FERIA DE SAN ANTOLÍN EN PALENCIA

José Antonio del Moral

AMBEL POSADA BORDÓ EL TOREO EN LA DESPEDIDA NOVILLERIL DE ÁLVARO JUSTO

AMBOS SALIERON A HOMBROS TRAS CORTAR OREJA A SUS DOS NOVILLOS RESPECTIVOS SI BIEN EL EXTREMEÑO HASTA PODRÍA HABER CONSEGUIDO UN RABO DEL EXCELENTE QUINTO DE LA MUY NOBLE CORRIDA "EL TORREÓN" SI LO HUBIERA MATADO COMO AL SEGUNDO. POR LESIÓN DE JULIO BENÍTEZ, ACTUÓ COMO SUSTITUTO MIGUELÍN MURILLO QUE DESENTONÓ CON DOS LABORES VALENTONAS

Plaza de toros de Palencia. 29 de agosto de 2005. Primera de feria. Tarde calurosa con un cuarto de entrada muy repartido. Seis novillos de "El Torreón", insignificantes los tres primeros y con más cuajo y cara los últimos. Todos muy nobles en distintos grados de fuerza, escasísima en algunos casos. Por su mayor clase y fijeza destacó el quinto. Miguelín Murillo (verdina y oro): Pinchazo y volapié, ovación. Dos pinchazos y estocada desprendida, vuelta al ruedo. Santiago Ambel Posada (salmón y oro): Estocada, oreja. Pinchazo, estocada atravesada que hizo guardia y descabello, oreja. Álvaro Justo (rosa y oro con remates negros): Estocada trasera, oreja. Pinchazo y media trasera, oreja. Ambel y Justo salieron a hombros.

Para qué negar ni ocultar los disgustos que este año nos ha dado Ambel Posada en algunas citas importantes durante la primera mitad de la temporada. Pero últimamente se empezó a comentar que ya se había sacudido los miasmas que le atenazaban y ayer no solo pudimos comprobarlo en Palencia sino que nos hizo disfrutar a tope con una de las mejores faenas que hemos visto en la campaña 2005 hasta lo que llevamos anotado que, como casi siempre, es mucho aunque muy poco realmente excepcional.

Entre estas obras fuera de serie, contará muy precisamente la que Santiago cuajó al quinto novillo de "El Torreón", un animal muy noble, con clase y fijeza que, especialmente por el lado derecho, embistió para formarle un lío. Justo el que formó Ambel y no solo en su recibo por mecidas y perfumadas verónicas, sino luego en su faena por redondos, también al natural y en la diversidad de trincheras, ayudados y cambiados de pecho o adornándose al compás de los viajes del animal cuando no para recreo del propio torero en sus andares entrando o saliendo de cada tanda con la elegancia, con la gracia y con la inspiración que Dios y sus benditos genes le han regalado.

No es fácil ver torear así, bordando el toreo con verdad, regusto, hondura, ligazón, temple, sentimiento y alegría al mismo tiempo. Y además que quien lo haga lo exprese con absoluta naturalidad sin preocuparse lo más mínimo de su propia persona. Torear así es tan poco frecuente que quienes son capaces de llevarlo a cabo no tienen derecho a escatimarlo. Yo no digo que con un mal toro esto sea lo que se debe de hacer. Pero afirmo que el solo hecho de lograrlo con los buenos – ahora, por cierto, salen muchos que se escapan – es la formula para acabar con el cuadro de vulgaridades que nos acosa por doquier. Si Ambel Posada llegara a torear así cuando tome la alternativa, ya pueden muchos ir despidiéndose del adormecimiento y del conformismo que padecen. No estaría de más que, por el momento y hasta que se doctore, le pongan en las muchas novilladas que este año se están organizando para Cayetano y el hijo menor de "El Cordobés". Sería un acicate añadido para los tres y animaría el cotarro, que falta hace.

Aparte el gran suceso artístico de Ambel, que también anduvo con sitio y arte frente a su primer novillo aunque cuanto logró careció de importancia por la insignificancia del animal, la novillada tuvo asimismo interés por ser la despedida novilleril de Álvaro Justo que próximamente tomará la alternativa en San Sebastián de los Reyes. Más toreado que la mayoría de sus colegas del escalafón menor y ya sobrado con los utreros, hagamos notar que, quizá por ello, en su sentido preciosista del toreo alternen pasajes de gran pureza interpretativa con otros excesivamente remilgados o estudiados, lo que le hace caer en cierta afectación que en absoluto necesita. Se le ve demasiado preocupado por hacer las cosas requetebién y ello resta naturalidad a su toreo. Y se lo digo por su bien porque sabe torear y sería una pena que se quedara en un remedo de Morante con añadidos de Conde. Quédese consigo mismo, adelante con los faroles y le deseo mucha suerte en su carrera de matador.

Lo llevado a cabo por los dos artífices con capote y muleta que no con la espada aunque fue premiado quizá por exceso dada la circunstancia del grandioso hacer de uno y de la despedida del otro, desmereció notoriamente la doble actuación del primer espada, Miguelín Murillo, basto de hechuras, valentón de intenciones y mucho mejor torero de rodillas que en pie aunque nadie podrá negar sus muchas ganas y la contundencia con que, sin ahorrar esfuerzos ni la menor exposición, intenta imponer a cuanto se le pone por delante. Es cierto que tuvo menos suerte con su lote que sus colegas pero también que no fue el sustituto más ideal para acompañarles.