1ª DE LA FERIA DE ABRIL EN SEVILLA José Antonio del Moral
MANUEL ESCRIBANO SALIÓ A POR TODAS, MENOS CON LA ESPADA
Desigual y en gran parte deslucida novillada de "Torrealta"
Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 5 de abril de 2002. Primera de feria. Tarde nublada y a ratos lluviosa con dos tercios de entrada. Seis novillos de "Torrealta" bien aunque desigualmente presentados y en general deslucidos por su falta de fuerza y de raza, salvo el quinto que por más fuerte y bravo dio juego casi completo. Francisco Javier Corpas (celeste y oro): Estoconazo tendido y dos descabellos, aviso y palmas. Seis pinchazos, silencio. Manuel Escribano (marino y oro): Pinchazo hondo y descabello, aviso, petición y vuelta. Seis pinchazos y dos descabellos, gran ovación. Juan José Domínguez (blanco y oro): Cuatro pinchazos, media atravesada y cinco descabellos, dos avisos y silencio. Buena estocada, palmas.
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Aunque la novillada de "Torrealta" no rompió ni apenas ofreció posibilidades de triunfo grande - mal anda este año una de las ganaderías que mejor juego venía dando en las últimas temporadas - pasamos una tarde agradable en pos del examen a que se sometieron los tres aspirantes de la tierra. El primero, Francisco Javier Corpas, al borde de tomar la alternativa. Y los otros dos en un debut con caballos que prometía por el gran ambiente que goza Manuel Escribano desde que triunfó en los festejos de promoción del pasado verano en La Maestranza y lo mucho que se hablaba del arte de Juan José Dominguez. De modo que, a pasar de la lluvia que nos obligó varias veces a abrir los paraguas, fuimos descubriendo las posibilidades de los alternantes que es de lo que se trataba en la cita inaugural de la siempre importante feria de Sevilla.
Cantado estaba que el más capaz iba a ser Escribano y así lo demostró a lo largo de su doble actuación menos con la espada con la que perdió un claro triunfo. Demasiado arrollador con su primero, fue alcanzado de lleno al intentar una larga de rodillas a porta gayola, continuó atropellando la razón en el lógico intento de mostrarse pletórico y de ofrecer un repertorio que, sin duda, había imaginado en la vela o en un bonito sueño. Error de principiante que, en vez de intentar acoplarse a las condiciones de su oponente, se empeñó en suertes estratégicamente inconvenientes. Muy valiente y sin dudas de ninguna especie, poco a poco le llegó el sosiego. En banderillas le vimos más centrado hasta que, de media faena para adelante, rompió el sevillano a templar las embestidas del burel cuajando buenas tandas al natural que ligó a espléndidos de pecho. Pinchó arriba levemente hondo y se contentó con descabellar, lo que nos alertó de su poca destreza con la espada. Cuestión precisa y absolutamente necesaria que le quitó un triunfo definitivo con el quinto - el mejor del envío - al que volvió a recibir ya limpiamente a porta gayola, lanceó vistoso y apretado, quitó por gaoneras, farol y recorte mirando al tendido, banderilleó con soltura y sorpresa en un par al violín quebrando por los adentros y muleteó con firmeza y temple de los caros en una faena un poco de más a menos porque el novillo también fue viniéndose abajo. Una actuación que le valió el refrendo y el crédito de la afición, esta tarde compuesta por todos lo cabales y, por tanto, por la cátedra.
Buena impresión nos causó también el más cuajado Corpas, empacado y muy clásico en sus formas mientras sus dos novillos se lo permitieron. Aunque no resolvió la difícil papeleta, su arranque de faena en el primero, encadenando muletazos diestros con gusto y temple, encantó al cónclave, como sus apuntados lances a la verónica y algunos naturales sueltos frente al cuarto con el que dio un mitin en la suerte de matar. Aunque no tanto como Dominguez con el tercero, en el que escuchó dos avisos tras evidenciar que torea con tanta finura como falta de valor. Cuando mandó que le dieran un tercer puyazo al noble y flojo sexto pese a que el bicho ya había doblado las manos al recibir el segundo, quedó patente la falta que señalo, igual que en algunos respingos imperceptibles para la mayoría pero delatores de su carencia de ánimo. Lástima porque el muchacho posee estilo propio y no poco arte.