José Antonio del Moral
FERIA DE SAN JUAN EN ALICANTE
PONCE, CON TOROS COMO LOS DE
AYER, NI UNA MÁS CON JOSÉ TOMÁS
Con la plaza llena hasta los topes, la
muy escasa presencia e ínfimo trapío del ganado de Domingo Hernández y Garcigrande restó cualquier importancia a lo que hicieron
ambos diestros. Nada de particular ni de especial relieve, por cierto, con
Ponce tan técnico como esforzadamente retórico, y José Tomás tan valiente y
atornillado como destemplado, sobre todo frente al difícil quinto con el que se
la jugó sin saber cómo ni por qué hasta lograr una sola y breve tanda medio
limpia. No obstante, el fallo a espadas de los alternantes, incluido el local
Francisco Palazón, también les privó de
haber cortado algún trofeo aunque sin peso ni calado en el caso de los
dos más veteranos. Ni la escapatoria del sexto toro por la puerta de cuadrillas
ante la que, inoportunamente, tuvo lugar la suerte de varas; ni siquiera la muy
grave cogida que sufrió un empleado en plena confusión y zafarrancho, pudieron
tapar el inesperado y, para muchos, sorprendente fiasco que supuso un
preocupante toque de alerta en el planteamiento de la reaparición del
prematuramente cantadísimo torero de Galapagar.
Plaza de toros de Alicante. 21 de junio de
2007. Quinta de feria. Tarde calurosa con lleno a reventar. Hasta se aplazó el
inicio del festejo para que la gente terminara de colocarse. Seis toros de Garcigrande-Domingo Hernández, de ínfimo trapío y pesos
increíbles. Los tres primeros, inaceptables. Y con algol más de cuajo los
últimos. Todos nobles y muy escasos de fuerza. Por mejores destacaron tercero y
sexto y por más complicados, el primero que sacó genio y, sobre todo, el quinto
aunque terminó desplazándose por el lado derecho. Enrique Ponce (carmelita y
oro): Pinchazo y otro hondo, aviso y tibia ovación. Pinchazo, estocada
desprendida trasera y tres descabellos, aviso y ovación más nutrida que la
anterior. José Tomás (corinto y oro): Pinchazo, estocada casi entera y
descabello, aviso con leve petición y gran ovación. Dos pinchazos y estocada,
aviso y palmas. Francisco José Palazón (celeste y oro): Pinchazo, media y cinco
descabellos, silencio. Estocada y varios descabellos, palmas. Tomás fue
obligado a saludar tras el paseíllo. El sexto toro aprovechó su cercanía a la
puerta de cuadrillas mientras recibía un puyazo y persiguiendo al caballo
cuando salía del ruedo, empujó los portones y entró en el patio de caballos,
hiriendo gravemente a dos empleados, en medio de un gran susto y confusión.
Aunque para los taurinos los llenos totales justifican
cualquier desmadre y a pesar del pacífico y hasta entusiasta comportamiento del
público que abarrotó tendidos, gradas y andanadas, lo cierto y verdad fue que
la segunda tarde de la reaparición de José Tomás no convenció a casi nadie. Digo
casi porque no faltarán quienes pretendan sostener y no enmendar lo que dijeron
de Barcelona: Resaltar hasta el paroxismo las virtudes y los aciertos del
torero, y ocultar cual prestidigitadores todos los defectos. “Bolita, bolita,
bolita…, nada por aquí, nada por allá..” Sobre todo las carencias de algo
incuestionablemente necesario e imprescindible para poder sacar partido de los
toros nobles y para mejorar las embestidas de los que presentan dificultades o
no lo son en su salida al ruedo. Me refiero al temple. Palabra que el José
Tomás de todas sus épocas, olvidó frecuentemente y ayer clamorosamente con su
segundo toro.
Bueno, lo de toro lo digo porque en edad y peso en la
tablilla, lo fueron los seis de ayer aunque aparentemente no lo fueran no por
el forro y, no digamos, por lo pitones de vergüenza que exhibieron. Lo malo fue
que, nada menos que Enrique Ponce, se prestó a colaborar con José Tomás en este
segundo intento al meternos gato por liebre gracias a la fuerza de su fama y a las
incontables memeces que se dicen y escriben de él y
que, miranpor donde, ayer en Alicante no le valieron
para nada. Se dirá lo que se quiera. Pero la gente salió ayer de la plaza
echando pestes y dudo mucho que en una próxima comparecencia del singular
torero, peguen lo que pagaron ayer infinidad de gentes para verle.
Lo de Ponce no debería pasar más. Ayer me acordé del buenazo
Rajoy tragando lo intragable con Zapatero porque los
de ETA van a poner una bomba en cuando el inefable presidente incumpla alguno
de los vergonzosos pactos que ha firmado con los terroristas. Pues bien, el
también buenazo Ponce – como Rajoy en su espero
última escena del sofá con ZP - no debería alternar una sola vez más con José
Tomas, si la corrida que se elige es como la de ayer. Increíble fue ver al
torero más poderoso y capaz de la historia haciendo esfuerzos gestuales – pura
retórica – intentando dar importancia a lo que hizo ante semejantes bóvidos.
Hasta naturales del cartucho de pescao frente al
cuarto y un pase de rodillas de espaldas al final de su faena en su intención
de hacer ver que quería mucho. Y claro que quiso y hasta enjaretó dos trasteos
estéticos y en su mayoría limpios, pero sin emocionar ni al gato aunque pudo
cortarle una oreja si no hubiera pinchado.
Aunque es lógico que el de Galapagar no se halle todavía en
plena forma cuando le vienen mal dadas como ocurrió ayer – llevaba cinco años
sin torear en público – dio muy pobre impresión aparte de pecar de miedoso en
la elección de los toros. ¿No dicen que es un torero kamikace
y tan valiente como exquisito? Pues que haga lo que dicen que hace con ganado
serio y en plazas de primera. Si esta reaparición va a consistir en torear
corriditas como la de ayer, a mi no me interesa nada aunque tenga que verle en
las ferias que acuda y yo esté presente. La próxima en Burgos aunque en
Pamplona, nada.
Por cierto que, hablando de Tomás y de Pamplona, me he reído
mucho estos días con lo que me cuentan se ha escrito en una revista que no leo
desde hace más de diez años. Por lo visto, vuelven a utilizar como referencia a
la toma del poder por José Tomás, aquella también ínfima corrida de Leganés cuando superó crecidamente en trofeos a los
entonces llamados tres tenores. ¡Pero hombre, por Dios¡,
cómo se puede poner como ejemplo una corrida de pachanga para referirla a una
conquista tan difícil. Es de cachondeo. Lo que en la citada revista no han
dicho es que Tomás devolvió el “cetro” que ganó en Leganés
cuando en Bilbao se quitó de un corridón de Atanasio
y en los Sanfermines del año siguiente, cuando volvió
a quitarse de otro de Capea. Dejó solo a Ponce con quienes sustituyeron al de
la “otra dimensión” y el de Valencia se quedó donde todavía sigue sin pausas de
ninguna clase. Por eso no me explico que colaborara en la pantomima de ayer y menos
en las que se anuncian próximamente, a no ser que el ganado sea al menos digno
como el de Barcelona.
El diestro local Francisco José Palazón volvió a poner de
manifiesto sus excelentes maneras y buen concepto del toreo. Pero pinchó como
sus ilustres colegas y su doble actuación quedó diluida. Otra victima del
fiasco de los grandes.