ANÁLISIS DE LA CAMPAÑA 2003 (III)
EL INCONTESTABLE TRIUNFO DEL DISCUTIDO CESAR JIMÉNEZ
Pocos toreros habrán vivido una temporada a la vez tan triunfal y discutido. Pero como los hechos y las cifras mandan, nadie podrá negar que el joven diestro de Fuenlabrada fue el campeón de 2003. Primero en cantidad de corridas (94) y orejas cortadas (145), terminó encabezando por derecho propio el ranking del escalafón. Pero es que además, resultó ganador de los premios que distinguen a los mejores en la mayoría de las ferias con la excepción de las de Sevilla y Madrid que evitó por una cautela que en el momento de decidirlo algunos no entendieron, aunque luego salió a hombros en gran parte de las plazas que pisó. No alcanzó las 100 tardes pero le faltó muy poco para lograrlo aunque, a la postre, tan ansiada cifra no contó para que fuera reconocido por la profesión como diestro imprescindible en todas partes. Y es que cuando se llega a cada plaza y se triunfa tan a golpe cantado, no hay crítica ni comentario adverso que logre parar a quien así resuelve sus compromisos. Claro que contó con el apoyo de su excepcional mentor y consejero, el ya famoso aunque siempre discretísimo "Maganto", y con el inteligente apoderamiento de José Luis Marca que tuvo el acierto de colocarle casi siempre junto a las máximas figuras, principalmente con "El Juli". Asegurada así su participación en los mejores carteles y fechas del gran circuito y con las corridas de toros más apetecibles o importantes, no fue extraño que, dada la ya demostrada capacidad de Jiménez en las corridas del año pasado cuando fue llamado para sustituir a los caídos, Ponce y Tomás, que aprovechó triunfalmente y con marchamo de figura en ciernes, lo haya sido éste con las consecuencias antes apuntadas. Y además, con fortuna en la mayor parte de los sorteos de las corridas que mató en los que al menos uno de los dos toros que le correspondieron fue el mejor de los lidiados.
Pero es que Cesar Jiménez los exprimió, los mató y triunfó en sucesivos e imparables éxitos que le llevaron al pináculo salvo en la feria de Salamanca donde tuvo su peor momento cuando ya se le notaba cansado. Cimas que, sin embargo, muchos aficionados y no pocos críticos no reconocieron en los "petit comités" que tanto abundan después de cada corrida, mientras los profesionales se mostraban encantados con el nuevo torero.
Desde luego valiente, casi siempre determinado, templado, paciente, a su modo elegante, planchado, impoluto cual almidonado, a su manera radiante, fresco como una lechuga recién cortada sin que nada ni nadie alterase la color de su semblante, variado con su personal y en demasía aprestado capote y no tanto con la muleta en sus muy repetidas y hasta milimétricamente exactas faenas de muleta en las que tras la ensayada manera de brindar sus obras al público en los medios del ruedo, se hinca de rodillas para empezar así sus trasteos, citando al toro desde lejos y aguantar sus arrancadas para conducirlas en ligados redondos, o esperándolo estoico y en pie para recibirlos con pases cambiados, ligados a los correspondientes de pecho, y proseguir con un toreo natural, ora con la diestra mano, ora con la zurda, en el que la firmeza de pies, la permanencia en el sitio donde empieza cada tanda, la limpieza de los pases - no todos completos pero nunca enganchados - tapa su pertinaz media altura y cierta falta de hondura hasta llegar a los tramos finales, de nuevo arrodillado, y consumar con esas estocadas de efectos contundentes cuando no fulminantes que, dado el modo que Cesar tiene de sujetar el pomo del estoque con sus frágiles dedos, pusieron las plazas a reventar y, casi siempre de su parte los públicos porque, al alternar con figuras consagradas y como siempre sucedió en estos casos, la gente se pone de parte del más joven o del más débil del cartel. Incido en lo de la debilidad, porque el aspecto débil de Cesar Jiménez es, precisamente, lo que más sorprende a cuantos le ven por primera vez al combinar tal aspecto con la indudable fuerza de su resolución. "Torero de acero cubierto de porcelana", dijimos de él cuando le vimos el año pasado. O, "Principito de Lladró, como dije tras triunfar clamorosamente en la feria de julio de Valencia, plaza que junto a la de Logroño y Bilbao fueron escenarios de sus faenas más definitivas. Mantengo lo dicho.
En mayor o menor medida, ésta por ahora infalible "fórmula" de Cesar Jiménez no le ha fallado casi nunca para conectar de inmediato con los tendidos y por eso no ha osado cambiarla. Ni siquiera pensado en sustituirla por las que él mismo contempla y sin duda estudia cuando mira, muy atento, cómo torean tan bien sus ilustres compañeros. "Yo soy como soy, así me va bien y ya veremos luego si tengo que cambiar el chip" parece contestar Cesitar a los que tanto le censuran en voz baja cuando le ven torear. Puede que, cuando la gente se canse de verle hacer lo mismo, andar igual, permanecer tan atildado, tan repensadamente escultural, tan cursi a veces - las veces que hay que arrear o apostar en serio con los toros el atildamiento y la cursilería desaparecen como por encanto -, ya veremos qué pasa. También qué ocurrirá cuando, por fin, comparezca en Las Ventas. Como qué sucederá cuando no tenga tanta suerte con los toros y haya que jugarse el pellejo sin contemplaciones ni remilgos. Pues eso, que como todo ello está por ver, hay que esperarle ilusionados en que su figura y su fuerza se mantengan por fondo y alto tono desde el momento en que, irremisiblemente, le lleguen estos casos.
