José
Antonio del Moral
ANÁLISIS
DE LA TEMPORADA 2006 (III)
¿QUIÉN DICE QUE NO HAY
MÁS TOREROS CON VITOLA Y CON FUTURO?
La jugosa temporada del archifamoso
Francisco Rivera Ordóñez (79c-93o y tercero en el ranking) tuvo
lugar en el segundo circuito y, por ello, bastante más eco en la prensa
generalista y en la rosa que en la especializada porque apenas le vimos actuar
en las plazas de mayor importancia.
Morante de la Puebla (57c-37o), valor en
mayor alza de los veteranos por su insólita regularidad en el triunfo y
con más ganas que nunca, fue el autor de las faenas más
artísticas e inspiradas. Algunas fuera de cualquier serie en su
especialidad.
En todo y por todo renovado, el joven
José María Manzanares (63c-91o) destacó como la gran
promesa del toreo clásico pese a su mala suerte con los toros. Sobre
todo en las citas más determinantes.
En franco avance César Jiménez (61c-71o), mejorado en
estilo y, salvo en un ligero bache en el último tercio de la
campaña, tan capaz y resuelto como siempre.
Llegada la tercera entrega del análisis de la
temporada 2006, habrán descubierto que el orden que estoy siguiendo para
valorar a los toreros no siempre coincide con el que coloca a cada cual en el
ranking según la cantidad de corridas toreadas y de orejas cortadas.
Aunque los números son elocuentes, no siempre. Hay casos y casos. Y por
lo que a este trabajo respecta, no oculto que escribo según mi
particular criterio y preferencias. Si hay alguien disconforme, lo siento y les
respeto. Pero el gusto es el mío. En modo alguno el de mis discrepantes
que imagino serán tantos como los que estén de acuerdo.
FRANCISCO RIVERA ORDÓÑEZ
Del grupo de veteranos más o menos
desgastados o en prematura decadencia por ser todavía muy
jóvenes, sobresalió este año Francisco Rivera
Ordóñez, recuperado tanto en lo personal como en lo profesional -
una cosa llevó a la otra - hasta el punto de parecer una persona de
carácter opuesto al que solía cuando se mostraba soberbiamente
hosco y en demasía mordaz cuando no enfurruñado o despectivo. Con
sobradas virtudes que tapaba su peor aunque artificial comportamiento, la
verdad es que Francisco ha sorprendido a muchos en la temporada que analizamos.
Hablando de toreros, muchas veces me he referido a
la famosa frase de Juan Belmonte "se torea como se es", a la que yo
añado "y también como se está". Pues bien,
Rivera Ordóñez se ha comportado tal cual está ahora mismo,
mostrándose como le dije cuando me le encontré en el hotel
después de la corrida que
toreó en las Fallas: "Te he visto Ilusionado e ilusionante". Claro que tal apreciación
chocó con la opinión adversa de los que suelen ir a los toros con
la escopeta cargada de antemano. Por fortuna, nunca fue mi caso.
Los resultados de esta transfiguración tan
positiva saltan a la vista. Tercero en el escalafón con un montón
de festejos y de trofeos conseguidos no solo gracias a la enorme fama y fuerza
mediáticas de Francisco fuera de los ruedos, sino por lo que con los
toros hizo sintiéndose feliz con lo que hacía: Torear más
a gusto, sabiéndose mejor, aprovechando su ya larga experiencia y
sobrado oficio, introduciendo en su repertorio esporádicas y para muchos
sorprendentes intervenciones como matador banderillero y, sobre todo,
acordándose más, por fin, de quien fue su padre, un gran torero y
una extraordinaria persona que de seguro estará en el Cielo celebrando
el bien estar de su hijo mayor.
