16ª DE LA FERIA DE ABRIL EN SEVILLA José Antonio del Moral
CONTINUÓ LA MALA RACHA CON SEIS "BURRAS" DE GUARDIOLA
"El Cordobés se salvó de milagro en tres cogidas, Padilla solo pudo lucirse en banderillas y "El Califa" anduvo al borde del abismo
Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 19 de abril de 2002. Decimosexta de feria. Tarde veraniega y lleno. Seis toros de Guardiola ( rama "Villamarta" con los hierros de Domínguez y Fantoni ) desiguales de peso y en general pobres de cara. Todos mansos en distintos grados, resultando manejable aunque incierto el primero, parado el segundo, rabioso el tercero, muy peligroso el cuarto, también parado el quinto y noble aunque enseguida rajado el sexto. Manuel Díaz "El Cordobés" (ceniza y oro): Estoconazo contrario, leve división. Bajonazo con vómito, ovación. Pasó a la enfermería donde le atendieron de puntazo corrido en un costado. Juan José Padilla (marfil y oro con remates rojos): Cinco pinchazo y descabello tras echarse el toro, silencio. Cuatro pinchazos y descabello, silencio. José Pacheco "El Califa" (verde botella y oro): Pinchazo y estocada tendida, silencio. Pinchazo y sartenazo, silencio y posterior lanzamiento de almohadillas contra el nuevo petardo. Asistió en el Palco Regio S.A.R. El Príncipe de Asturias.
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Nadie podrá acusar como otras veces de "gafe" al Príncipe Felipe porque la feria lleva gafada desde que empezó, sobre todo en su último tramo al que solo le quedan tres corridas. Tanto es así, que ya llevamos otras tantas con escándalo y lanzamiento de almohadillas al final de los supuestos festejos. Gesto insólito en esta plaza y, aunque siempre rechazable, necesario para que la empresa o quienes fueren los responsables de la catástrofe ganadera que estamos padeciendo se enteren de que la paciencia del público tiene un límite. A este paso podríamos asistir a un conflicto de orden público porque el desastre casi diario no es para menos. El Príncipe también fue víctima del aburrimiento, tan solo alterado cuando "El Cordobés" sufrió una cogida espeluznante mientras intentaba pasar de muleta al primer toro, cuando Juan José Padilla se fue a la puerta de chiqueros para recibir al segundo y al banderillear a sus dos enemigos, y cuando nuevamente Manuel Díaz fue revolcado por dos veces seguidas frente al muy peligroso quinto. Si acaso, también podríamos incluir en este paréntesis los pocos pases que logró enjaretar "El Califa" al sexto y último, a la postre otra "burra" más pese a lo que pareció - por más noble y movido que sus hermanos - cuando el valenciano inició su segunda faena. De tal modo, El Príncipe se convirtió sin quererlo en el máximo protagonista de la decimoquinta corrida de la feria, aunque bien a su pesar. Esperemos que el inaguantable espectáculo no le impida volver a los toros, fiesta a la que, como su real madre, no es proclive. Quien corresponda debería procurar que la próxima vez que asista a una corrida no sea en Sevilla ni en Madrid y que espere a las mejores de julio, agosto y septiembre, o a las importantes que se celebran en Francia. Seguro que si va, se hará por fin aficionado…
¿ Y qué más decir ?. Pues que El Cordobés salió a por todas y en serio, que incluso lanceó bien de capa a su segundo, que se la jugó con los dos y que en ambos se libró de ser corneado por puro milagro. Que Padilla se estrelló con sus dos "burras" en nada proclives al brillo de su acostumbrado entusiasmo. Y que "El Califa" anduvo desbordado y sin saber qué hacer con el violento genio del tercero, salvando algo la cara con el sexto, al que tampoco entendió pese a los muletazos decentes que logró, entre otros muchos desacoplados hasta que el bicho se rajó cantando la misma condición que sus parientes.