempre recordó como la más templada obra de su fecunda vida profesional. Y cómo no señalar también las infinitas faenas magistrales con toros de este mismo encaste de los "consentidos" Paco Camino y "El Niño de la Capea", éste además revelado en los ruedos del país hermano como ni él mismo había imaginado.
Aunque leyendo detenidamente el libro de Antonio Villanueva descubrimos que no ha querido entrar en juicios más o menos críticos sobre el encaste "San Mateo", su narración sobre la historia de tan importante ganadería la hace con admirable brillantez y con tan breve concisión que, incuestionablemente, ayuda a la comprensión del lector. En cien hojas tenemos toda la historia de "San Mateo".
Cuando este libro llegue a las manos de los aficionados españoles y, mucho más, si se logra editar en la Madre Patria que es lo que deseamos vivamente suceda, seguro que van a conocer cosas que no saben. Se van a topar con todas las figuras españolas del siglo XX que siempre cuajaron un toro de "San Mateo" en su paso por México. Conocerán también a los ases de la Edad de Oro del toreo mexicano, sobre todo a Lorenzo Garza, diestro ligado de modo indisoluble a la ganadería de "San Mateo". Y, sobre todo, tendrán ante sus ojos un libro que no les va a dejar indiferentes. Cosa importante en unos tiempos de tanta literatura taurina vana e insustancial. Este libro debe estar en la biblioteca de cuantos se interesan por a Fiesta Brava en todo el mundo.
¿Quién no ha visto, por ejemplo, la famosa faena de "Manolete"