Como he dicho antes, no pude ver muchas actuaciones
de Rivera Ordóñez pero en las que asistí disfruté
como aficionado con lo que hizo y, como viejo amigo de su abuelo, de su padre y
ahora de él mismo, con su nuevo talante. Convertido en gran profesional
y, gustos aparte, este renovado Francisco
suele templarse, asentarse al torear con donosura y torería muy
naturales; y hasta resolver con notable facilidad cuantos problemas le plantean
los toros como prueba su regularidad en el éxito que podría ser
aún más notoria si no fuera tan desigual con la espada. Creo
sinceramente que si Rivera Ordóñez se decidiera a esforzarse un
poco más, podría volver al gran circuito con todas las de la ley
y hasta dar más de una sorpresa.
Organizador de la Corrida Goyesca de Ronda desde el
fallecimiento de su abuelo, la que tuvo lugar este año tuvo especial
interés por ser la número cincuenta que se celebraba y,
además, magna ocasión de la alternativa de su hermano Cayetano.
Quizá, el acontecimiento taurino más esperado del año. Fue
tarde sobre todo de emociones, de muchos recuerdos y más para Francisco
que puso todo su empeño para que se produjera la apoteosis popular del
evento en el que actuó mano a mano con el fraternal nuevo doctor pese a
que los toros de Zalduendo no dieron ese día el juego esperado. No
obstante, a cargo de Francisco corrió lo más sobresaliente en una
faena que, lamentablemente, no remató pronto ni bien con la espada.
MORANTE DE LA PUEBLA
La joya más preciada de la corona del arte.
Un lujo de torero. Poder contar con su presencia en casi todas las ferias fue
uno de los grandes alicientes de la temporada. Si desde el año anterior
gozamos con el restablecido Morante como nunca, éste más veces.
Despejado el horizonte profesional del torero, como a su excepcional singularidad
como artífice genial - en mi opinión el más perfecto,
redondo y templado de la historia en esta faceta - fue añadiendo
inusitadas ganas por crecientes respecto a los demás diestros de su
corte, no es extraño que se haya convertido en el más regular en
triunfos entre todos los de su especialidad.
Aunque esto es suficiente y no hace falta decir
más que aquello de "apaga y vámonos", quiero traer
aquí como recuerdo de su campaña lo que yo mismo escribí
sobre lo que esta temporada hizo Morante de la Puebla en Alicante y en Huelva.
Doy gracias a Dios de haberme dado vida, salud y suficientes facultades para
poder verlo, disfrutarlo y para contarlo como sigue:
<<… Puede que con palabras nadie
consiga describir las especialísimas formas de torear como Morante lo
hizo ayer en Alicante; del lancear cual amapola o cual rosa o cual clavel en
cada trance capotero; del ir y venir solemne al tiempo que grácil sobre
sus propios pasos; de ese emborracharse enrollado sobre sí mismo mientras
giraba al interpretar sus molinetes únicos e inimitables; de los toques
que en su versión parecen golpes de campanillas tocadas por seises; de
los embroques que más que encuentros de su muleta con el toro en cada
pase parecen dulces besos; de sus saludos, despedidas o remates en forma de
trincheras, firmas y kikirikíes que sus manos resuelven con suaves y
aterciopeladas caricias; de su displicencia lánguida, líquida y
hasta gaseosa; de su cantarse a sí mismo con el son más hondo que
le brota como el agua de una fuente; de la, en fin, entrega a cuanto le sale de
lo más dentro de su alma estando en vena. Y qué sé yo, ni
nadie sabe, ni sabrá nunca explicar lo inexplicable…>>
<<Una vez
más hemos de afirmar que Morante es el mejor de entre los toreros tenidos
por grandes artistas pese a los baches anímicos que, como todos los de
su clase, padece de vez en cuando. Lo es por la perfección y
completamente rematada traza de su toreo y por sus aportaciones al convertir en
realidad viviente los fogonazos artísticos de Joselito el Gallo que
todos hemos admirado en las fotografías que se le hicieron al de Gelves.
