2ª DE LA FERIA DE ABRIL EN SEVILLA. José Antonio del Moral

JEÚS MILLÁN DESTACÓ EN LA MUY SERIA Y DIFÍCIL CORRIDA DE CUADRI

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 6 de abril de 2002. Segunda de feria. Tarde muy fría y a ratos ventosa con media entrada. Seis toros de los Herederos de Celestino Cuadri, imponentes de lámina, sobrados trapío y de juego desigual aunque predominaron los malos por tardos y probones. El tercero fue bravo y francote aunque a menos en la muleta y el quinto el mejor por más manejable, resultando imposible el cuarto por reparado de la vista aunque se paró al final. Luis de Pauloba (tabaco muy gastado y oro): Dos pinchazos yéndose y estocada a paso de banderillas, silencio. Dos pinchazos hondos, silencio. Alfonso Romero (marino y oro): Buena estocada y tres descabellos, silencio. Pinchazo y media muy tendida caída, aviso y silencio. Jesús Millán (turquesa y oro): Pinchazo hondo atravesado, otro pinchazo y estocada baja, ovación. Buena estocada, gran ovación e injustamente frustrada vuelta al ruedo. Muy bien la cuadrilla de Millán, sobresaliendo el picador Francisco Plaza y los peones Carlos Casanova y Jesús Arruga. Pareó al con excelencia Cruz Velez.

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Incómoda la tarde por fría después de una mañana muy lluviosa y, desde luego, incómodo aunque interesante para los aficionados el corridón de Cuadri. En el regreso a Sevilla de la ganadería onnubense se centraba la mayor atracción de este festejo de menor tono por lo que respecta a la terna de actuantes, aunque al debutar en la plaza Alfonso Romero y Jesús Millán, también hubo interés por ver qué hacían ambos frente a este ganado. En cuanto a presentación, irreprochabe. No creo que volvamos a ver una corrida tan seria en todo el serial. Algunos toros fueron ovacionados al salir al ruedo pero, desgraciadamente, no correspondieron luego a las expectativas, salvándose dos - tercero y quinto - que pusieron a prueba a sus jóvenes lidiadores. Fue Jesús Millán quien anduvo a la altura de las circunstancias tras el naufragio de Pauloba con el pésimo primero con el que solo puso lucirse en un corto recibo por verónicas y la frustrada actuación de Romero con el muy probón segundo, en el que dio un recital de precauciones. Millán, al contrario, plantó cara en su turno con determinación y firmeza impresionantes, hasta el punto de lo que asta entonces habían sido silencios y rumores desaprobatorios, se trocaron en música y en sinceros olés. Millán lidió muy bien al toro con la ayuda de su magnífica cuadrilla y, aunque el animal se vino pronto abajo en la muleta, construyó una faena importante que estropeó con el acero. No obstante y, en recuerdo de lo que había hecho, salió a saludar entre ovaciones. Palmas que, por cierto, también fueron fuertes al toro en su arrastre, en mi opinión no tan merecidas aunque, por término de comparación con el juego de los toros anteriores, aquello fue como de la noche al día.

Y tras el nuevo fiasco de Luis de Pauloba con el imposible cuarto que debió ser devuelto a los corrales por reparado de la vista - el matador bastante hizo con probarlo aseado - llegó la mayor decepción de la jornada a cargo del murciano Alfonso Romero, increíblemente asustado desde que salió el quinto hasta que, muy avanzado su trasteo de muleta, descubrió la nobleza ya apagada del animal, intentando justificarse tardíamente. Romero contradijo a cuantos han cantado su excepcionalidad torera al evidenciar que no tiene el valor necesario para ser figura. Por el momento, la grandeza clásica de sus maneras, sólo las saca a relucir con los toros que se prestan con clara nobleza. Quien sí refrendó valor y torería a raudales fue Jesús Millán con el sexto, otro de los menos malos con el que el aragonés volvió a estar por encima de su oponente y se llevó al público de calle.