José Antonio del Moral

ANÁLISIS DE LA TEMPORADA 2006 (II)

DIVERSO NIVEL Y VALORACIONES OPUESTAS EN LA PRIMERA FILA

El Fandi (108 c-221o) líder indiscutible e indeclinable por segundo año consecutivo y con tanto tirón en las taquillas o más que ningún otro, pese a no romper con la misma fuerza en las principales plazas de primera, sin suerte con los toros, que en todas las demás donde arrasó en trofeos.

Aunque El Cid (segundo en el escalafón con 84 c-112 o) mantuvo su puesto y su nivel en resultados - hasta fue proclamado triunfador en varias ferias por los jurados oficiales - salvo en muy contadas ocasiones y al final de su campaña, no logró alcanzar las cotas que le convirtieron en figura y casi siempre anduvo por bajo de los excelentes toros que le correspondieron en la mayoría de las corridas que toreó.

La jugosa temporada del archifamoso Francisco Rivera Ordóñez (79c-93o y tercero en el ranking) tuvo lugar en el segundo circuito y, por ello, bastante más eco en la prensa generalista y en la rosa que en la especializada porque apenas le vimos actuar en plazas del primer circuito.

Morante de la Puebla (57c-37o), valor en mayor alza de los veteranos por su insólita regularidad en el triunfo y con más ganas que nunca, fue el autor de las faenas más artísticas e inspiradas. Algunas fuera de cualquier serie en su especialidad.

En todo y por todo renovado, el joven José María Manzanares (63c-91o) destacó como la más grande promesa del toreo clásico pese a su mala suerte con los toros en las citas más determinantes.

En franco avance César Jiménez (61c-71o), mejorado en estilo y, salvo en un ligero bache en el último tercio de la campaña, tan capaz y resuelto como siempre

EL FANDI

Un caso aparte por el abismal aprecio que separa a los que le adoran - la inmensa mayoría los que actualmente van a los toros - de cuantos le detestan, los puristas del famoso autobús y casi toda la prensa taurina nacional a quienes les resulta difícil admitir y, más aún, soportar que El Fandi mande tanto e incluso más que los que vienen dominando el pastel desde hace años. Y, no digamos, que se haya comido a todos y a cada uno de los toreritos que vienen apoyando tan ilustres aficionados y críticos

Pero es que además, David Fandila es el toreo más interesante para las empresas porque, aparte el atractivo que supone por sí mismo para el público como torero de incuestionable seguridad, gallardía, variedad y espectacularidad, se ha convertido en un comodín de incuestionable lujo para cualquier cartel.

No hay una sola figura ni un solo torero, sea cual sea su categoría, a quien le moleste torear al lado de El Fandi. Al contrario, a todos les encanta actuar junto al granadino. Llena o ayuda a llenar, anima como nadie cualquier festejo, puede con lo que le echen, está pendiente de la lidia como pocos, es un gran compañero, excelente persona y sus triunfos no incomodan porque como los profesionales saben lo difícil que es estar todas las tardes tal y como él suele, le admiran, le quieren y disfrutan con sus éxitos tanto o más que con los propios. Si en cada una de las ramas toreras de cualquier corte hubiera un Fandi, la Fiesta estaría salvada y sin problemas.

Y en cuanto a su valía profesional, a ver quien puede discutirla y con qué argumentos. "Que baja mucho con la muleta". Salvo cuando no baja sino que sube y torea con tanto temple como el que más. Y que no tiene "arte" aunque lo tenga en el sentido más amplio de la palabra por ser capaz de trasmitir sus propias emociones al público en la mayoría de sus actuaciones. Ahora mismo no hay un solo torero que ponga a la gente más veces en pie que El Fandi y eso es un hecho incontrovertible que se repite tarde tras tarde. Estoy harto de ver boquiabiertos a todos los matadores de toros del escalafón mientras David se emplea como suele en el segundo tercio. Solo por eso, merece más respeto del que algunos le tienen. Ninguno.

Su aplastante estadística le separa tanto del resto que no hay quien pueda discutir su sentido de la responsabilidad ni su eficacia en resolver los problemas que, en mayor o menor medida, le presenten los toros aunque, como todos los toreros, esté más a gusto y mejor con los buenos que con los malos. Razón por la que esta temporada de su segundo liderato superando las 100 corridas anduvo menos acertado en la mayoría de la las plazas de primera donde actuó y, por cierto, no le acompañó la suerte como en ocasiones anteriores. Así, ni en Sevilla, ni en Madrid, ni en Bilbao. Plazas en las que cuando le salieron toros bravos y nobles que aguantaron la paliza de segundo tercio fandista - el único que domina totalmente a los toros con los palitroques - le dieron las mismas orejas que a los que con más mérito las cortaron.

No obstante y cuando mediaba tan larga campaña, a veces vimos algo cansado a El Fandi aunque en su tercio final resultó admirable comprobar cómo se superaba a sí mismo y se mostraba tan fresco o más que cuando la inició. Todo un caso de resistencia, de entusiasmo y siempre fiel a sus características profesionales. Y que nadie se equivoque. Porque en el toreo se ha de exigir a cada cual lo que es capaz de dar, independientemente del estilo y de la mayor o menor calidad que se tenga. De ahí que a los mejor dotados artísticamente debamos exigirles lo que corresponda a su personalidad más acusada ya mostrada si verdaderamente se quiere ser figura en continuo progreso. Cada año mejor y así sucesivamente.

