TEMPORADA 2002 José Antonio del Moral

"FUENTE YMBRO" O EL REENCUENTRO DE LA CASTA PERDIDA

Los matadores de toros y sobre todo las figuras que hace años lidiaron los primeros cuatreños de la ganadería llamada "Fuente Ymbro" empezaron a quejarse de lo "molestos" que eran pese a los triunfos que propiciaron a algunos. Claro, les molestaban los problemas inherentes a la casta acrecentados con la edad adulta. Esos problemas que obligan a someter embestidas en principio ariscas y que, únicamente cuando se corrigen y dominan con inteligencia, firmeza y valor, desembocan en lo que algunos llaman desde hace tiempo "raza", que no es otra cosa que la acometividad positiva, incansable o duradera. Conseguir esto es el verdadero toreo, últimamente más apreciado por su expresión que por su fondo. Pero el toreo primero deber ser el dominio de la fiera y luego todo lo demás. Precisamente por tanto insistir y premiar esas demasías, los toreros más importantes han ido exigiendo a sus amigos criadores que lo que quieren es disfrutar toreando, pasarlo bien. En definitiva, hacer el toreo ideal sin derramar una sola gota de sudor y, por supuesto, sin sentir el más mínimo miedo. "Que no molesten aunque no embistan y, si embisten, que lo hagan con mucha fijeza en los engaños y con clase".

!Ah, la clase! : esa especie de "santo grial" que buscan casi todos los ganaderos para que los toreros más importantes no se nieguen a matar sus corridas y continúe el negocio. Pero la clase de verdad no es la que prefieren los toreros, la clase auténtica es la que dimana de la bravura. Y como ésta depende de la casta, ni no hay casta no hay clase por mucho que algunos pretendan vendernos la burra ciega de otra especie de clase: la obediente borreguez de los bovinos.

En el largo peregrinaje en pos de la tan manoseada clase, a los ganaderos se les ha ido tanto la mano que si sale uno con clase, se derrumba - "es que los buenos se entregan, los malos nunca", suelen decir - y si no la muestran, se paran. Aunque en lo de pararse también tiene que ver el exceso de presencia en alzada y peso en nada parecidos a lo que en tiempos fue lo que algunos llamaban toro de "campo" o, mejor dicho, toro "silvestre".

Aparte la progresiva perdida de la casta y la masificación en la crianza del producto básico debido a la enorme demanda, el tamaño exagerado de las reses y su mayor edad - exigida desde que se obligó a herrar a los añojos con el último guarismo del año de su nacimiento para identificar la fecha exacta del mismo - han sido los otros dos grandes errores que nos han llevado a la situación alarmante en que anda metida la cabaña de ganado bravo. Cuatro razones fundamentales, pues, que hay que corregir urgentemente si queremos que la Fiesta sea además de un espectáculo de moda una fiesta de verdad por más inquietante, por más emocionante.

Cada vez que digo esto, algunos compañeros se echan las manos a la cabeza y contestan diciendo que el público está demasiado acostumbrado al toro grande ande o no ande y que sería imposible regresar a lo que el toro fue hace 30 años: Reses en tipo, con casta y con cuatro años de edad sin pasarse ni un milímetro. El ahora llamado y muchas veces anunciado "novillo-toro", es el novillo que lidian los mejores novilleros en los festejos de postín. Y el que debidamente elegido por más cara y por tanto con más trapío, el que mataban las figuras de los años 50 y 60, las dos décadas más importantes y prolíficas de la historia del toreo. Nunca hubo tantas figuras de primera ni tantos toreros buenos de segunda - los de tercera apenas toreaban y los de cuarta casi nunca - ni jamás se vieron embestir más toros ni, por consiguiente, más corridas completamente triunfales, sin que faltaran las cornadas, desde luego bastante más numerosas que las que ahora sufren los coletudos. Si ese novillo-toro de lujo con casta y con pitones que comento fuera el que se lidiara actualmente en las mejores corridas de las grandes ferias en vez del mastodonte que nos hemos inventado e impuesto, otro gallo cantaría. ¿ Se imaginan ustedes qué le habrían cortado Ponce, "El Juli", "Finito", "Morante", Caballero, Abellán, De Mora y hasta José Tomás a los novillos que el pasado domingo lidió en solitario Cesar Jimenez … Y a los de la misma divisa que se lidiaron en Nimes y en las Fallas ?. La misma cantidad de orejas o quizá más que en su tiempo cortaban los Dominguín, Ordóñez, Camino, Puerta, "Viti", "El Cordobés" y cuantos integraban el alto escalafón de matadores. O es que lo que mataban entonces no eran toros ?. "No - dirán algunos - eran utreros; adelantados, pero utreros".

Bueno, pues aunque a algunos les parezca una barbaridad, a esto es a lo que hay que volver: Primero y de modo irrenunciable a la casta, segundo al tipo ideal de cada ganadería, tercero a la edad en que los animales embisten con más vigor aunque lo hagan con más ingenuidad, y cuarto a que los toreros lo acepten por narices. Pues son muchos los que, a pesar de todo, andan muy a gusto con lo que ahora matan aunque no paran de quejarse. Hasta más de uno tendría que marcharse empezando por los muy veteranos que todavía aguantan o acaban de reaparecer y mucho antes los que el año pasado se retiraron en olor de multitud como Curro Romero y "Antoñete".

Las novilladas de "Fuente Ymbro" que acabamos de ver lidiar esta temporada (lo más puro de "Jandilla" que distingue la rama actualmente dominante en el campo español de "Vistahermosa" que cuidan con sinceridad y enorme afición Ricardo Gallardo y Borja Domecq) son el ejemplo más vivo de cuanto acabo de afirmar aunque les duela a los que las mataron y mucho más a los que ya no quieren verlos, sobre todo si pasan de los cuatro años… Algo que en los tiempos de "platino" casi nunca ocurría y lo que, tras ser corregido al alza, fue dando paso al aburrimiento a plaza llena con público de relumbrón. El famoso e inevitable "acto social" de las grandes ferias o lo que yo he dado en llamar el "éxito del fracaso" que puede acabar, si no ponemos remedio, en progresiva deserción.

De todas maneras, hay hechos que se han de reflejar porque son absolutamente demostrables: Mientras en las plazas tenidas por más importantes el público viene aburriéndose desde hace varios años en la mayoría de las tardes, en las de segunda se divierten más.

¿ Por qué en Valencia, Sevilla, Madrid, Pamplona, San Sebastián, Bilbao y Zaragoza apenas hay triunfos y si se producen es por pura lotería, mientras que en Granada, Almería, Alicante, Jerez, El Puerto, Albacete y en otras por el estilo no pasa feria sin que las figuras salgan a hombros en casi todas sus corridas?. Porque los toros que se lidian en esta últimas se parecen más a los que he puesto como ejemplo que a lo que se compra e impone en las plazas de primera. ¿O no?.