José Antonio del Moral

INEXCUSABLE CITA EN ALBACETE

EL JULI, EN FIGURÓN. INTRATABLE CASTELLA. Y TALAVANTE, PEOR

Plaza de toros de Albacete. 13 de septiembre de 2006. Hay corridas que no se pueden perder y una de ellas fue la que comento de la feria de Albacete. Muchos debieron pensar lo mismo porque allí se dio cita todo el mundo taurino - es un decir, claro - para no perderse lo que, en definitiva, ocurrió. Se trataba de comprobar hasta donde llegaba el valor de Alejandro Talavante en su comprometida apuesta de actuar junto a El Juli y a Sebastián Castella delante de una corrida de toros de verdad - Fuente Ymbro - en plena batalla entre ambos por el trono del toreo, con permiso de Ponce que esa misma tarde actuaba en Murcia dos días después de haber indultado a un bravo ejemplar de Zalduendo tras sensacional faena que yo me perdí por no padecer a su lado a los siempre favorecidos por la suerte, Pepín Liria y El Cid. Acerté de pleno porque a Liria hasta le chocó haber logrado indultar otro toro después de lo que había hecho Ponce y El Cid salió a hombros con los dos.

Pero vayamos con el triple duelo de Albacete. Decir primero que la corrida fue una de esas en las que cuanto ocurre es de verdad, sin trampa ni cartón en la inevitable variedad de un lote tan serio como desigual. Y después, que por el juego que dieron los toros, la suerte favoreció a Castella, no tanto a El Juli y menos a Talavante aunque digamos enseguida que tanto su pésima cuadrilla como él lidiaron muy mal a sus dos toros - el sexto un sobrero gigantesco de Daniel Ruiz Yagüe - con lo que las condiciones de sus oponentes empeoraron irremediablemente en vez de mejorar.

Sin embargo fue la actitud de los tres la que resaltó más, incluso, que sus respectivas y excepcionales aptitudes. Empezando por la impresionante demostración de El Juli quien, en pleno disfrute de su gloria, fue capaz de remontar física y anímicamente la tremenda cogida que le propinó el primer toro y llevar a cabo luego una faena de sobresaliente destreza e incuestionable entrega que cerró con un estoconazo hasta las cintas. Eso es ser un figurón del toreo, sí señor. Siguiendo por Sebastián Castella que, una vez más, se mostró como viene este año, irresistible, imparable, arrollador con la sola mácula de un feo espadazo que limitó la redondez de su inigualable labor. Y terminando por Alejandro Talavante que, sobre todo por quieto de pies, pudo haber igualado en oreja a sus colegas de haber matado a la primera y no a la sexta, no obstante observarle un inquietante cambio en sus maneras y en su plan de acción, más parecidos por colocación y falta de temple a lo que José Tomás le hacía a los toros cuando le llegó el declive profesional que al genial Talavante que no hace mucho nos deslumbró.

La segunda parte del festejo decidió la inapelable victoria de Sebastián Castella con el mejor toro de la tarde, un quinto con clase por el pitón derecho, con el que el espada francés realizó un trasteo colosal por formidablemente cercano, templado intenso que, además, terminó con muy buena estocada. Las dos orejas sumada a la que ya había cortado del segundo toro fueron tres y la victoria.

Antes, con el muy parado y probón cuarto, El Juli volvió a ser el profesor solvente, firme y serio que nunca pierde los papeles. Y después, con el soso, gigantesco y cornalón sexto de Daniel Ruiz, Talavante se perdió en una inútil porfía que no llegó a ninguna parte y ni siquiera emocionó. No sé. No sé. Pero a este torero le vi cambiado a peor.