LA IMPARABLE ERUPCIÓN VOLCÁNICA DE "EL FANDI"
También discutido e indiscutible y aunque no pudo completar la temporada que llevaba metida en la cabeza desde que, finalizada su anterior campaña, decidió ocupar el privilegiado primer lugar que buscaba sin darse cuartel ni ahorrar el más mínimo esfuerzo, "El Fandi" inició su 2003 a por todas, siguió a por todas, cayó lesionado a primeros de agosto, continuó a por todas en su larga y costosa recuperación y regresó totalmente curado, restablecido, más fuerte aún de lo estuvo antes del percance y, como siempre, a por todas.
Este imparable "volcán" que en cuanto sale a la plaza no cesa de arrojar lava incandescente, ha sido - quieran o no sus detractores - uno de los cuatro grandes triunfadores del año. Y eso que perdió las corridas que más le motivaban entre las 29 que no pudo cumplir (actuó en 73 y cortó 102 orejas), sobre todo la de Bilbao que aceptó matar junto a "El Juli" después del explicable disgusto que le produjo la negativa de Julián a compartir con él la tarde de junio que cada año en Bilbao celebran en conmemoración de la fecha fundacional de la Villa por el histórico López de Haro. Enfadada la Junta Administrativa de Vista Alegre por el fiasco que siguió a la promesa y arrepentido "El Juli", las gentes de éste trataron de arreglar el feo asunto para juntarlos en varias fechas y "El Fandi" se negó esgrimiendo que a él no le hacía falta ninguna compañía de importancia para poder torear cuanto quisiese. Y así hubiera sido en más de 100 corridas de no haber quedado para el arrastre cuando por un desgraciado salto al callejón en la plaza de Pontevedra tras colocar uno de sus impresionantes pares de banderillas, se le rompieron los ligamentos de una de sus potentísimas piernas. Únicamente accedió, como digo y tras no pocos esfuerzos de los gestores, a enfrentarse con "El Juli" en las Corridas Generales de Bilbao, pero no pudo ser quedando la afición huérfana de uno de los días más morbosos y atractivos de cuantos se anunciaron en la temporada.
Pero aunque la gran cita no pudo acontecer ni dirimirse la pretendida rivalidad en palos, lo que sí tomó cuerpo de naturaleza fueron las muchas tardes de triunfo apasionante de "El Fandi" mediante sus feroces y a la vez templados arranques con el capote, tanto en los recibos como en quites, su inimitable y portentosa manera de banderillear - nadie jamás preparó y salió de las suertes como él, nadie con tantas facultades y conocimiento de los terrenos dando todas las ventajas a sus oponentes hasta dominarlos y agotarlos casi por completo -, sus progresos con la muleta - cada día más lenta, más larga y más honda -, su muy segura espada, y el cada vez mayor tirón de taquilla que evidenció a medida que la temporada fue avanzando. Se le echó de menos cuando no pudo torear y se le recibió con inmensa alegría cuando reapareció.
La absoluta certeza que los públicos tienen de que cuando actúa El Fandi" está asegurado un gran espectáculo - fue el diestro que más veces puso los tendidos en pie en todas partes -, es lo que le ha convertido en tan famoso como imprescindible en las ferias. Porque, aunque no es un exquisito, además de su seguro terremoto banderillero, es capaz de cuajar faenas monumentales. No siempre, porque aún le falta madurar, avanzar en la técnica, administrar su entusiasmo, atemperar su ansia de triunfo. Pero señores, es que yo y muchos más que permanecían incrédulos le hemos visto cuajar trasteos supertemplados, perfectamente ligados, fundamentados en el mejor toreo por redondo y al natural, y adornados con tanto barroquismo y desparpajo que subyugan al más exigente de los aficionados. Como lo atestiguaron sus grandes faenas en la feria de Granada, la que le hizo a un gran toro de en Zaragoza y varias más en cosos menos importantes. Y quien no quiera reconocerlo es que, o se tapó la cara, o no sabe un pimiento de toros.
Hasta que tuvo que parar, todavía inmerso en los carteles de matadores banderilleros, casi siempre junto a Ferrera y varias veces con otros dos intercambiables - Esplá y Encabo - acabó con los tres y dejó plasmado un claro mensaje: Que tampoco les necesitaba a ellos para seguir su escalada hacia la cumbre. Fallida y a la baja la campaña del extremeño, el desencuentro que se produjo entre ambos, precisamente en la corrida del accidente, y otro incidente más en la que alternaron nada más reaparecer el granadino y "El Fandi" se negó desde ese día a compartir palos con Ferrera y prometió no torear más con él por no haber accedido a matar dos toros seguidos la tarde del mano a mano en que sufrió el percance que se agravó por tener que abandonar la enfermería, lo más razonable es que este torero figure el próximo año en los carteles de más fuste y con mejores corridas de toros porque si falta hace echar más leña al fuego de la competencia, "El Fandi" es incendiario por sí mismo y es necesario que los demás también ardan junto al "volcán de la Alhambra".