TEMPORADA 2002 José Antonio del Moral
PONCE VUELVE CON EL SITIO INTACTO
Valladolid. Plaza del Paseo Zorrilla. 11 de mayo de 2002. Primera de la feria de San Pedro Regalado. Tarde nublada con media entrada. Siete toros de "Alcurrucén" incluido el sobrero que reemplazó al cuarto, devuelto por terciado y flojo. Desiguales de presencia y de juego, destacaron por su nobleza el tercero, el quinto - fue el mejor por más bravo - y el sexto. Enrique Ponce (turquesa y oro): Media estocada tendida, ovación. Pinchazo, otro hondo y descabello, aviso y gran ovación. David Luguillano (avellana y oro): Pinchazo, estocada atravesada y cuatro descabellos, aviso y pitos. Pinchazo hondo y seis descabellos, aviso y ovación. "Finito de Córdoba" (blanco y plata): Seis pinchazos, y descabello, aviso y silencio. Estocada caída, petición insuficiente y ovación.
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Enrique Ponce reapareció en Valladolid a los 27 días de recibir su grave cornada en Sevilla como si nada le hubiera ocurrido. El público le tributó una cariñosa ovación tras hacer el paseíllo y el torero saludó desde el tercio muy agradecido. Hasta Valladolid llegaron todos los miembros de su familia, casi todos sus amigos y muchos de sus seguidores. Había cierto morbo e interés por ver cómo reaccionaba porque nunca había sido herido de gravedad - las otras cornadas que sufrió en México y en Lorca carecieron de importancia - y para comprobar si el percance le había restado algo o todo el sitio. Suele ocurrir y, en el caso de Ponce, despejar la incertidumbre sobre su estado físico y mental ante el toro fue la noticia más esperada de la jornada. Por eso preferimos ser testigos directos del regreso a los ruedos del gran torero y perdernos la primera corrida de la feria de San Isidro. Ponce no tuvo ninguna suerte con los toros que le correspondieron en el sorteo y, precisamente por tener que enfrentarse a dos reses muy difíciles, la prueba tuvo mayor importancia y resultados más valiosos aunque no lograra triunfar. Su primer toro tuvo muchas dificultades y Ponce tapó todas. Emplazado de salida, no dejó a sus peones que lo fijaran y salió a pararlo en los medios aguantando todos los arreones que le pegó. A la muleta llegó muy corto de viajes y metiéndose por los dos pitones. Ponce lo afrentó con su firmeza, inteligencia y temple habituales y lo mató con fácil decisión. Con el sobrero, un "armario" basto y altón, sin movilidad ni un ápice de raza, se inventó una faena inverosímil después de que el toro no se dejara banderillear por lo muy alta que llevó siempre la cara y lo mucho que esperó a los peones. Ponce le sacó pases por los dos lados y hasta se fajó jugándosela entre la admiración de los espectadores que le ovacionaron en pie. Al no humillar, solo puso enterrar medio acero al segundo viaje y terminó con el toro con el descabello.
David Luguillano tampoco tuvo suerte con el segundo con el que pegó un petardo pero sí con el quinto, un gran toro que aprovechó a su modo con capote y muleta en una faena muy celebrada por sus paisanos aunque por bajo de las excelentes condiciones del animal, perdiendo el triunfo y la gran oportunidad con la espada y el descabello. Una pena porque el toro fue de revolución. "Finito" se llevó el mejor lote en conjunto y nos deleitó con su arte, desgranado en tandas sobre ambas manos de gran porte, mucho relajo y buena técnica, pero al tercero lo mató de varios pinchazos echándose fuera y al sexto de un espadazo muy caído por lo que perdió la oreja de cada uno y una salida a hombros.