10ª DE LA FERIA DE ABRIL EN SEVILLA José Antonio del Moral

ESCANDALOSO FINAL DE UNA CORRIDA VERGONZOSA

Tardía reacción del público tras aguantar y jalear todo a José Tomás y ni una vuelta al ruedo con inaceptables reses de distintos hierros

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 13 de abril de 2002. Décima de feria. Tarde agradable con cielo cambiante y lleno total. Tres toros de "Garcigrande", impresentables por anovillados y deslucidos por rajados en distintos grados. Dos de Hermanos San Pedro: el que hizo de tercero, sin trapío aunque altito y manejable; y el que hizo de quinto, con más peso y presencia - el único con pinta de toro del saldo -, pero también rajado. Tras ser devuelto el "Garcigrande" que salió en sexto lugar, se lidió un sobrero de Domingo Hernández (propietario de la divisa titular), pasable y asimismo rajado. "Finito de Córdoba" (amapola y oro): Tres pinchazos echándose fuera, estocada baja y dos descabellos, silencio tras algún pito. Cuatro pinchazos y descabello, pitos. José Tomás (rosa y oro): Espadazo caído tendido y trasero, gran y exagerada ovación con increíbles saludos del matador. Dos pinchazos y trasera desprendida, silencio. Eugenio de Mora (blanco y oro): Estocada algo caída de buena ejecución, ovación. Estocada, silencio. Entre las cuadrillas destacó otra vez en la brega y en palos Curro Molina.

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¿ "Garcigrande" o "Garcichica" ?. La guasona pregunta corrió de voz en voz por los tendidos de sombra a medida que fueron saliendo las reses finalmente aprobadas por los veterinarios - !cómo serían las que rechazaron¡ - en inaceptable escalera de tres hierros que el gentío toleró hasta salir el sexto. En los más de 40 años que llevo viendo toros en Sevilla, nunca había vivido un motín semejante contra el palco por empeñarse en mantener la birria hasta que, cubierto el tercio de varas en medio del escándalo que incluyó el lanzamiento de almohadillas, no hubo más remedio que acceder. Esta aquí infrecuente escena fue lo más notable del pobre y vergonzoso espectáculo, pero se produjo con retraso. Porque la mayoría de los que, minutos antes, habían tragado carretas y carretones en busca del triunfo de José Tomás, esperaron a que éste terminara con más pena que gloria para desatar su enfado cuando ya no había remedio y, en definitiva, contra los casuales intereses de Eugenio de Mora quien no creo fuera el responsable del desaguisado. Ni él, ni "Finito". Fue otra vez José Tomás, los del equipo que le ayudan y cuantos van a verle sometidos a una especie de adoración ilimitada sin que casi nunca de motivos el torero, quienes permitieron se consumara el fraude a cuenta de su incondicionalidad que implica la inexplicable tolerancia de la autoridad ante el caso, por ende capaz de pegar un pendulazo de 360 grados al aceptar un ganado ínfimo si lo comparamos con los corridones que se han lidiado los primeros días de feria. Ni tanto ni tan calvo, señores veterinarios de La Maestranza. ¿ Hasta cuando va a durar la nefasta influencia de la "tomatosis ?. Hasta que la gente se harte y ya es hora de que se diga !basta!.

Por tomar en inmerecida cuenta lo que hicieron los toreros, señalar lo mucho que quiso "Finito" y lo poco logró con un primer toro que no hubo manera de fijar con el capote, de sujetarlo en la muleta y cuadrarlo para entrar a matar. Algo parecido sucedió con el cuarto al que, por más noble, Finito dio muy hondos derechazos de los que siempre salió el bicho huido. Y con la espada, mejor no hablar. Dejemos constancia también de los muy buenos lances de José Tomás al segundo, incluido un elegante quite por chicuelinas, que pusieron la plaza al borde de un ataque de nervios en la creencia de que el de Galapagar la iba a formar. Se equivocó el público y más el torero al elegir los medios para iniciar su trasteo - el toro, ya completamente rajado, estaba aculado en tablas y acudió al cite en oledada y sin fijeza - por lo que resultó arrollado dramáticamente aunque sin consecuencias por fortuna. Reanudado el trasteo en la tablas donde volvió el bicho, Tomás continuó empeñado en llevarle una y otra vez a los medios y, ante la persistente negativa del toro a quedarse donde pretendía torear Tomas, terminó éste con su vida de un "mandoble" que tampoco evitó estallara una clamorosa e injustificada ovación a la que el ínclito correspondió sin rubor. Luego, con el quinto y bastante más cuajado de Hermanos San Pedro, Tomás apenas pudo intentarlo, eternizado entre cites, paseos y pausas que no dieron resultado por la sosería y el nulo brío de su oponente. Vino entonces la inevitable depresión y aconteció lo ya dicho para desgracia de Eugenio de Mora quien tampoco consiguió cambiar el negro rumbo de la tarde con el sobrero, al que, sin embargo, le sacó el poco partido que tuvo. Como a su anterior, con el que el de Mora de Toledo construyó la mejor faena de la jornada. Un meritorio trasteo, muy templado y acertado en su primera mitad, hasta que el toro se negó a colaborar.