LA RESACA José Antonio del Moral
ESCRIBANO ANTE LA CÁTEDRA
A pesar de los paraguas dio gusto estar sentado en los tendidos de La Maestranza el pasado viernes. Los cabales y pocos más devolvieron a la real plaza su tantas veces perdida categoría de cátedra. Nada que ver con el público que abarrotó los graderíos en el festejo de Resurrección, desde hace años convertido en acto social de relumbrón en el que banderías, famosos y marqueses están más pendientes de sí mismos, de sus preferencias y de saludarse que de valorar con justicia cuanto sucede en el ruedo. No es de extrañar, por ello, que apenas unos cuantos se dieran cuenta del gran mérito de la faena de "El Juli" al difícil tercer toro de "Torrealta". El cambio de la decoración pública del viernes nos devolvió la fe en el criterio casi siempre acertado del escenario más serio y sabio del mundo cuando, pese al estrepitoso fallo a espadas, los tendidos se levantaron en ovación unánime para premiar y refrendar el aprobado alto que obtuvo Manuel Escribano en su comprometida presentación con picadores. Es cierto que Escribano venía favorecido por la estela triunfal de sus primeras comparecencias como becerrista, pero no lo es menos que asumió el inquietante reto de su debut en un ruedo tan importante y trascendental. A por todas y, aunque lógicamente atropellado por demasiado arrollador en el recibo del primer novillo, manifestó la evidencia de sobresalientes progresos muleteros - firmeza, temple e incluso mejor estilo en el encadenado y remate de los pases - lo que añadido a su incondicional disposición le dieron crédito de capaz y de posible próxima figura. Falta hacen y bueno es que la cátedra le diera la venia aunque no cortara orejas.