José Antonio del Moral
FERIA DE SAN JUAN EN ALICANTE
PONCE SE INVENTA UNA FAENA PRECIOSISTA, MANZANARES CUAJA OTRA UNIENDO SU RENOVADA FIBRA AL SENTIMIENTO Y PERERA HACE UN SECO ESFUERZO
Con el primer lleno de la feria, los tres espadas cortaron una oreja. El valenciano y el alicantino perdieron la segunda por matar de sendos bajonazos y al de Badajoz se la regalaron a favor de la corriente triunfal de sus colegas. De la terciada y en general blanda y deslucida corrida de los hermanos González Sánchez-Dalp (la primera mitad del festejo resultó un plomazo) tan solo al quinto toro le sobró fuerza, casta y transmisión. En sexto lugar se lidió un sustituto manso con pinta de vaca de Pérez Tabernero que apenas sirvió.
Plaza de toros de Alicante. 22 de junio de 2006. Quinta de feria. Tarde muy calurosa con lleno. Cinco toros de los dos hierros familiares de los hermanos González Sánchez-Dalp, de tan justa como desigual presencia, escasa fuerza y distintos grados de nobleza. Destacó el quinto que resultó el más completo por más entero, bravo y encastado. En sexto lugar se lidió un poco presentable por flacón y avacado sustituto de Pérez Tabernero que resultó simplemente manejable. Enrique Ponce (danubio y oro): Dos infamantes metisacas en los bajos, pinchazo y estocada, aviso y palmas. Estocada baja, aviso, oreja y fuerte petición de otra con dos vueltas al ruedo. José María Manzanares (burdeos y oro): Pinchazo, media tendida y dos descabellos, aviso y ovación. Estocada baja, oreja y petición de otra. Miguel Ángel Perera (tabaco y oro): Estoconazo trasero y descabello, aviso y ovación. Estocada caída, aviso y oreja. A caballo destacó José Antonio Barroso, en la brega Mariano de la Viña y en palos éste último y Curro Javier que tuvo que saludar tras parear al quinto toro.
Aunque no se puede negar el largo esfuerzo que los tres espadas llevaron a cabo con los tres primeros toros, lo cierto y verdad es que nos aburrimos como ostras mientras Ponce se empeñó en bajarle la cabeza al primero, Manzanares en exprimir con ahínco, sitio y mucha decisión al muy tardo segundo, y Perera en eternizarse con el tercero ora equivocado por su mal lado derecho, ora acertado al natural, ora nuevamente equivocado a derechas y finalmente encimista con la zurda. Los tres fallaron a espadas - sobre todo Ponce que pegó dos metisacas infamantes - y escucharon un aviso. Este rollo macabeo, sin embargo, quizá hubiera terminado con una oreja para cada uno si hubieran matado con prontitud y acierto. Pero como no lo consiguieron, un grupo de muchachos en cueros vivos que había en las gradas altas de sol, nos dieron la lata cantando el ya inaguantable y futbolero "A por ellos oooooé, a por ellos ooooé…".
Por fortuna, tras la merienda cambió la decoración. Mejoró el material bovino y a fe que nos divertimos. Muy blandito pero también muy dócil el cuarto toro, Enrique Ponce se esmeró cuidándolo en los dos primeros tercios y, a sabiendas de que podría lucirse, lo brindó a la parroquia.
La faena del valenciano podemos clasificarla dentro de su numerosísima colección de las inventadas que Enrique enjareta con la facilidad que le distingue cada vez que se tropieza con semejantes animalitos. Esto es, pura filigrana sobre ambas manos, sin pasarse en intensidad ni en hondura para que el animal no se rompa, maravillosamente espaciada mediante pasos de ballet, dulce retórica en los cites, salidas y mutis vendidos cual bisutería de la fina y amorosas aunque desafiantes miradas al tendido con ese gesto de a ver si os enteráis de lo que voy a hacer y no os lo perdáis porque va a ser glorioso.
Puro y delicioso chantillí que los alicantinos tomaron como si fuera un retablo rococó. Y un bajonazo. Lo que no importó para que se pidiera la segunda oreja que el presidente, en justicia, no concedió por lo que a Ponce le obligaron a dar dos vueltas al ruedo. En mi apreciación más personal de reconocido poncista prefiero ver a mi torero delante de otros toros más serios y con más que torear, con más que someter y dominar que en estos inventos preciosistas. Pues eso.
Quien sí me gustó a tope fue el joven Manzanares. Tenía muchas ganas de meter de nuevo los dedos en la yaga de su renovada situación porque no le veía desde su gran tarde en la feria de Sevilla y temiendo que los avatares de su repentino cambio de apoderamiento le hubieran desequilibrado mentalmente, me satisfizo enormemente comprobar que su recuperación es absoluta. Las naturales dotes de Manzanares hijo no se pueden desperdiciar y como el único que puede conseguirlo es el propio toreo mediante la vocación y el sacrificio, celebré junto a toda la plaza sus lances de recibo al quinto y su hermosa, creciente, vibrante y arrebatadora faena - casi toda ella por redondos y enormes, clamorosos pases de pecho - en la que a la fibra del gran toreo añadió el sentimiento de un gran artista. Otro bajonazo como el de Ponce le privó de cortar una merecida segunda oreja. Pero la vuelta fue clamorosa y Jose Mari más contento que unas pascuas.
Y, ¿qué decir finalmente de Miguel Ángel Perera con el feo sexto de Pérez Taberbero?. Pues que parece perseguirle la negra. Es que no hay manera de que le cambie la suerte. Padece la moneda contraria del El Cid. Si al de Salteras le tocan todos los toros buenos, a Perera le caen todos los malos. Increíble destino que el muy alto mozo de Badajoz soporta lo mejor que puede sin desfallecer en su propósito de levantar cabeza. Lo que pasa es que lo intenta tan triste y tan secamente que aburre hasta las vacas. Hay que alegrarse y sonreir un poco, aunque solo sea un poquito, por favor. Que torear no es ir a un funeral. Señor, Señor: hazme bueno, pero todavía no.