IV DE LA FERIA DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS EN LIMA

LA ESPADA PRIVÓ DE OREJAS A BARRERA Y A JIMÉNEZ

POR ENCIMA DE UN VARIOPINTO Y DESLUCIDO LOTE DE RESES MEXICANAS, AMBOS LE ECHARON GANAS Y RESULTARON REVOLCADOS MIENTRAS EL PERUANO ANÌBAL VAZQUEZ NAUFRAGÒ EN SU CONFIRMACIÒN DE ALTERNATIVA CON DOS RESES MUY PARADAS DE LA GANADERÌA DE SU PROPIO PADRE

Lima. Plaza de Acho. 30 de noviembre de 2003. Cuarta de feria. Tarde soleada y calurosa con menos de media entrada. Se lidiaron toros de tres hierros, sobrados de volumen y desigual encornadura con un segundo terciado. Dos de "Los Martìnez", noblote el que hizo de segundo y con violento genio el sexto. Dos de Marrón, manso sin paliativos el tercero y manejable aunque gazapòn el cuarto. Dos del campo peruano de "Pallàn" que llegaron parados a la muleta. Vicente Barrera (rojo pimentòn y oro): Pinchazo y estocada, ovaciòn. Seis pinchazos y once descabellos, dos avisos y silencio. Anìbal Vàzquez (marino y oro): Pinchazo y màs de media caìda, palmas. Seis pinchazo y descabello, silencio. Cesar Jiménez (marfil y oro): Estocada baja, aviso y silencio. Pinchazo saliendo rebotado y ligeramente conmocionado por el golpe, estocad travesada que hizo guardia y dos descabellos, gran ovación.

Confirmaba la alternativa el peruano Anìbal Vàzquez y eligiò hacerlo con los dos toros que le enviò su padre. Curioso "privilegio" que terminò en la nada a costa de lo parado de ambas reses mientras los compatriotas del ya maduro espada empujaban mentalmente a los cornùpetas por ver si el paisano lograba meterles en cintura, ardua cuestión que no consiguió Anìbal, ciertamente poco dotado para tal empresa. Con el primero sòlo pudo dar algún pase suelto y con el quinto menos aùn y, además, sin firmeza. Cubierto el tràmite de la ceremonia, el ya doctorado no le devolvió los trastos a su padrino Vicente Barrera y èste tampoco advirtió del olvido su ahijado, pero el aquì muy querido valenciano anduvo a sus anchas. Deseoso de repetir el triunfo de su primera tarde, Barrera se estirò con el capote en el recibo, perdiò el equilibrio al quitar por navarras, metió pronto en la muleta al burel, consumò redondos templados que cosiò a los de pecho, reeditò naturales cosidos a pectorales sin enmienda de terrenos por lo que sufrió un serio revolcón al insistir de tal guisa por cuarta vez, y al pinchar antes de agarrar un buen espadazo, perdiò una primera oreja. Otra o quizà las dos del cuarto perdiò tambièn Vicente tras fallar estrepitosamente con los aceros después de una faena realmente valerosa en la que otra vez resultò cogido el valenciano, constantemente apoyado por el pùblico y por ello estimulado en su labor hasta lograr reverdecer sus tardes màs felices como matador de toros en España. Fue por ello lamentable que tardara tanto en matar al toro que a poco estuvo de regresar vivo a los corrales.

Muy mala surte tuvo Cesar Jimènez con el mansìsimo tercero al que apenas pudo lucir aunque se empeñò el la tarea con no poco esfuerzo, mantenido y acrecentado con el sexto que, por su violento e incierto embestir, resultò un animal importante y trascendente. Toro de dura prueba para Cesar , encajada con determinación por el joven matador aunque le costò pisar lo terrenos màs comprometidos y mantenerse firme. Había que jugársela y Jiménez lo hizo desde el inicio del trasteo genuflexo y, de inmediato, en los medios por redondos hasta resultar cogido con la emoción subsiguiente, saliendo ileso del trance gracias al oportuno quite de su peòn "El Poli". Mantenida la tensión de la faena hasta el final, Cesar pinchò en el primer envite con la espada, atravesò al toro en su segunda agresión y doblò con el descabello, perdiendo trofeos pero no su honor ni la gran ovación que le tributò el pùblico antes de pasar la enfermerìa donde fue atendido de un varetazo corrido y de la paliza que acababa de recibir. Tarde, pues, interesante aunque ayuna de las orejas que tanto reconfortan a los públicos màs ingènuos y fáciles