7ª DE LA DEFIA DE ABRIL EN SEVILLA José Antonio del Moral

FERRERA Y "EL FANDI" LA ARMARON EN BANDERILLAS PERO LA FERIA SIGUE SIN ROMPER

Deslucida corrida de Camacho y ni una vuelta al ruedo

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 10 de abril de 2002. Séptima de feria. Tarde agradable y algo más de media entrada. Un toro de Antonio Gavira, muy serio y con dificultades. Cinco de María del Carmen Camacho, justos de carnes y bien armados pero deslucidos por escases de fuerza en algunos casos y su cortedad de viajes, sobre todo el cuarto que, además, resultó muy pegajoso. Pepín Liria (celeste y oro): Trasera tendida y ocho descabellos, aviso y ovación. Estoconazo algo contrario y dos descabellos, aviso y ovación. Antonio Ferrera (grana y oro): Dos pinchazos y estocada caída, ovación. Pinchazo y estocada atravesada, aviso y ovación. David Fandila "El Fandi" (salmón y oro): Pinchazo y buena estocada, silencio. Estocada, ovación. Al finalizar el paseíllo y descubiertos los toreros, se guardó un minuto de silencio en memoria del crítico Joaquín Vidal, muerto en la mañana tras penosa enfermedad. Descanse en paz.

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Los tendidos se encendieron al ovacionar en pié a los dos espadas debutantes, Antonio Ferrera y "El Fandi", tras cubrir cuatro tercios de banderillas en los que, alternando en sus primeros toros y en solitario en los últimos, dejaron constancia de su más alta especialidad. Facultades, valor, variedad, espectacularidad, no siempre pureza al clavar algunos pares demasiado traseros, que todo hay que decirlo, pero dando un espectáculo brillante, lleno de emoción. Si Ferrera entusiasmó con dos pares al quiebro - uno al hilo de las tablas en el segundo toro y otro en los medios tras provocar la embestida del quinto - "El Fandi" tanto o más con el del "violín" y en los que, andando hacia tras, dejó llegarle al toro hasta la misma barriga y desde allí alzar los brazos reuniendo asomado al balcón como los mejores rehileteros que hayan sido. También se lucieron ambos con el capote en los recibos y en algunos quites - por cierto que, extrañó que los tendidos no respondieran como merecieron las verónicas de rodillas con que lanceó Fandila al sexto - pero a la hora de tomar la muleta y aunque tanto uno como otro echaron toda la carne en el asador en cuanto a decisión y ganas de triunfar, se estrellaron con las embestidas unas veces tardonas, otras cortas, las más con los pitones por las nubes de sus respectivos oponentes, mas con diversa suerte a espadas, se fueron de vacío en la tarde de su presentación en un ruedo tan importante. Imagino su contrariedad porque los dos están más que acostumbrados a tocar pelo allá donde actúan y este primer gran compromiso de sus todavía cortas vidas profesionales debió caerles como un jarro de agua fría. Que no les afecte porque otros días saldrán mejores toros y solo por como banderillean se van a dar unas cuantas vueltas por las ferias de todo el mundo. Y si no, al tiempo. Tiempo, pues, habrá de juzgarles con otro material.

El ya muy veterano Pepín Liria ofició de director de lidia y para no desentonar de la mala suerte de sus colegas se llevó los peores toros en casual correspondencia a su mayor edad y gobierno. Un sustituto de Gavira de hechuras e intenciones exactas a los del día anterior - si no habíamos tenido bastante con los seis ya muertos, nos sirvieron otra "taza" más con el que Pepín anduvo por encima- y el cuarto de Camacho que fue una máquina de regatear en corto. Liria estuvo, como siempre, en guerrero con ambos y regateó tanto o más que su segundo enemigo, sobreponiéndose de una espectacular voltereta aunque, por fallar a espadas, la cosa acabó con más pena que gloria aunque entre ovaciones de agradecimiento a su notorio esfuerzo.