PRIMERA DE ABONO EN SEVILLA José Antonio del Moral
FATAL OJEDA, ABURRIDÍSMO TOMÁS E IMPORTANTE AUNQUE INFRAVALORADO "EL JULI"
Ni una oreja en la corrida más esperada y decepcionante encierro de "torrealta"
Sevilla. Plaza de la Real Maestranza. 31 de marzo de 2002. Primera de abono en domingo de Resurrección. Tarde radiante y llenazo. Seis toros de "Torrealta" incluido el sobrero que sustituyó al quinto, devuelto por flojo. Bien aunque muy desigualmente presentados tras ser rechazados varios en el reconocimiento. Y de juego dispar: Primero y segundo muy tardos y sosos; tercero - el más terciado del envío - nada fácil por su casta lindando con el genio, movilidad y transmisión; cuarto grandullón pero humillando con cara franquía por los dos pitones, sobre todo por el izquierdo; quinto asimismo grandote, tardo y manejable a media altura, rajándose muy al final; y sexto corto, débil y con peligro sordo. Paco Ojeda (marino y oro): Bajonazo, silencio. Tres pinchazos y bajonazo, leves pitos. José Tomás (esmeralda y oro): Estocada muy trasera y tendida, silencio. Estocada baja, silencio. "El Juli" (añil y oro): Estoconazo algo trasero de buena ejecución y dos descabellos, gran ovación pero insuficiente para dar una merecida vuelta al ruedo. Estocada trasera de entrega, palmas. Asistió desde el palco Regio la Infanta Doña Elena acompañada de su esposo Jaime de Marichalar. Paco Ojeda y "El Juli" les brindaron sus primeros toros.
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La enorme expectación, mas la consiguiente reventa que anduvo por las nubes acabó, como tantas veces, en pareja decepción, sobre todo para los más de cinco mil espectadores que habían llegado desde otros lares, especialmente de Madrid, para empujar y ver triunfar otra vez a José Tomás. Pero el de Galapagar no contó con reses propicias a su nuevo estilo y pese al constante apoyo de los suyos e incluso al respeto de la afición local, ni siquiera fue capaz de estar a la altura de su fama, pagando "El Juli" los platos rotos de la defraudada "tomatosis" que intentó y logró frenar un resultado triunfal absolutamente merecido del joven gran torero tras una importante faena al tercer toro de la tarde, el único con movilidad, casta y transmisión del envío. Nada fácil porque este toro tuvo muchas dificultades que "El Juli" tapó gracias a su entrega, a su inteligencia y a su mando sobre el toro. Lo exprimió en tandas sobre ambas manos vibrantes, intensas y siempre ligadas en un palmo de terreno con el temple adecuado a la agresiva violencia del animal, sin que la mayoría percibiera el gran mérito de la obra. Increíble que, sobre todo los sevillanos, se pusieran más de parte del toro que del torero cuando tras una soberbia aunque trasera estocada que necesitó dos golpes con el descabello, ovacionaron al toro en el arrastre sin que nadie hubiera sacado el pañuelo para pedir la oreja. Ni siquiera insistió el público para que "El Juli" diera una vuelta al ruedo. Si esto mismo lo hubiera hecho Tomás, seguro que le habrían pedido las orejas. Claro que, a este torero le habría traído este mismo toro por la calle de la amargura. El sexto fue, por cierto, el toro más amargo por peligroso y otra vez "El Juli" tuvo que jugársela. Primero con las banderillas que colocó en corto y muy cerrado el bicho hasta cuajar un tercer par angustioso por los adentros. Y luego con la muleta, metido entre los muy astifinos pitones, para sacar lo poco que tuvo tan imposible oponente. Imagino el disgusto del matador, viéndose tan injustamente valorado.
Pero siguiendo con el particular calvario de cada espada, porque a los tres les cupo tragar lo suyo, imagino también el mal rato que pasó Paco Ojeda al comprobar como sus pies traicionaban la quietud que caracterizó su tauromaquia mientas algunos espectadores le cantaban el !uy! de la típica guasa sevillana. No quiero insistir en la fatal actuación de Ojeda porque ya avisé que así sería cuando le vimos en Lima y en México y porque aún le queda en Sevilla una segunda oportunidad que ojalá salve para bien. Quien no se salvó sino que se hundió en las mismas barbas de sus incondicionales fue José Tomás que dio un recital de incompetencia profesional. Más de la mitad de sus dos tiempos los consumió en pausas y paseos, aparte su intervención en quites discutibles aunque celebrados como si hubieran sido el no va más. Con el segundo toro, al menos logró unipases con limpieza. Pero con el sobrero quinto, aunque firme en el aguante de cada viaje, siempre citó por las afueras - ¿donde estaban los del "pico" cuando torean otros ? - y rematando por arriba por lo que fue constantemente enganchado hasta desesperar al gentío. A la sosería de sus dos enemigos añadió Tomás la suya y la gente acabó hasta el gorro con el "genio" del pretencioso torero. En medio del silencio y cuando su segundo trasteo parecía no tener final, se oyó dos veces seguidas una voz del tendido que le dijo: "Tomás: !Cartagena de Levante!". O lo que es lo mismo según la jerga bética. !Vete a paseo, que no te aguantamos !.