5ª DE LA FERIA DE ABRIL EN SEVILLA José Antonio del Moral
DOS PREMIOS GORDOS DESAPROVECHADOS
Antonio Punta dejó escapar una oportunidad de lujo, El Cid otra por culpa de la espada y Antonio Barrera estrelló su valor contra un lote infumable
Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 8 de abril de 2002. Quinta de feria. Tarde entrenublada y algo más de media entrada. Nueve toros muy serios y con mucha cara, incluidos los sobreros que sustituyeron al primero, quinto y quinto bis, devueltos por manifiesta debilidad. Salvo el cuarto, de extraordinaria nobleza en la multa y el sexto, asimismo excelente aunque solo por el lado derecho, con diversas dificultades, sobre todo segundo y quinto tris. Antonio Punta (grosella y oro): Cuatro pinchazos y cuatro descabellos, silencio tras leves pitos. Pinchazo y estocada muy trasera desprendida, petición insuficiente y vuelta un poco por su cuenta. Antonio Barrera (marino y oro): Buena estocada, palmas con saludos. Estocada caída de muy buena ejecución, ovación. Manuel Jesús "El Cid" (lirio y oro): Pinchazo y estocada a un tiempo, silencio. Pinchazo hondo, dos más y estocada, vuelta al ruedo. Entre las cuadrillas destacó en la brega Antonio Caba y en palos Emilio Fernández y Alcalareño Jr.
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Corrida demasiado larga y estilo Madrid a cuenta de tres devoluciones, desde luego procedentes, y tarde en conjunto aburrida por más cantidad que calidad en la que, de haber sido capaces de triunfar los dos toreros agraciados con los dos premios gordos que soltó Gerardo Ortega, habríamos salido con bastante mejor sabor de boca que el que nos propiciaron ambos diestros. Los dos muy necesitados de triunfar y al borde de conseguirlo aunque con matices. Pues Antonio Punta se encontró con uno de esos toros que los taurinos llaman de cortijo, el cuarto de nombre "Fetén", y aunque anduvo correcto y en una tanda final con la derecha, francamente bien, no anduvo a la altura de su magnífico oponente y encima lo pinchó. Podría haber cortado una oreja, pero el toro fue de dos, de lío grande y, por supuesto, ese que tanto necesitaba para despegar porque Punta estaba prácticamente desahuciado. Vi a Punta algo tímido y como sorprendido de su inesperada buena estrella hasta el punto de torear demasiado rígido, sin gustarse, sin creérselo, sin el alma puesta en lo que hizo. Una pena. Con el que abrió plaza no hubo nada que hacer y anduvo buscándole las vueltas demasiado tiempo hasta que algunos espectadores le dijeron "basta ya".
El otro buen toro fue el último y le correspondió a "El Cid" quien ya se había lucido con el capote en el recibo del tercero con unas verónicas muy clásicas y con sabor añejo que alertaron al personal de lo que vendría después con la muleta y no vino porque el toro se defendió en sus viajes finales y el torero, demasiado prudente al muletear por las afueras, no acabó de centrarse. Otra vez muy bien con el capote en el ya citado sexto, "El Cid" empezó su faena con hermosos ayudados por alto, siguió por redondos cada vez mejores y más hondos en dos tandas, se echó la muleta a la zurda por donde el animal no fue tan claro, insistió ya sin razón por ese mismo lado y, cuando regresó al mejor pitón, en vez de cuajar otra tanda de redondos normales, se le ocurrió dar un circular por el lado izquierdo que no resultó limpio, seguido de otro más templado por donde procedía. No obstante, el público siguió metido en la faena de "El Cid" y dispuesto a premiarla como merecía, pero falló el torero con la espada que utilizó más para pinchar que para matar como Dios manda.
Lo peor de la corrida, sin embargo, fueron los pésimos toros que le correspondieron al debutante Antonio Barrera que tuvo que recibir con el capote a cuatro y ninguno le sirvió, quedándose con los peores, sin que el torero se afligiera ni una vez. Aguante, firmeza, valor de verdad en definitiva fue lo que derrochó Barrera, confirmando todo lo dicho con la espada, pues mató entregado y con fe independientemente de donde le cayó el acero. Habrá que verle más porque seguro que en cuanto le toquen reses más propicias, reventará en triunfo.