FERIA DE ALBACETE

José Antonio del Moral

IRONÍAS DEL DESTINO

LA CORRIDA DE NUÑEZ DEL CUVILLO QUE ENRIQUE PONCE NO ACEPTÓ PARA LA QUE HUBIERA SIDO SU ÚNICA ACTUACIÓN EN LA FERIA MANCHEGA, RESULTÓ UNO DE LOS MEJORES ENCIERROS DE LA TEMPORADA. PESE A LA OREJA QUE DE TRES DE LOS SEIS TOROS LOGRARON ANTÓN CORTÉS, SERAFÍN MARÍN Y EDUARDO GALLO, EN MAYOR O MENOR MEDIDA DESAPROVECHARON UNA LUJOSA OPORTUNIDAD AUNQUE EL DIESTRO CATALÁN PERDIÓ LA PUERTA GRANDE POR PINCHAR SU SEGUNDA FAENA

Plaza de toros de Albacete. 13 de septiembre de 2005. Cuarta de feria. Tarde radiante tras llover en abundancia y tres cuartos de entrada con aspecto de casi lleno. Seis toros de Nuñez del Cuvillo, casi todos cinqueños, muy bien aunque desigualmente presentados y muy nobles en distintos grados de bravura y de casta. Por más completos, destacaron segundo, cuarto y sexto que, inexplicablemente, no fueron premiados con una merecida vuelta al ruedo. El segundo, incluso podría haber sido indultado de caer en manos más sabias. El primero manseó pero fue muy noble por el lado izquierdo. Asimismo noble el tercero, embistió calamocheando y se rajó. Y magnífico el quinto aunque solo por el lado derecho. Antón Cortes (verdina y oro): pinchazo y estocada baja, silencio. Buena estocada, oreja. Serafín Marín (perla y oro): Pinchazo y estocada tendida, oreja. Pinchazo, otro hondo, dos pinchazos más y tres descabello, aviso y ovación. Eduardo Gallo (grana y oro): Estocada bajísima y envainada que hizo guardia, dos descabellos, pinchazo y estocada trasera atravesada, silencio. Estocada trasera caída, oreja.

Como sin duda se acordarán los lectores, esta corrida de Nuñez del Cuvillo fue el cuerpo del supuesto delito que esgrimieron Enrique Ponce y su suegro, Victoriano Valencia, para quedarse fuera de la feria de Albacete. Según la versión del matador y mayor interesado en el conflicto, la corrida de marras con la que la empresa Chopera le anunció sin consultarle tras haber pedido otra de Daniel Ruiz que le gustaba más y no le dieron, no era de recibo para una máxima figura por su muy fea presentación, lo que sugería que apenas daría juego. Cuestión que, para colmo, compartían los ganaderos quienes alertaron a Ponce de que no la aceptara, sin duda para mantenerse congraciados con el valenciano que este año y por fin les había matado varias corridas con mucho éxito tras varias temporadas sin querer ver a los "cuvillos" ni en pintura. Pero quien verdaderamente provocó las ausencias de Ponce en la feria manchega y, sucesivamente, en los otros dos importantes ciclos septembrinos de Valladolid y Salamanca, fue Victoriano Valencia por intentar imponer a su otro poderdante, Miguel Abellán, a costa de inexplicadas e inexplicables cesiones de su siempre bondadoso y tragón yerno. Negada la empresa de los Choperas Chicos a la presencia de Abellán en Albacete, finalmente le contrataron cuando Valencia aceptó que Ponce no matara los toros de Daniel Ruiz, previamente destinados para "El Juli" en otro cartel. Negado finalmente Ponce a torear en Albacete tras no pocas y confusas declaraciones de ambas partes, quien sí actuó fue Miguel Abellán y no quien, a la postre, ha sido la única gran víctima de las incalificables maniobras de su propio suegro, cayendo por ello en unos precedentes que el gran torero pagará muy caros en sus contrataciones de la próxima temporada.

Pero mira por donde que tanto lío tendrá – espero – serias consecuencias a raíz del extraordinario juego que ayer dio la corrida objeto de la disputa en irónica pirueta del destino porque quienes pudimos ver y gozar con estos toros no dudamos que, de haberla toreado Ponce, hasta podría haber indultado un par de toros.

Corrida realmente memorable fue la de Nuñez del Cuvillo en Albacete y ello a pesar de lo muy por bajo de la misma que anduvieron los que la mataron. Ni siquiera Serafín Marín, único de la terna que logró entusiasmar a los espectadores. Para el catalán fue el segundo y mejor toro del envío al que toreó bien con firmeza, temple e intensidad sobre ambas manos pero insuficientemente porque cuando decidió dar fin a la faena aún le quedaban dentro al toro tantos o más muletazos que los que ya le había pegado. Oreja a toro de rabo. Otra más podría haber cortado Serafín del muy serio quinto si le hubiera matado pronto y bien.

Y para qué hablar de los otros dos alternantes. Antón Cortés no se atrevió con el cornalón que abrió plaza pese a la claridad de su pitón izquierdo y cortó la oreja al cuarto por la buena estocada con que cerró una faena sencillamente vulgar frente a un animal de vacas. Muy torpe y aturdido por su parte el salmantino Eduardo Gallo con el rajado tercero, su faena al sexto fue la menos mala que le he visto este año. No obstante y aunque anduvo bastante más templado y quieto que de costumbre, tampoco anduvo a la altura de otro toro de campeonato.