EL CID

Situación que no se cumplió en el caso realmente extraño de El Cid por contradictorio. Y es que su temporada 2006 la podemos contemplar desde dos versiones absolutamente opuestas. Si la analizamos en cuanto a resultados, fue magnífica. Pero si lo hacemos tomando como referencia y ejemplo las mejores obras que ha llevado a cabo en anteriores campañas, no podemos considerarla tan triunfal como pareció a muchos, incluyendo en esta apreciación al propio torero, ciertamente dolido con las valoraciones que gran parte la crítica independiente le dedica desde que se instaló en el rango de figura. Posición realmente costosa que, por novedosa para él, no ha sabido encajar el diestro de Salteras como demuestran sucesivas declaraciones al respecto en las que no siempre aceptó lo que se le decía por su propio bien. Justo lo que deberían haberle dicho a su debido tiempo quienes le dirigen.

Así pues y aunque sea comprensible, El Cid pareció refugiarse en el gran esfuerzo que tuvo que hacer para llegar a donde ha llegado y utilizarlo como pretexto del conservadurismo que ha evidenciado en la temporada que analizamos. Sea porque tras las cornadas y percances que sufrió el año pasado le falló el valor y por ende la cabeza, porque ya se ha conformado o porque de ninguna manera quiere perder lo que ha ganado aunque sí continuar amasando más y más sin exponer como exponía, lo cierto y verdad es que El Cid no ha sido ni de lejos tan sincero como antes ni ha toreó con la misma pureza ni con la misma hondura con que nos entusiasmó en varias ocasiones pese a ser favorecido por la suerte como pocos en casi todos los sorteos de las corridas donde actuó este año.

En la mayoría de las faenas que hizo anduvo por bajo de las condiciones que mostraron las excelentes reses que en tantos sitios le correspondieron. Cuestión que, ciertamente muy pocos aficionados - e incluso escasos críticos - suelen descubrir mientras la mayoría suele conformarse con la cáscara gestual de cada obra. Señales dolientes o de sufrir mucho cuando los toros plantean problemas, y exagerados cuando no estrafalarios ademanes de victoria o contento con los mejores.

Quizá mal aconsejado por no sé quien en abusar de una teatralidad que antes nunca exhibió y menos prodigó, lo que nadie que haya seguido a este torero puede negar es que, mientras fue humilde en busca de categoría y de riqueza, jamás exageró la nota. Mientras que últimamente, cuando ya tiene lo que tanto ansiaba conquistar y está más rico de lo que nunca había imaginado, se ha convertido en un desmesurado vendedor de bisutería cuando no de inexistentes lástimas. Y eso no puede ser so pena que El Cid no quiera - o no pueda - ser figura en toda la extensión de la palabra.

En cualquier caso, no podemos obviar los varios toros que dejó escapar tanto en la feria de Sevilla pese a sus celebrados éxitos como, sobre todo, los cinco de seis que en mayor o menor grado también se le fueron en la madrileña de San Isidro en donde sus amigos del 7, a los que el propio torero rinde sonrojante pleitesía cada vez que pasa debajo de tan nefasto tendido, le regalaron todo lo regalable y más para que pudiera ser proclamado vencedor absoluto del ciclo mientras los corífeos de la tele le cataban "!bien Manué¡" con la misma intensidad como a otros trataron despiadados. Se consumó así la injusta tropelía de no premiar con dos orejas la mejor faena de la feria a cargo de El Juli y, en pos de los incondicionales apoyos que gozó El Cid, se restó méritos al verdadero triunfador de la feria, Sebastián Castella. Se mire por donde se mire y dada la categoría del escenario donde se produjeron los hechos, una vergüenza.

Tras estas dos trascendentales ferias en las que, al contrario que las demás figuras, gozó El Cid en casi todas las plazas que pisó de inusitada protección ambiental por lo que no dejó de sumar trofeos facilones, el rutilar de su estrella pegó un bajón de intensidad hasta que, llegado el indisimulable fiasco de Bilbao - allí no hubo manera de arreglarlo -, quien sabía que el tema se le estaba yendo de las manos debió leerle la cartilla, reaccionó por fin el torero y, aunque no por completo, en las corridas del mes de septiembre fue encontrando su mejor versión para afrontar con suficiente sitio y fe la anunciada gran cita frente a seis toros en solitario que le esperaba en La Maestranza de Sevilla donde, cinco de los que toros que le buscaron con extraordinario tino, le dieron segura opción de triunfar en serio.

Aunque solventó la papeleta con notable desenvoltura, solo lo consiguió con dos. Tres orejas y salida por la Puerta del Príncipe en una mediana apoteosis porque tampoco en esta ocasión logró redondear El Cid esas faenas que, yo al menos, llevo grabadas en mi memoria y nunca olvidaré. Ojalá que el año que viene las prodigue y no tenga necesidad de vender más mercancías baratas como si fueran caras.

Análisis de la temporada (II) continuará con los demás toreros de la primera fila en próximas y sucesivas entregas.