José Antonio del Moral
ANÁLISIS DE LA TEMPORADA (IV)
ACOMODADOS, REZAGADOS, RESCATABLES, A VERLAS VENIR, EN ALZA, A LA BAJA Y CON O SIN REMEDIO EN UN NUTRIDO PELOTÓN
Para todos los gustos y de arriba abajo según el orden de corridas toreadas.
Juan José Padilla (6º en el ranking con 64c-72o) en franco declive, ni sombra de lo que volvió a ser el año pasado. Finito de Córdoba (9º con 62c-76o) tan a gusto con el medio toro como a disgusto con el que ya no quiere ver ni en pintura. Jesulín de Ubrique (11º con 57c-98o) todavía capaz en el segundo circuito, anuncia su retirada tras despedirse en las plazas de más categoría, si le dejan. Luis Miguel Encabo (13º con 55c-59o) un tanto desigual por conformista desde que torea más. Serafín Marín (14º con 55c-59o) en prematuro e increíble declive, si no reacciona pronto se acabó. Manuel Díaz El Cordobés (15º con 52c-97o) permanente su simpático aire y muy gravemente herido al final. Salvador Cortés (17º con 48c-61o) terminó con bastante menos fuerza que arrancó pero avanza. Pepín Liria (47c-90o) aunque está quemado, mantuvo su sitio por ambicioso e inasequible al desaliento. Eduardo Gallo (19º con 46c-50o) con más sitio y éxitos este año, es de los estarían en su casa si no estuviera tan protegido a no ser que reaccionara. Miguel Ángel Perera (20º con 46c-50o), pese a su soso estilo propio de autómata, salvado por su gran valor y un importante final en las dos plazas más determinantes. Antonio Ferrera (21º con 45c-88o) recuperado aunque tan ordinario y demagogo o más que siempre. López Chaves (26º con 37c-34o) indiscutible vencedor y nueva estrella de las corridas duras, merece mejores puestos. Javier Valverde (28º con 37c-50o) realmente injusto su relego. César Rincón (29º con 35c-15o), sin apenas sitio aunque con su raza intacta y, por ello, siempre al borde del precipicio, estaría mejor disfrutando de su glorioso pasado. Matías Tejela (30º con 33c-29o), magnífico intérprete aunque, por muy desigual, inevitablemente rezagado.
A la vista del listado anterior, podemos comprobar que no es del todo válido eso de que el toro pone a cada torero en su sitio. Entre los que figuran, hay muchos que siguen toreando por pura inercia, otros por la calidad o la personalidad que les adorna aunque ya solo sean capaces de expresarse con el medio toro, y no pocos por la protección que gozan de casas empresarialmente importantes que son quienes más utilizan lo que se ha dado en llamar el cambio de estampitas. Tanto es así que, de no contar con el apoyo o con las recomendaciones aludidas, algunos no sumarían ni diez corridas por año y, a lo mejor, ninguna.
Esta temporada ha habido un caso sangrante por radicalmente contrario a lo que digo, el de Santiago Ambel Posada quien, tras no conseguir triunfar en la corrida de su alternativa en la feria de San Fermín en Pamplona - gesto innegable - fue inmediatamente guillotinado por las empresas y no pudo volver a vestirse de luces salvo una tarde de finales de verano en la plaza de un pueblo perdido. Mientras asistíamos a tan forzosa liquidación profesional, algunos toreros con bastantes menos virtudes que las de Ambel continuaron toreando por la imposición o los intercambios interesados de sus ilustres mentores.
Algo tan vergonzoso que ignoran y toleran la mayoría de los que compran abonos o entradas en las ferias porque la Fiesta les importa un comino. Van a los toros por rutina o para que les vean y punto. Si se aplicara la radical formula que se ha utilizado con Ambel Posada, más de la mitad de los toreros que engrosan el actual escalafón de matadores estarían desde hace tiempo sentados en sus respectivas casas. ¿O no?.
