17ª DE LA FERIA DE ABRIL EN SEVILLA José Antonio del Moral
OREJA PARA LIRIA Y "CEBADAS" CON ASPERA MOVILIDAD
Bonita aunque difícil corrida de Cebada Gago, muy habilidoso Pepin Liria, más que prudente Fernando Cepeda y a la deriva Javier Castaño
Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 20 de abril de 2002. Decimoséptima de feria. Tarde de brisa y sol con lleno. Seis toros de Cebada Gago, bonitos de lámina, muy astifinos y en general difíciles. Manso y muy molesto el primero; otro tanto e imparable aunque posible por el pitón derecho y peligroso por el izquierdo el segundo; también manso pero manejable el tercero; Peligroso y sin posible lucimiento el cuarto; con mucha movilidad y medias arrancadas el quinto; y mansísimo y muy peligroso el sexto. Fernando Cepeda (vino peleón y oro): Pinchazo y casi entera caída, silencio tras pitos injustos. Estocada caída, pitos. Pepín Liria (avellana y oro): Pinchazo y estocada tendida caída, ovación. Buena estocada, oreja. Javier Castaño (celeste y oro): Pinchazo y estocada trasera, pititos. Estocada trasera tendida caída, silencio.
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La siempre esperada corrida de Cebada Gago, celebrada por algunos sin que lo mereciera, tampoco dio motivos de alegría, pero al menos se movió. Tres para mal y otros tantos con posibilidades siempre y cuando se les hicieran las cosas a los toros con decisión e imprescindible habilidad. Ducho en tales menesteres, Pepín Liria se llevó la tarde de calle, cortando la única oreja del festejo gracias a una actuación muy de su corte: Entusiasmo y ganas por delante; largas cambiadas a porta gayola en el recibo sus dos toros para calentar el ambiente e inminente capoteo que, si en el primero resultó limpio y al compás de la constante huida del toro, en el segundo no aunque a favor de obra por lo emocionante que resultó el amontonado remanguillé sin dejar quietos los pies. Y dos faenas de similar esgrima en un toma y daca a base de aguante, voces para provocar las arrancadas y medios pases que recetó perdiendo casi siempre pasos. La que enjaretó Pepín al segundo quedó a medias por el peligro que el animal tuvo al intentar el natural y por un pinchazo previo a la estocada. La que cuajó al quinto, una de las muchas vibrantes de Liria que podríamos calificar de "sanferminera" por su traza pueblerina y por como la jaleó el público al estilo de Pamplona en tardes de peñas y jarana - así anda la plaza de La Maestranza -, finalmente premiada tras una estocada a toda ley. Lo mejor que hizo Liria en su segunda y última cita de esta feria, salvándose por ello de la quema casi general.
Fernando Cepeda se estiró en dos muy veloces verónicas con el toro que abrió plaza y ahí quedó todo. Demasiado prudente aunque sin pasar apuros, se quitó pronto de en medio a sus dos pésimos toros, con los que no se complicó la vida ni apostó una sola vez, matando con notable eficacia sin importarle los pitos de la parroquia.
Y Javier Castaño con ganas pero por muy por bajo del tercero - el menos malo del envío - al que toreó sin reunirse ni templarse nunca. A la deriva, sin saber qué hacer ni como meter mano al sexto - con mucho el más manso y peligroso de la corrida y refugiado en tablas de toriles - Castaño dio muy pobre impresión y acabó sin crédito.