José Aº del Moral

Jadmpc@terra.es

 ÚLTIMA DE SAN JUAN EN ALICANTE

ARISTOCRÁTICA Y TRIUNFAL ALTERNATIVA DE MANZANARES JR.

CORTÓ TRES OREJAS Y RABO Y SALIÓ A HOMBROS JUNTO A SU PADRINO ENRIQUE PONCE MIENTRAS RIVERA ORDÓÑEZ NO PUDO ACOMPAÑARLES POR PINCHAR SU PRIMERA FAENA EN UNA TERCIADA Y DESIGUAL CORRIDA DE DANIEL RUIZ

 

LA OPINION DE

QUIEN DICE

LO QUE PIENSA

Plaza de toros de Alicante. 24 de junio de 2003. Sexta y última de feria. Calor y llenazo en festejo televisado por los canales autonómicos. Seis toros de Daniel Ruiz Yagüe desigualmente presentados y de vario juego entre los más bravos y nobles primero y sexto y los más difíciles cuarto y quinto. Todos justos de presencia y en general bonitos, destacando por sus ínfimas hechuras el último al que se dio la vuelta al ruedo. Enrique Ponce (amapola y oro): Pinchazo arriba y otro hondo algo atravesado, oreja. Media trasera, aviso y oreja. Rivera Ordóñez (corinto y oro): Tres pinchazos y estocada trasera, palmas. Pinchazo y estocada trasera, oreja. José María Manzanares (cobalto y oro): Estocada en los bajos y buena estocada, oreja. Estoconazo, dos orejas y rabo.

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La insólita por inusual ceremonia de la alternativa de José María Manzanares hijo marcó el inicio de una corrida tan cantadamente triunfal como llena de emociones. El padre del toricantano fue requerido por el padrino Ponce para saliera al ruedo para ser testigo cercano y principal del evento y éste terminó por pedir la espada a su hijo para volvérsela a entregar en señal de venia. Manzanares Jr. abrazó doblemente a Ponce y a Rivera y besó muy emocionado a su también emocionado progenitor mientras el gentío ovacionaba a los cuatro participantes. En la memoria revolotearon las ascendencias y el recuerdo de la alternativa del padre en 1971 en la que el padrino fue Luis Miguel Dominguín, tío del padrino y a su vez nieto de Antonio Ordóñez e hijo de Paquirri, ambos fundamentales en la carrera de Manzanares padre. Sangres toreros de alta alcurnia reunidas para esta ocasión realmente aristocrática. Sólo por verlo en directo mereció la pena el viaje y así lo hicieron infinidad de aficionados de todos los confines. Ambiente, pues, de gala y todo a punto.

Naturalmente, también los toros aunque un par de ellos se equivocaron para poner a prueba la ya contrastada maestría de Enrique Ponce y la raza de Rivera Ordóñez que sudaron más que nunca para sacar partido de sus segundos oponentes. El lote más a modo se lo llevó el nuevo doctor y la verdad es que lo aprovechó de cabo a rabo que cortó al sexto tras una faena pletórica en la que destapó muchas de sus esencias ya intuidas o contrastadas en sus actuaciones novilleriles. Empaque, temple, arte, sentimiento, asentamiento, maneras dulces de elegido y conjunto principesco tan clásico y eterno como el de los matadores que con más porte hayan toreado a lo largo de la historia. También con el primero el joven Manzanares se destapó con un par de intensas tandas de largos, profundos, aromáticos naturales, aunque fue la última que pegó al sexto la que puso en pie a todos los espectadores y la que electrizó al padre quien, momentos antes, había aconsejado a su hijo que matara al torillo de una vez. Muy bravo éste y muy bravo el desobediente hijo, firmó con un estoconzo la obra y se armó el lío. Paseo y salida a hombros entre un delirio indescriptible. ¿Qué le espera a este nuevo Manzanres?. Lo que él sea capaz de lograr en función de su voluntad y de su capacidad de sacrificio. Si persiste en lo de ayer y se decide a torear en serio, figurón del toreo habemus. Si se contenta con participar en festejos de lujo, elegidos sin rigor, una gran anécdota. Mimbres tiene, padre que le aconseje también. Sirenas que le soplan fantasías, ni falta que le hacen aunque por el momento le parezca lo contrario. Tiempo al tiempo y en todo caso, esperanza. Manzanares hijo puede ser el revulsivo que ahora mismo le hace falta a la fiesta porque es torero para seguir y eso es muy poco frecuente a más de caro.

Ponce sostuvo y rehizo al noble y muy débil segundo toro con la habilidad y la elegancia que le separa del resto del escalafón y echó el resto frente al muy complicado cuarto: blando de patas, fuerte en aviesas intenciones e incansable gazapón, Ponce le hizo al menos diez minifaenas entre largas pausas para que el toro respirase. Estrategia efectiva aunque arriesgada porque cada vez que el torero volvió a la cara de su oponente, éste le llegó sucesivamente engallado y entero. Algunos tomaron al burel por muy bravo y hasta demandaron su indulto. Craso error porque a quien hay que indultar in-eternun es a éste valenciano que jamás se deja de ganar la partida por nadie aunque, como siempre, ayer quiso ocupar un discreto segundo plano para que su ahijado brillara al máximo.

Rivera Ordóñez también quiso y, salvo con la espada, pudo en el tercero tras someterle muy bien por bajo con la derecha en hondos redondos. Con el endemoniado quinto se encaró en un cuerpo a cuerpo de enorme mérito pese a la imposible limpieza de la batalla y le cortó la oreja más costosa de la jornada, salvando así su honor el resultados.