Nadie como Morante lo había intentando nunca y menos aún logrado
con tanta fidelidad sin abandonar el misterio que suponen. Un lujo que si
siempre es de exclusiva inspiración del torero de la Puebla, ayer en
Huelva catarata por la cantidad y calidad con que se expresó en pleno
éxtasis del torero consigo mismo y de cuantos tuvimos la suerte de estar
presentes durante el muy largo momento en que la lidia y faena del quinto toro
tuvieron lugar.>>
<<No es
cuestión de entrar en manidos detalles o en cuentas de rosario. Es el
momento de rompernos la camisa y gritar roncos olé porque ni se puede
torear mejor, ni además puede contarse. Claro que no importó un
comino el feo espadazo con que mató Morante para que todo el mundo
sacara su moquero del bolsillo y los que no lo llevaban agitaran las
almohadillas blancas que se sirven en la plaza de Huelva. Morante había
cuajado su quizá mejor faena de este año por el momento y con eso
ya está todo dicho para quien quiera y sepa entenderlo.>>
JOSÉ MARÍA MANZANARES
Las noticias corren como la pólvora y ahora
más deprisa que nunca con los teléfonos móviles y el
correo de internet. Ya no hace falta esperar a lo que digan los programa de
radio en las madrugadas de los domingos ni a los multicolores y publicistas
semanarios de la especialidad para enterarse de lo que pasa en el mundillo
taurino. De tal modo, el pasado invierno supimos con pelos y señales que
José María Manzanares hijo se había encerrado en el campo
con su padre y que, por fin, había decidido tomarse en serio ser matador
de toros con todas sus consecuencias. Los que habíamos apostado a tope
por Jose Mari nada más verle torear de becerrista en un festival,
andábamos un tanto disgustados viendo como el muy joven aspirante
dilapidaba un día sí y otro también sus excepcionales
cualidades, no acababa de decidirse y menos de romper.
Bueno, pues llegó la temporada 2006 y
rompió. El primer aldabonazo lo pegó en la feria de la Magdalena
en Castellón. Y el segundo, nada menos que en la feria de Sevilla. Dada
la categoría del escenario maestrante, la calidad de su afición y
los muchos profesionales que allí estuvieron, la oreja que el nuevo Manzanares
cortó esa tarde fue de las que valen de verdad y abren muchas puertas.
Sin embargo, el inesperado acontecimiento que supuso la sorpresiva y memorable
por insólita retirada de su padre a quien el hijo cortó la coleta
antes de que todos los toreros que había en la plaza le sacaran a
hombros por la Puerta del Príncipe pese a no haber cortado una sola
oreja, provocó un grave incidente a cuenta del mal juego de los toros
que le buscaron en la casa que apoderaba a ambos toreros y lo que
parecía iba de perlas se fue al garete.
No pocos temimos que la abrupta ruptura con los
Lozano podría alterar el equilibrio emocional que en ese momento tan
delicado gozaba el alevín torero pero, por fortuna, el propio
José María se encargó de despejar cualquier duda en la
primera ocasión que tuvo y aún con mayor seguridad e
inequívoca determinación cuando entró en la escena su
nuevo apoderado, Antonio Matilla.
Mano de santo. Porque ambos, torero y mentor, se
ajustaron como guante. Y de ahí a la inmediata gloria en sucesivos
éxitos que, pese a no poderlos conseguir en las citas más
comprometidas por el mal juego de los toros que le correspondieron en las
plazas donde más falta hacía, sí los consumó de
modo clamoroso y memorable en tardes donde el joven Manzanares no solo
triunfó sino que dejó constancia de su excepcional valía
como torero de corte catedralicio. Intérprete sinfónico que,
cuando se expresa en su total dimensión, resulta incluso apabullante sin
que las ganas estorben sus naturalmente mecidas, aterciopeladas e imperiales
maneras de mover sus muy templados engaños. Como tampoco presumir del
incomparable porte que Dios le ha regalado y que no necesita vender por saberse
dueño de ese don como también de la clase que lo envuelve.
