TEMPORADA 2002 José Antonio del Moral

LAS PLAZAS PÚBLICAS Y LAS PRIVADAS CHOCAN EN FRANCIA

Hasta no hace mucho, la mayoría de las plazas de toros francesas - casi todas propiedad de los respectivos ayuntamientos de las ciudades donde radican - eran gestionadas más o menos directamente mediante un procedimiento que fue dado en llamar y aún siguen llamando "plató". Esta gestión consiste prácticamente en que empresarios españoles con acreditada solvencia sirven el producto - toros y toreros - que les reclaman los encargados o funcionarios galos, siempre de común acuerdo entre las partes y, por supuesto, debidamente controlados mediante consultas a una "comisión taurina" compuesta por representantes de las peñas, clubs taurinos, aficionados de prestigio de cada ciudad, quienes, asimismo, suelen indicar correcciones o emitir censuras a posteriori. Tal entramado se reúne en una comisión de carácter nacional que se llama "Unión de Ciudades Taurinas", organismo que periódicamente dicta normas de obligado cumplimiento para todos en casos de conflicto grave: incomparecencias o incumplimientos de contratos por parte de los toreros, descubrimiento de manipulaciones en las astas de los toros lidiados o de alteraciones en el marcado de hierros… Los alcaldes y (o) sus representantes taurinos tomaban acuerdos o dictaban sanciones cuando correspondía, generalmente traducidas en "veto" para los infractores en todas las plazas francesas cuando alguien se saltaba las normas, independientemente de que cada plaza soliera tomar la decisión aislada de no contratar durante varios años a los toreros o a los ganaderos que reincidieran en fracasos o en enviar reses de pésimo comportamiento. Procedimiento más efectivo que el de las sanciones y multas económicas que contemplan los reglamentos españoles, a la postre recurridos y, finalmente, inútiles. Pero a medida que algunos cosos franceses han ido abandonando este modelo para convertir la gestión pública en privada mediante concursos, como es el caso de plazas tan importantes como Arles y Nimes, algunos de estos castigos acordados por la mencionada "Unión de Ciudades Taurinas" no han sido asumidos por las plazas gestionadas privadamente y el choque ha sido inevitable. Así, las últimas sanciones acordadas para varias ganaderías españolas por haber manipulado las astas de algunas reses en la pasada temporada, han sido anunciadas de nuevo para la que acaba de comenzar sin atender al veto general propuesto. El conflicto entre la gestión pública y la privada está, pues, servido y la unión puede saltar en dos pedazos: las plazas del sur-oeste en donde, por ahora, radican las más importantes de Mont de Marsan, Bayona y Dax y las del sur-este, ya citadas.

La guerra también ha adquirido tintes políticos porque, no en vano, los resultados de las ferias en las plazas públicas inciden en el prestigio de las respectivas alcaldías que luchan cada año por ser los mejores hasta el punto de que si, por ejemplo, en Dax termina una feria con más orejas que la simultánea de Bayona - ambas tan solo distantes 60 kilómetros - la victoria es tomada como santo y seña para próximas y respectivas contiendas electorales. Este inusitado grado de estimulación taurino-política también es un factor a tener en cuenta por lo que del acuerdo o desacuerdo final depende el futuro de la gestión taurina francesa, tarde o temprano abocada a la explotación privada porque, además, cuenta y mucho el factor económico. Y es que el tradicional "plató" sale muy caro porque, lógicamente, las empresas que lo sirven cobran una abultada comisión sobre los precios de las corridas y los honorarios de los toreros, lo que al fin y al cabo resulta más costoso para los ayuntamientos que la gestión privada mediante concurso de alquiler o arrendamiento. Claro que, cuando el dinero a invertir es público, la calidad de los festejos puede ser bastante mayor. Incluso alguna plaza como la de Nimes pudo en su día organizar fantásticos e imaginativos espectáculos que en manos privadas hubieran sido imposibles de llevar a cabo por las millonarias pérdidas que acarrearon.