FERIA DE LA VIRGEN DEL MAR EN ALMERÍA

INCONVENIENCIAS DE MEZCLAR "CHURRAS" CON "MERINAS"

En la mixtura de rejoneo y toreo a pie, Hermoso falló con los aceros y perdió trofeos frente a dos borreguetes arregladísimos de "Capea", Enrique Ponce se llevó un lote imposible y Antón Cortés salió a hombros gracias a las buenas estocadas con que mató a los dos mejores toros de "Torrealta", cuajados y en puntas

Almería. Plaza de la avenida Vilches. 25 de agosto de 2004. Cuarta de feria. Calor asfixiante y más de tres cuartos de entrada. Dos toros para rejones de escasa presentación y pitones demasiado arreglados, noble el primero y muy a manos el que hizo de cuarto. Cuatro de "Torrealta", muy cuajados y serios salvo el más bajo y bonito tercero que resultó excelente. También fue muy noble el sexto. No el segundo que tuvo peligro más o menos sordo y asimismo noble aunque se paró muy pronto el quinto. Pablo Hermoso de Mendoza (de corto con chaquetilla azul acero): Tres pinchazos, rejonazo y descabello pie atierra, ovación. Pinchazo del que murió el toro descordado, ovación y vuelta por su cuenta. Enrique Ponce (tabaco y oro): Estocada baja, ovación. Pinchazo hondo, ovación. Antón Cortés (burdeos y oro): Buena estocada, oreja. Estoconazo algo trasero, oreja. Salió a hombros.

Siguen sin gustarme las mixturas de rejoneo y de toreo a pie aunque, entre los partidarios de una y otra cosa, las plazas se cubran de público. Y siguen sin gustarme porque una cosa son las "churras" y otra las "merinas". Una cosa es torear desde un caballo reses sin apenas pitones y otra ponerse delante de animales sin arreglar. Dicho sea con todos los respetos y admiración por Pablo Hermoso de Mendoza que en su especialidad es un monstruo aunque ayer no me agradó con su segundo y apagado toro, en el que abusó del efectismo para meter en la canasta a los paisanos. Pudo cortar la oreja del primero al que toreó muy bien sobre sus cabalgaduras aunque no siempre acertó al clavar, pero falló con el rejón de muerte y el trofeo se quedó en el aire. También perdió otro del sexto por descordarse el bichejo y no hacer caso el palco a la petición que provocó su pueblerina actuación.

Si en situación digamos medio normal no me agradan estos festejos, menos si ocurre como ayer con los toros que la suerte deparó a los contendientes en lidia ordinaria. Aparte de cómo queda deteriorado el ruedo por las cabalgadas, la manifiesta injusticia que suponen las distintas varas de medir que siempre benefician al jinete con respecto a los que visten de luces, resultan bochornosas. Y si encima el mal lote se lo lleva el único participante que puede dar importancia a la corrida, dan ganas de marcharse.

De tal modo, a Enrique Ponce le tocó un muy serio segundo que sacó guasa con el que expuso innecesariamente sin resultados, y otro cuajado y noble animal que solo le sirvió para enjaretar un ramillete de buenas verónicas en el recibo porque a la muleta llegó parado admitiendo solo media docena de lentos y pulseados muletazos, mientras Antón Cortés se llevó dos toros de gran nivel por su duradera franquía. Ambos se le escaparon al gitano por mal colocado, desencajado y muy acelerado en dos faenas muy por bajo de la calidad de sus oponentes aunque les dio pases y más pases entre el moderado regocijo de los tendidos. Como los mató bien y al primer envite, cortó sendos apéndices que le permitieron salir a hombros engañosamente.