14ª DE LA FERIA DE ABRIL José Antonio del Moral

TOMÁS SIN "TOMATOSIS", DESENCANTADO PUERTO Y MUY TEMPLADO ABELLÁN

Deslucido encierro de Juan Pedro y solo una vuelta al ruedo del más joven

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 17 de abril de 2002. Decimocuarta de feria. Tarde calurosa y lleno. Siete toros de Juan Pedro Domecq, incluido el sobrero que sustituyó al primero, devuelto tras perder mucho las manos. Bien presentados con dos más cuajados - segundo y tercero - que el resto. Y en general deslucidos por sosos, faltos de raza y nula clase, salvo el tercero que rompió a muy bueno en la muleta y el sexto que se prestó con franca nobleza y largo recorrido por el lado derecho hasta que se rompió una mano. Víctor Puerto (palo de rosa con remates negros y oro): Estocada baja, silencio. Pinchazo y trasera, silencio. José Tomás (grana y oro): Trasera muy caída, silencio. Pinchazo y estocada caída, silencio. Miguel Abellán (amapola y oro): Dos pinchazos, estocada y descabello, vuelta al ruedo ligeramente protestada. Estocada, palmas.

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Otra tarde de frustrada expectación. José Tomás sin la compañía de la "tomatosis", sin suerte y mal Víctor Puerto y la muy sola excepción de un muy centrado y templado Miguel Abellán, autor de la mejor faena aunque mejor sería decir que de la única de las seis que vimos. Miguel, además, demostró los progresos que venimos observando desde que le vimos por primera vez este año en un festival del Puerto de San María. Pues conservando su ardor juvenil y arrancado como siempre con el capote que esta vez utilizó para recibir de rodillas a sus dos toros ante la puerta de chiqueros, cuando llegó la hora de la muleta, se mostró muy templado, nada amontonado como antes y con sentido común al elegir perfectamente los terrenos y las distancias que requerían los animales. Por eso su primera faena fue un derroche de toreo acoplado y ligado a base de series muy intensas. Nada de conformarse con dos y el de pecho. Cuatro y hasta cinco muletazos seguidos que cosió a dobles de pecho o a trincheras, que es lo que pone a la gente nerviosa y la levanta de los asientos. Por eso fue de lamentar que como tantos otros en esta misma feria, pinchara antes de enterrar en acero e incluso que tuviera que usar el descabello. Podría haber cortado una oreja y a la vista de las que aquí se están concediendo, a lo mejor dos. También quiso mucho Abellán con el sexto pero el toro que tomó la muleta galopando en los primeros compases del trasteo duró un suspiro. Y mira que le vimos salir ilusionados al enterarnos que el ganadero lo había señalado en el sorteo como su favorito, aparte la fe que también mostró Juan Pedro por toda la corrida, para él la mejor presentada de la feria en lo que llevaba parte de razón. Toros armónicos, bien armados y con el trapío que se debe exigir en Sevilla, salvo un par de reses algo dispares por más grandes que los otros cuatro y a esperar. Pero abierto y probado el melón, una vez más quedó patente lo de que el hombre propone, Dios dispone y el toro lo descompone.

Descompuesta por ello la tercera y última actuación de José Tomás en Sevilla y en mayor medida por la ausencia de la mayoría de cuantos le siguen rendidos de antemano y con pasión. Ayer era día laborable y el AVE no bajó lleno de tomasistas como en sus dos otras corridas. De ahí que a Tomás se le juzgara en sus más reales términos como quedó patente mientras toreó al incómodo segundo - trayazos y más trayazos casi todos enganchados y ni un olé. Pausas y más pausas que aburrieron hasta las ovejas y un silencio displicente, sepulcral. Únicamente cuando se centró, templó y cosió una buena tanda con la mano derecha al quinto, llegó el reconocimiento del público, inmediatamente desencantado a la par que el diestro cuando de repente el bicho se rompió una mano y Tomás decidió cortar de súbito su acción. Dos espadazos de puro trámite y defectuosos dieron fin a su feria, y ni una palma cuando atravesó el ruedo para abandonar la plaza. En definitiva, un José Tomás sin la "tomatosis" y por tanto un torero como cualquiera de los muchos que hay sin solución. Si no se hubiera anunciado con su nombre, nos hubiera parecido un principiante en vez de un figurón.

En cuanto a Víctor Puerto, salvo al repetir en dos toros seguidos sus recibos con tres largas a porta gayola, mas no pocos lances con notable vibración, no hubo correspondencia con lo que llegó después por la evidente falta de fuerza del sobrero que abrió el festejo que también debieron devolver, y por la poca clase y embestir desabrido del cuarto que Puerto brindó al público sin razón. Ni en uno ni en otro le prestó el público a Víctor la más mínima atención.