TEMPORADA 2002 José Antonio del Moral

LOS "MILAGROS" DE NIMES

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Triunfal alternativa de Cesar Jiménez con "El Juli" en su sitio y Ojeda al fin en el suyo. "Capote de Oro" para Fernando Cruz e "ido" Manzanares Jr en la novillada matinal. Y magnífica corrida de Iban para Antonio Ferrera que salvó los muebles actuando en solitario

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Viajar hasta Nimes hace años era una aventura. Ahora se cubre el viaje con avión y coche en relativamente poco tiempo y la llegada a la antigua capital romana del Mediterráneo francés resulta tan grata como siempre. Únicamente la lluvia molestó con insistencia, pero no impidió la celebración de los tres festejos taurinos programados con motivo de la festividad de la Ascensión para una miniferia antesala de la ya tradicional llamada de Pentecostés que este año cumplirá su cincuentenario en uno de los escenarios más singulares e importantes del toreo mundial: El coliseo romano que centra y motiva la ciudad gala.

La empresa Casas-Patón, que esta temporada inaugura gestión privada, había diseñado un atractivo e intenso banquete formado por un aperitivo matinal en plan de becerrada, una corrida de toros para un espada muy querido en Francia que actuó en solitario y un atractivo cartel de novilleros punteros como prólogo asimismo matinal de la gran cita: la alternativa de Cesar Jiménez con Paco Ojeda de padrino y "El Juli" de testigo.

Los malos presagios metereológicos se cumplieron solo en parte y entre paraguas e impermeables aguantamos los chaparrones. La lluvia, en efecto, restó mucho público en los tres primeros festejos y consecuentemente diezmó las arcas de la taquilla pero se tiró p´lante como correspondía a la personalidad de Simón Casas, el más romántico e imaginativo empresario taurino de todos los tiempos. Y como la combinación resultó a la postre tan fructífera ganadera y artísticamente hablando, cuantos fuimos testigos del evento sacamos la conclusión de haber asistido a un milagro. Los milagros de Nimes, por otra parte frecuentes, desde que Casas regenta de una manera u otra estas "arenas" bimilenarias.

En esta última ocasión, los "milagros" fueron ver embestir en dos días más toros que en toda la pasada Feria de Sevilla, gozar con el triunfo de un novillero español que casi nadie ha visto en su patria, Fernando Cruz, y disfrutar a tope aunque mojados de un gran espectáculo en el que triunfaron los tres protagonistas, sobresaliendo por inesperado y la situación límite que padece el que obtuvo Paco Ojeda que reaparecía en el escenario más determinante de su ya lejano "imperio". Aunque solo fue con un toro, el reencuentro con el Ojeda añorado, con el Ojeda de la quietud pasmosa e impertérrita, fue entre los demás, el milagro más celebrado por propios y extraños. Y aunque extraños había pocos, anotar el largo abrazo que se dieron José Luis Marca y el padre de "El Juli" tras cortar el sanluqueño la oreja más valiosa y, desde luego, más necesitada. Fue el cuarto de una corrida de "Torrealta", el mejor lote que hasta el momento ha lidiado este año la ganadería gaditana, con el que a Ojeda no le cupo otro remedio que esforzarse hasta límites angustiosos. Había pegado un descomunal petardo con el muy molesto segundo toro, empeorado tras la pésima lidia que recibió y, ya de capa, se abrió Paco más que dispuesto hasta brindar una faena en la que no hubo toreo largo ni apenas templado pero sí una determinación absoluta para quedarse siempre en el sitio donde inició cada tanda. Lo suyo. Lo nuestro. Lo que nos enloqueció desde que se lo vimos hacer la primera vez en Algemesí siendo novillero. La plaza estalló como un resorte en ovaciones porque muchos de los que estaban en Nimes reverdecieron sus imborrables recuerdos ojedistas pues no ha habido otra plaza en todo el mundo que haya visto más y mejor al genio de las marismas. Esta reivindicación de su propia tauromaquia le costó a Ojeda más que nunca, única objeción que puedo poner a su inmediato futuro porque va a ser muy difícil de repetir allí donde acuda salvo en las plazas de menor compromiso, donde el toro es medio toro y los pitones no inquietan… Sin embargo, el respiro o más bien suspiro triunfal de Ojeda en Nimes le salva, por el momento, de una situación francamente desesperada. Loado sea Dios.

Y loado sea también porque al milagro ojedista precedió un importante faenón de "El Juli", la amable oreja que cortó Cesar Jiménez al toro de su doctorado a la que sucedieron las dos que premiaron su faena al sexto, resumen y compendio con capote, muleta y espada de cuanto venía anunciando de novillero. Que estamos ante un auténtico guerrero disimulado por su aspecto tranquilo y sus formas elegantes, pero que atesora armas y bagajes más que suficientes para participar en las batallas que se van a librar en la primera fila del toreo contemporáneo. Así que, nada de desilusiones ni de lloros por lo de Madrid con la novillada de "Fuente Ymbro", sino esperanzas fundadas en la más esplendorosa de las realidades. Otro de los acontecimientos de esta miniferia fue la magnífica corrida de los herederos de Baltasar Ibán que se lidió la víspera de la Ascensión. Cinco de seis y tres de escándalo. Bravos, encastados y nobles. La ocasión se le pintó clara a quien iba destinado el envío, Antonio Ferrera, pero aún admirando el gesto que suponía encerrarse en solitario e incluso celebrando que le cortara una oreja a cuatro - pudo cortar la del sexto si no falla con la espada - el matador extremeño no anduvo a la altura ideal. Sí a al suya de gran y variado banderillero, entusiasta capoteador y vulgar muletero pero desgraciadamente por bajo de cuanto necesitaba para ascender más peldaños.

Y en cuanto a la novillada - desigual en todo y más mala que buena aunque dos de los ejemplares del dúo ganadero "Joselito"-Martín Arranz "sirvieron" - una alegría y un disgusto: La alegría que dio pese a su percance al entrar a matar mal Fernando Cruz con su manera de hacer y decir el toreo con personalidad, firmeza y temple de elegido, y la que padecimos viendo a José María Manzanares hijo quien, sin ninguna suerte con su lote, no se pareció ni por el forro al fabuloso novillero que vimos en Olivenza y Castellón. Algo que le rondaba por la cabeza le alejó del único tema que le debería importar y preocupar: él mismo como hombre y como torero en ciernes por encima de todo lo demás aunque resulte muy duro asumirlo con todas sus consecuencias.