Pero entrando en el grueso principal del llamado pelotón y aunque la temporada de casi todos los que aquí aparecen - sobre todo las de los muy veteranos - esté suficientemente definida con las escasas líneas que les dedico en la entradilla que encabeza este análisis, comentemos algún pormenor más de los que interesan por ser más jóvenes y, por tanto, ofrecen mayores posibilidades de progreso de cara al inmediato futuro. A estas alturas, ¿qué sorpresas pueden ofrecernos salvo en muy contadas ocasiones los Padillas, Jesulines, Encabos, Lirias, Cordobeses, Ferreras y, bien que lo siento, hasta el mismísimo Rincón?.
Más vistos que la Tana, siguen empeñados por si logran llevarse algo más de lo que ya han ganado y dudo que por ninguna otra razón que les obligue sentimental o artísticamente hablando. Intercambiables en sus respectivos encuadres profesionales, ya no pasan de teloneros o de simples rellenos y a la mayoría los siguen metiendo en los carteles por baratos. En definitiva, que salvo a Finito por su mucha calidad, al resto da igual verles que no verles.
Indudablemente, resulta más atractivo comentar con todos los matices que se quieran poner, los casos de Serafín Marín, Matías Tejela, Miguel Ángel Perera, Salvador Cortés, Eduardo Gallo y López Chaves aunque no todos se hayan comportado con las mismas y debidas ganas, dada la situación que atraviesan, ni alguno ha roto en figura tan pronto como pretendía. No hace mucho, por ejemplo, que Marín, Tejela y Perera parecían tres de los llamados al relevo en la primera fila. Y, sin embargo…
SERAFÍN MARÍN
Grave, preocupante el caso del catalán porque no se sabe por qué ni cómo - ¿o sí? - se ha venido tan abajo. Como si de repente hubiera perdido el ánimo y la ilusión de ser torero y ello a pesar de lo mucho que interesó en anteriores campañas. Conquistador nada menos que de la afición de Sevilla, respetado en Madrid, triunfador en tantos sitios. Personalísimo en su lánguido estoicismo, aparentemente sobrado de valor, ojalá que el año próximo vuelva a ser quien pareció porque, de lo contrario, le veo en globo. Y es que cuando en esta difícilísima carrera se pierde el tren, es muy difícil subirse otra vez en plena marcha. Camarón que se duerme, la corriente se lo lleva.
MATÍAS TEJELA
Desconcertante el caso de Matías Tejela, tan pronto fascinante en su hondísimo torear como pocos lo hayan conseguido como, de repente vulgar, ajeno a sí mismo o perdido en su propia manera de ser. Muchos cambios de apoderado en tan poco tiempo como lleva coleccionados Matías, delatan cierta inconsistencia en lo personal con repercusión en lo social. Quizá por haberse creído ser más de lo que de verdad puede ser le duren tan poco sus mentores?. Porque no acaba de encontrar el hombre que más le conviene o porque todos terminan por no aguantar al torero?.
El mejor Tejela es capaz de ilusionar al más pintado y, acto seguido, desilusionar por sus repentinos bajones de ánimo. Claro que, el toreo que Tejela quiere hacer no lo admiten todos los toros y, quizá por empeñarse en ello, le falle la estrategia como lidiador necesariamente obligado a acomodarse a las condiciones de cada res.
MIGUEL ÁNGEL PERERA
Miguel Ángel Perera es de estos tres diestros el que más empeño pone en ser quien quiere. Aunque también víctima de su propio ego un tanto narcisista, no termine de darse cuenta - supongo - que los que tan pronto proclamaron que ya era figura se precipitaron y le equivocaron. Además, Perera no es un artista en el sentido más estricto de la palabra. También se equivocaron, por ello, los que pretendían convertirle en un Paula.
