José Antonio del Moral
FERIA
DE SAN JUAN EN ALICANTE
UNA GRAN CORRIDA DE FUENTE
YMBRO NO POR COMPLETO APROVECHADA
La casta, la bravura, la movilidad y la
franquía de la mayoría de las reses volvieron a ilusionar a los aficionados y
sirvió a la terna de actuantes para triunfar aunque no en la medida que
deberían haberlo conseguido. Finito de Córdoba resultó herido por el cuarto
justo cuando más entregado y relajado estaba toreando, cortando una oreja pese
a no poderlo matar. Otra cortó Matías Tejela del quinto
que debió ser premiado con vuelta al ruedo. Y una de cada uno de los suyos,
Miguel Ángel Perera, que fue quien más se impuso y salió
a hombros.
Plaza de toros de Alicante. 22 de junio de
2006. Sexta de feria. Tarde calurosa con algo más media entrada en festejo
televisado. Siete toros de Fuente Ymbro, incluido el
sobrero que reemplazó al sexto, devuelto por flojo. Bien presentados,
encastados y nobles en distintos grados. Incluso el primero que manseó en el caballo embistió luego en la muleta. Por más
completo destacó el quinto y por más complicado el sobrero. Finito de Córdoba
(grana y azabache): Pinchazo, más de media tendida y descabello, silencio. No
pudo matar el cuarto al resultar cogido y herido en plena faena de muleta. Fue
atendido en la enfermería de cornada en el tercio inferior del muslo derecho,
pese a la cual se le pidió y concedió una oreja que paseó el peón Juan Montiel. Matías Tejela (verde
botella y oro): Dos pinchazos y estocada caída, aviso y silencio. Estocada
trasera desprendida, oreja. Miguel Ángel Perera
(verde esperanza y oro): Estoconazo trasero, oreja.
Media efectiva, oreja. Salió a hombros. El banderillero Álvaro Montes estuvo
eficacísimo en la devolución a los corrales del sexto.
Cambió por completo la decoración respecto al ganado de la
tarde anterior. Ya me hubiera gustado ver a Ponce y a José Tomás con los toros
de Fuente Ymbro que ayer lidiaron Finito de Córdoba, Matías
Tejela y Miguel Ángel Perera.
Inevitable fue que, sobre todo cuando el de Alcalá de Henares se enfrentó al
quinto que, en mejores manos, podría haber sido hasta de indulto – fatal la
presidencia al no concederle el honor de la vuelta al ruedo –, nos acordáramos
de ambas figuras. Porque Ponce ya no quiere vérselas con estas “coles”, aunque si se las encuentra casualmente, que a veces le
sucede, se harta de torearlas y hasta las cuaja un faenón.
Pero, ¿y Tomás? Éste, ni en pintura quiere reses tan encastadas. Con los
enganchones que el de Galapagar suele hasta con los toros más dulces, le arruga
la muleta uno de Fuente Ymbro y el envía a Júpiter que
es de donde algunos creen que ha venido el subsodicho.
Pero bueno, dejemos en paz a los que no deberían alcanzarla
mientras sigan en activo y vayamos con
los que ayer tuvieron el mérito de ponerse delante de estos toros, que todo hay
que reconocerlo antes de meternos en la harina de cómo anduvieron. Pues, para
qué vamos a engañarnos, por unas razones o por otras, por bajo de las
condiciones de cinco de los seis que se lidiaron, aunque debamos hacer la
excepción de Finito con el cuarto, al que terminó acoplándose en su mejor
versión con la mano derecha en dos tandas de superior enjundia, gran hondura y exquisito
temple hasta que, en un descuido, el toro le cogió y, desgraciadamente, le
hirió. Lo que sentimos porque, si desde hace tiempo ya era difícil ver a Finito
relajado, después de este percance lo será aún más. ¡Vaya por Dios¡.
La otra excepción fue la de Perera
con el sobrero al que se impuso con enorme valor pese a lo muy por alto que
siempre embistió y por ello siempre viendo donde estaba el torero que, por
cierto, ni se inmutó. De ahí su en mérito crecido trasteo que, encima,
transcurrió de menor a mayor limpieza y temple, con más profusión a derechas
que con la zurda que empleó intermitente aunque algún natural sí que dio con la
debida largura. Los circulares cambiados del final y el muy efectivo medio espadazo con que mató, le permitieron salir a hombros por
Con el toro segundo y sin duda en el deseo de encontrarse
con el animal entero para poder aprovecharlo mejor en la muleta, Perera cometió el error de dejarlo sin picar
suficientemente y por eso el toro se le
fue demasiado arriba a mitad de faena hasta desbordarle. Y ello a pesar de que
el trasteo empezó muy bien con pases cambiados muy emocionantes en los medios y
con una tanda a derechas que ligó al de pecho sin moverse aunque sin mandar.
Faltó antes y después que Perera se atreviera a bajar
la mano bastante más de lo que hizo y someter más, por tanto, a tan crecido
animal. Como también que se hubiera empleado al natural que apenas quiso
probar. No obstante, la mucha transmisión el toro en su embestir y el que no
desmayara Miguel Ángel hasta matar de otra contundente y efectiva estocada, le
valieron un primer trofeo para sumar al que cortó después.
A Matías Tejela le sigo viendo increíblemente
vulgar y hasta como mecánico cual robot programado para cumplir una misión cuando
a todos nos consta que, en su mejor vena, no es así sino todo lo contrario:
dulce y sentimental en su expresión torera. Y es que este torero se tiene que
librar de no sé qué miasmas que le atenazan y le hacen creerse lo que todavía
no es ni nunca fue aunque tenga mimbres para serlo. El caso es que no sé si
padece de tan falso orgullo y, consecuentemente, de tan perjudicial conformismo
por culpa propia o ajena. Tejela no debería creerse
las mentiras que le cuentan los que le apoyan incondicionalmente en base a
amistades con terceras personas de los que dicen querer ayudarle. Todo ese
tinglado que hay a su enrevesado alrededor le perjudica una barbaridad. Si mal
anduvo con el encastadísimo segundo toro, peor pese a la oreja que cortó con el
por todo magnífico quinto que, una vez más y como dice el refrán, fue el mejor
de la estupenda corrida y terminó comiéndose al torero.