FERIA DE LA VIRGEN DEL MAR EN ALMERÍA

RUIZ MANUEL, "EL JULI" Y SALVADOR VEGA A HOMBROS

En la típica apoteosis almeriense gracias a una preciosa gran corrida de Santiago Domecq, destacaron la primera faena del torero local, que cortó cuatro benévolas orejas, la segunda del madrileño al quinto toro, también premiada con dobles apéndices, y la del malagueño al tercero que cortó una de cada uno de sus toros

Almería. Plaza de la avenida Vilches. 24 de agosto de 2004. Segunda de feria. Calor y más de dos tercios de entrada. Seis toros de Santiago Domecq de bonita aunque desigual presentación y excelente aunque también variado juego. Con clase aunque sin fuerza el primero; nobilísimo el segundo aunque, asimismo, escaso de fuerza; muy tardo pero con motor el tercero que fue noble por el lado derecho; completamente noble el cuarto; informal el quinto; y violento de salida pero parado en la muleta el sexto, un espectacular jabonero sucio. Ruiz Manuel (rosa y plata): Estocada desprendida, dos orejas. Media estocada, dos orejas. "El Juli" (verde papagayo y oro): Dos pinchazos sufriendo un pitonazo en el costado sin consecuencias, media tendida y descabello, gran ovación. Estocada de entrega y descabello, aviso y dos orejas. Salvador Vega (blanco y plata): Pinchazo arroba y gran estocada, oreja. Estoconazo contrario, oreja. Los tres matadores salieron a hombros. Raúl Nuñez destacó en palos.

El cambio de decoración y de ambiente que vivimos los que bajamos desde Bilbao hasta Almería es tan total, que todos los años hemos de frotarnos los ojos para cerciorarnos de que la temporada taurina sigue con los mismos protagonistas aunque en diferentes circunstancias. Calor africano, alegría y entusiasmo del público asegurados, una merienda de campeonato tras la lidia del tercer toro que parte la corrida en dos mitades como en ninguna otra plaza; un encierro a modo para embestir tras un monopuyazo como regla general; y los toreros embalados en la cuesta abajo de la campaña. Ésta del 2004, definida últimamente por la reacción de "El Juli" que se ha puesto de nuevo las pilas de gran figura para no quedar rezagado frente a un Ponce otra vez en la cancha a todo trapo y el nuevo mesías del toreo, Salvador Vega, que en cada feria que actúa deja su impronta convertido en favorito de los aficionados.

Ayer fueron precisamente "El Juli" y Vega quienes alternaron en amigable cara de perros llevando por delante al torero local, Ruiz Manuel, que se llevó los dos toros más fáciles de la estupenda corrida de Santiago Domecq y les ganó en trofeos – nada menos que cuatro orejas – aunque bien es cierto que el primer toro se cayó varias veces durante la lidia por su poca fuerza que disminuyó tras pegarse un volantín en pleno tercio de varas. En otra plaza se habría devuelto pero no en la patria chica de Ruiz Manuel a quien el público permitió torear a placer entre caída y caída del bicho. Placer que, debemos reconocer, fue a la par degustado por el interprete y por sus paisanos, entregados como el toro al diestro que, luego de la merienda, volvió a torear con gusto al cuarto del que cortó otras dos orejas – sobró la segunda - aunque ya bajo el síndrome de haber visto lo que hicieron "El Juli" y Vega con sus dos primeros toros: armar un lío.

Ese lío que aquí se forma cuando los toreros se entregan incondicionalmente por la recíproca incondicionalidad de los espectadores. Un fenómeno precioso que se repite cada tarde en la plaza de Almería.

Me encantó "El Juli" con el capote tan variado en su primer toro y verle otra vez sin remilgos ni contemplaciones. La faena luego fue de esas en las que el madrileño se relame toreando, solo que por abusar del disfrute y al empalmar tres faroles seguidos a uno de pecho sin moverse, el toro no aguantó tanta intensidad, se echó a la arena y hubo que levantarlo para darle muerte, lo que Julián no consiguió al primer envite perdiendo las orejas que ya se había ganado. Las ganó en el quinto, un toro bastante más difícil que le desarmó dos veces en el inicio de la faena, lo que enrabietó al torero tanto o más que la faena que ya había hecho Vega y, a partir de ahí, se le puso esa cara de lobo feroz que se le pone a "El Juli" cuando quiere algo de verdad y acaba por comerse todo lo que le pongan sobre la mesa aunque sea indigesto. Surgió entonces el gran poder del gran torero que puso la plaza boca abajo y más con la estocada que recetó dejándose matar.

Pero señores, es que este niño Vega que nos tiene tan ilusionados, ya nos había impresionado a todos antes con un tercer toro muy violento en cada una de sus primeras arrancadas tras escarbar y tardear en cada cite. Despatarrado el malagueño y frontal en todos, muy de verdad en cada pase en redondo que ligó señeramente desparramando el aroma de dama de noche que Vega prodiga con regusto. Resuelta con hondura la difícil papeleta que completó al natural con tres pases que en principio parecían imposibles, un pinchazo arriba y una estocada perfecta no dieron opción al doble premio que, sin duda, habría logrado. Y para que pudiera acompañar a sus compañeros en la salida a hombros, tanto el público como la presidencia le dieron la oreja del imponente jabonero sexto que, violento de salida y parado al final, no dio más opción al malagueño que mostrarse valiente matar otra vez como Dios manda.