Al contrario. Lo que sí es Perera es un valiente a carta cabal y ya es bastante. Con su valor se pueden hacer muchos toreros aunque no del corte que algunos han intentado buscar para el extremeño. Yo creo que el propio torero es quien este año ha ido descubriéndose a sí mismo. Poco a poco y hasta sufriendo no pocos desengaños, está dándose cuenta de lo que puede y debe hacer mejor: arrimarse como un perro salga el toro como salga y a medida que vaya progresando en oficio y conocimientos, sorprender toreando cada vez mejor, más perfectamente, sin pretender hacerlo de tal o cual modos y maneras, impuestas desde sentimientos ajenos o extraños al más interesado.
Ser uno mismo y a tope todas las tardes. Valor, entrega y sinceridad. Y que no se lamente tanto de la mala suerte con los toros aunque sea verdad que la haya padecido. A veces le sonrió como por ejemplo con los toros que indultó y sus triunfos no tuvieron apenas trascendencia. Que se esmere en sacar partido de tan difíciles oponentes y lo logre es lo importante. Así fue como se salvó en sus últimas corridas de San Miguel en Sevilla y en la de Otoño en Madrid.
SALVADOR CORTÉS
Salvador Cortés, sevillano hijo y sobrino de toreros de ilustre plata, vio como su recién estrenado oro de matador brillaba al máximo la tarde de sus cuatro orejas cuatro en la Maestranza la pasada feria de abril. Un poco exagerado todo aunque comprensible por ser de casa. Se desataron las esperanzas hasta el injusto grado de tener que asumir una responsabilidad tan prematura como inoportuna. Consecuentemente y a los pocos días le frenaron en Madrid.
Y a partir de ahí, a luchar de nuevo desde su real valía: Educación espartana en lo taurino, tan buen concepto como escasa finura - que esto no es culpa del torero - y creciente aunque todavía desigual capacidad. Ni el desideratum en Sevilla que le proclamó impar ni tan corriente como algunos dijeron enseguida. Hay torero y eso no se puede ocultar. Que, además, lo sea bueno y hasta llegue a ser figura, depende de la suerte y, sobre todo, de hasta donde sea capaz de resistir aspirante. Muy positiva su irrupción en todo caso porque Salvador es de los que cada tarde echa toda la carne en el asador.
EDUARDO GALLO
A pocos se les habrá dado más duradero y preferente trato últimamente como al salmantino Eduardo Gallo. Lo mereció por lo que apuntó en su época de novillero - espigado y valeroso, templado, con relativa clase y poco más - pero en su muy especial caso aconteció que, tras grave e inoportuna cornada, se vino completamente abajo como les ocurre a tantos, sin que su desastre importara lo más mínimo para que se le otorgara ilimitado crédito. Hasta la extenuación se le ha ido colocando en lugares de privilegio y nada, que el chico no se decidía a responder a tantas caricias y acomodo.
Tanto llegó el cántaro a la fuente, que este año por fin reaccionó un poquito. ¿Solo un poquito?. Solo. Suficiente para que cuantos le miman y consuelan continúen ilusionados con que va a ser quien ocupe el sitio que en el toreo disfrutaron sus más ilustres paisanos. ¿Otro Viti?. ¿Otro Robles?. ¿Otro Capea (padre, claro está)?. !Venga, hombre¡. Esperemos revestidos de paciencia porque a este Gallo levemente mejorado le vamos a tener otro año más hasta en la sopa.
LÓPEZ CHAVES
Caso diametralmente opuesto al anterior y, no digamos, a su próximo cuñado Capeita que no merece detenimiento alguno, Domingo López Chaves ha sido uno de los grandes protagonistas de esta temporada partiendo de su humilde puesto y sin protección de ninguna clase hasta imponerse. Desde Sevilla hasta El Pilar a sangre y fuego con torería de ley y sobrado desparpajo. Sangre, sudor y en su caso mucha más gloria que lágrimas, nunca se quejó. Todo se lo ganó tarde a tarde y feria a feria por sus propios méritos. Otro perro de presa. Otro de los que en verdad saben lo que quieren y no ahorran esfuerzos sin remilgos ni contemplaciones de ninguna clase. Por la temporada que ha cuajado merece que le tripliquen los contratos.