José Antonio del Moral
FERIA DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS EN LIMA (PERÚ)
FORMIDABLE JOSÉ ANTONIO CAMPUZANO, VALENTÍSIMO VICENTE BARRERA Y ASOMBROSO SEBASTIÁN CASTELLA EN UN POR LO DEMÁS DECEPCIONANTE FESTIVAL
Lima (Perú). 31 de octubre de 2005. Hoy ni siquiera caben la reseña y aún menos la crítica sino el más simple y limpio comentario sobre el festival benéfico que compuso el tercer festejo de la feria del Cristo Morado. De noche, con los encendidos focos que mal iluminaron el bello recinto de Acho y con media entrada muy repartida mas como siempre ilusionada por ver si los actuantes lograban lucirse, divertirse, hacernos gozar con amplitud de miras y tras un bonito prólogo a base de sendas exhibiciones del famoso baile de la marinera seguido del suave galopar de los caballos de paso que barrieron la arena, hicieron el paseo en pos de un bello y altruista propósito nada menos que José Antonio Campuzano, "Espartaco", Enrique Ponce, Vicente Barrera, Sebastián Castella y Fernando Roca Rey que en el último momento compareció para sustituir al anunciado y también peruano Juan Carlos Cubas. Y, en chiqueros, seis novillos lógicamente de desecho de tienta y cerrado – como se decía antes en los carteles anunciadores de esta clase de eventos – de la ganadería empresarial propiedad de don Roberto Puga.
La mucha y muy segura esperanza que había sobre el juego del ahora mejor ganado de bravo americano, se trocó en muy desgraciada decepción por lo que respecta a tres de los seis ejemplares lidiados y si, me apuran, a cuatro porque salvo el que abrió plaza y el quinto, no dieron el juego que suelen y que todos apetecíamos que dieran, sino un extraño proceder que lindó con lo radicalmente deslucido cuando no con lo imposible y hasta con lo peligroso al punto de poner en muy serios apuros a cuatro de los actuantes. "Espartaco", que vino para torear en Acho a los 22 años de haberlo hecho por última vez, las pasó moradas para hacer que le pasara el segundo. Lo mismo que Ponce con el tercero, magistral aunque otra vez más sin poder consumar todo lo que creímos iba lograr a poco que su novillo le ayudara algo y a sabiendas de que seguramente será la última vez que le vean en Lima. No digamos Vicente Berrera que, valentísimo, terminó cogido y terriblemente revolcado hasta sufrir un tremendo palizón por lo que cortó una oreja tras matar con notoria y admirable decisión. Y el este año por lo visto inevitable Fernando Roca Rey que, con un sexto en absoluto fácil, reeditó lo que viene demostrando en esta su desgracia feria más particular.
Sin embargo, tantos y tan inesperados sinsabores, quedaron sobradamente compensados con la formidable actuación de José Antonio Campuzano frente al encastado y muy pegajoso novillo que abrió la noche hasta el punto de mostrar lo gran torero que fue – mejor, mucho mejor de lo que algunos pensaron de él cuando estuvo activo – y que ayer siguió siéndolo con el temple, la enjundia y la privilegiada clase de un elegido que, además de tener la suerte de haber podido decir su definitivo adiós profesional nada menos que en la histórica plaza de Lima, por cierto muy cicatera al premiarle con una sola oreja, tuvo también la satisfacción, compartida con cuantos allí estábamos, de ser el testigo más cercano de la asombrosa demostración de su pupilo y casi hijo, Sebastián Castella, frente al novillo más cuajado y no tan fácil como pareció en sus manos. Y es que la seguridad que Castella tiene ahora en sí mismo es tan aplastante que hasta parece imposible. Por eso domina a los toros con mirarlos. Y lo que les hace desde un lugar tan comprometido o más que el de los que más se han arrimado en el toreo y más quietos se hayan quedado sin pestañear lo más mínimo, supera lo insuperable. Así anunció lo que podrá hacer esta tarde: más que ayer pero menos que mañana. Castella le cortó las dos orejas al sexto toro tras matarlo como mandaban los cánones.