Figura habemus, pues, y hasta de las grandes si el
año que viene lograra mostrarse en Sevilla y en Madrid - este año
voluntariamente ausente en Las Ventas -
tal y como este año en su Alicante, en Huelva, en Bilbao, en San
Sebastián de los Reyes y en otras plazas donde siempre anduvo por encima
de las sucesivas e inoportunas malas rachas de toros que padeció, sin
que tanta mala suerte le afectara lo más mínimo su
propósito de ser quien quiere y puede serlo. En este momento y de todos
los que aspiran al estrellato, José María Manzanares hijo es la
máxima esperanza. Aunque algo tarde, lo acaban de descubrir en
Lima.
CÉSAR JIMÉNEZ
Otro torero más a tomar en muy serio como
figura en ciernes. Consolidado desde el fondo que siempre tuvo y más que
acreditada su capacidad frente a cualquier clase de reses, le faltaba definir
más su estilo que de firme y templado aunque con aspecto ligero y en
demasía atildado de sus comienzos ha pasado al que este año
desplegó con mayor asentamiento y reposo, con más sentimiento y
con más solera. Sobre todo en su toreo al natural que muchas tardes fue
de virtuoso.
Al cambiar de apoderados (Marca por Martín
Arranz y Joselito), muchos empresarios se lo pusieron muy difícil hasta
que, poco a poco y uno tras otro, fueron cayendo. Lo mismo que parte de la
crítica en la que alguno queda sin convencer por falta de criterio
propio o por cerril e increíble víctima de interesados consejos
de quienes nunca creyeron en Cesar y ahora les molesta que triunfe tan
rotundamente como, por ejemplo y muy precisamente, en la plaza de Madrid.
Ni aunque le sacaran a hombros dos veces contra el
viento y la marea de sus furiosos detractores les valió un mínimo
reconocimiento. Curiosa enemiga la que padece este madrileño de
Fuenlabrada a manos de sus paisanos en la plaza que más debería
apoyarle, vendidos a la vileza envenenada de quienes ya no pueden ser lo que
fueron y, como ya no pueden volver, hasta prefieren la derrota de sus
contrarios. !Otra vergüenza más para la plaza más importante
del mundo¡. Plaza en la que no sólo sus dueños y los
últimos gestores en turno son culpables de sus muchas carencias y males
sino los que más gritan cual malditos a quienes mil rayos les partan.
Por cierto que, en la última concesión parece que pese a la feroz
e inagotable campaña contra José Antonio Chopera, por el momento
ni se muere padre ni cenamos.
Pero no pasa nada. Ahí está y
estará César Jiménez pase lo que pase en Madrid. Situado
en privilegiado lugar y ya más cotizado como pretendía y
merecía. Paciente y no por ello inactivo. Impertérrito e
ilusionado. Y feliz por fuera y por dentro como bien sé. Su temporada
fue excelente de principio a fin pese a cierto decaimiento cuando superó
su primera mitad. Y es que la lucha fue impresionante, tanto frente a los
consagrados como, sobre todo, a Sebastián Castella, muchas tardes
inaccesible contrincante para todo el mundo.
Pero, en cualquier caso, la lucha de Cesar fue y
está siendo de las más elegantemente sostenidas que uno haya
visto en su vida y he visto muchas. Y eso con el desigual aprecio del que, como
otros, también está siendo víctima inútil. Pues tal
y como ocurre con El Fandi, aunque ambos no tengan nada que ver como toreros ni
por estilo ni por concepto aunque sí por ganas y determinación
indeclinables, mientras los públicos se les rinden y premian, más
pertinazmente les siguen negando los "listos". Incomprensible aunque
divertido por ridículo divorcio entre la realidad y la opinión de
los que la juzgan sin conocimiento o por simple maldad aunque, !mucho
cuidado¡, esta clase de maldades gratuitas suela terminar matando a los
verdugos. Que Dios nuestro Señor les conserve la vista porque en el
toreo - !imbéciles¡ - siempre ganan los que más se
arriman.
Continuará