FERIA DE LA VIRGEN DEL MAR EN ALMERÍA

PONCE LE DIJO A UN GRAN TEJELA: "SI TU BUENO, YO MEJOR"

Ambos salieron a hombros tras cortar dos orejas a los mejores toros de una bien presentada y desigual corrida de "Zalduendo". La faena del madrileño fue la más limpia y pura de la feria. La del valenciano, un dechado de ciencia, de variedad y de raza como respuesta al reto del más joven. Javier Conde anduvo con ganas, a ratos inspirado y perdió la oreja de un serio y noble sobrero de "Valdefresno" por pinchar

Almería. Plaza del paseo Vilches. 27 de agosto de 2004. Sexta de feria. Tarde nublada y bochornosa con tres cuartos de entrada. Cinco toros de "Zalduendo", bien aunque desigualmente presentados y nobles en distintos grados de bravura y de fuerza, muy escasa la del segundo y, sobre todo, del sexto que se cayó varias veces durante la lidia. Por más bravos y enteros destacaron el tercero que embistió con clase y raza por los dos pitones y el cuarto que peleó de más a menos y fue premiado injustamente con la vuelta al ruedo. Por devolución del descordinado quinto, se lidió un serio sobrero de "Valdefresno" que resultó noble. Enrique Ponce (añil y oro): Estocada corta y tres descabellos, ovación. Gran estocada, dos orejas y vuelta clamorosa. Javier Conde (blanco y azabache): Pinchazo y golletazo, ovación. Pinchazo y estocada, ovación. Matías Tejela ( palo de rosa y oro): Estoconazo desprendido, dos orejas. Buena estocada, ovación. Ponce y Tejela salieron a hombros.

La feria – y la tarde - se fueron completamente arriba en los toros tercero y cuarto, merienda de por medio. La corrida había comenzado gris como el cielo con un primer toro manejable sin clase al que Ponce toreó técnicamente bien y contrariado por la mala racha que lleva solventando tras el muy bravo de Santiago Domecq que desorejó la tarde de su reaparición en Málaga. Luego, los siempre geniales detalles de Javier Conde con un mejor segundo aunque, por su poca fuerza, no logró redondear quedando su faena en simple intento. Pero saltó el muy astifino tercero y tras no ver nadie claro su comportamiento hasta después de tomar un primer puyazo, Matías Tejela decidió que le dieran otro y acertó de lleno. El toro no solo mejoró, cambió a extraordinario y por los dos pitones. La faena de Matías fue grande, completa, limpia como una patena, de purísimo concepto tanto por redondos como al natural y bien rematada con la espada. Hasta ese momento, la mejor de la feria sin discusión.

Pero saltó el muy cuajado y algo gordo cuarto y Ponce decidió responder al reto del joven espada madrileño. "Si tu bueno – debió pensar –, yo mejor". Noble el toro tras lidiarse más para que mejorara su comportamiento que para lucirse el matador, llegó tardeando a la muleta pero declarando sus francas intenciones por el lado derecho. Las tres primeras tandas que le dio Ponce resultaron excelentes. Relajo, ligazón, elegancia, temple… Y como al natural el toro, ya vencido y mermado, se quedó algo corto, el "tres en uno" seguido de un par de naturales citando a pies juntos con la muleta plegada. Instante en que muchos creímos que había llegado la hora de matar. Pero no. Ponce dio un apurado circular y se hincó de rodillas para ligar tres pases de pecho seguidos en increíble alarde como si fuera un novillero necesitado de contratos. No contento con eso, remachó el clavo con trincheras, ayudados al paso y, ya descolgado el animal con la cara entre las manos, se perfiló con la muleta alta que bajó al tiempo de arrancarse en corto y por derecho, dejando una estocada hasta las cintas y en lo alto por lo que se desató el delirio. El presidente sacó a la vez los dos pañuelos blancos y el azul de la vuelta al ruedo para el toro. Algunos pensaron que el tercer moquero debería haber sido también blanco para el rabo. Porque el toro había sido bueno, pero en las manos de Ponce pareció mejor. La vuelta al ruedo que le dieron se la debe Fernando Domecq al valenciano.

Conde anduvo con muchas ganas frente al imponente sobrero de Valdefresno. Llegó a encandilar los tendidos con la mano derecha que utilizó con aristocrática templanza en varias rondas rematadas con pases de pecho aterciopelados, marchándose sembrado del sitio y al paso. Y como no se halló con la izquierda, arranque de ballet para un cambio y tres más con la derecha atacando al bicho para que no se le escapara la oreja. Lamentablemente, se le fue con la espada. Tejela tampoco pudo cortar la del sexto que, tras un puyazo exagerado, quedó para el arrastre pese a lo mucho que su eficaz matador intentó con la muleta.