LA RESACA José Antonio del Moral
LOS ESTRAGOS DE LA "TOMATOSIS"
Aficionados competentes aseguran que si José Tomás no hubiera actuado en la corrida del Domingo de Resurrección de Sevilla, la importante faena de "El Juli" con el tercer toro de "Torrealta" habría sido más valorada, obtenido mayor premio e incluso las crónicas que han intentado desmerecerla hubieran sido encomiables. Pocos críticos dieron cuenta del enorme mérito que tuvo Julián López, lo que añadido al desdén casi general que sufrió el joven gran toreo, demuestra que los "invadidos" tendidos maestrantes de esa tarde no se comportaron con la sabiduría y ecuanimidad que han hecho famoso al escenario tenido por más prestigioso del mundo. Como ya denuncié hace pocos días, cada vez que José Tomás actúa con las otras grandes figuras de la actualidad - Enrique Ponce y "El Juli", principalmente - la tantas veces aludida tomatosis intenta diezmar los logros de los competidores, sobre todo si el de Galapagar no ha sido capaz de triunfar en los toros que en turno preceden a los de sus colegas. Los partidarios de "El Juli" y menos los de Ponce osan reventar las actuaciones de José Tomás, mientras que los incondicionales de éste tratan por todos los medios de impedir los éxitos de sus contrarios. ¿ Qué ocurriría si estos llevaran su corte de reventadores sistemáticos contra José Tomás ?. No podría soportarlo.
El inaceptable comportamiento futbolero del público tomasista se suma a la habitual movida en los corrales cada vez que torea el figurón, últimamente ocupado - según dicen - en elegir los toros que más le gustan en el campo y, por demasiado cauto, termina siendo víctima de sí mismo tras ser rechazadas la mayoría de las reses finalmente embarcadas, lo que condiciona para mal el resultado de los festejos que protagoniza. La pasada feria de Fallas ha sido el ejemplo más lastimoso de cuanto digo, por demasiado condicionada a cuenta de sus imposiciones y caprichos.
Entre tanto baile de ganado que suele acabar en intolerables escaleras y la fabricada inquina para los toreros alternantes que, aunque parezca increíble, aceptan todo y aun sin quererlo le ayudan, no hay manera de verles competir en igualdad de condiciones. Cuestión que, salvo en las plazas francesas, parece ya imposible de evitar en las españolas. Por todo ello y, aparte la carestía que supone contratarles en un mismo cartel, va a ser muy difícil verles juntos.
Pero lo que colma el vaso de los estragos que está causando la tomatosis es que como el torero se ha acostumbrado a triunfar haga lo que haga gracias al apoyo de sus incondicionales a los que les basta que mate a la primera para pedir frenéticamente las orejas, - así ocurrió en Olivenza y si no consiguió trofeos en Castellón y en Valencia fue porque se hartó de pinchar - no quiere o no puede torear como lo hacía antes. El cambio de estilo es evidente no solo por las formas sino por el fondo. Tomás parece haber perdido el impresionante valor que le hizo famoso y más el necesario para la continuidad en el éxito que caracteriza a las grandes figuras. Lo que no ha cambiado, sin embargo, es su carácter huraño que le lleva a la mala educación. Hace unas semanas llegó muy tarde a recoger el premio que le concedió la Maestranza y solo saludó a quien le dio el trofeo. Ya se habían entregado los demás trofeos taurinos y, cuando llegó, se procedía a premiar a los universitarios más distinguidos. En la corrida de Resurrección no brindó a la Infanta Elena como lo hicieron Ojeda y "El Juli" por cortesía siempre debida a la presencia en el Palco de algún miembro de la Familia Real. Y anteayer dejó plantado al doctor Ramón Vila quien, como habían convenido tras no poco esfuerzo y cambio de fechas, le esperaba en el almuerzo que todos los años organiza con la prensa de Sevilla presente para entregar el trofeo a los mejores quites de cada feria. Era la primera vez que le fallaba alguien a Vila y su discurso de fue tan elegante como demoledor mientras el picador que fue a recogerlo por orden de Tomás, no sabía si meterse debajo de la mesa o marcharse avergonzado.