LA RESACA José Antonio del Moral

LA "TOMATOSIS" CABALGA DE NUEVO

La reacción del público que acudió a las dos corridas en las que, por el momento, ha participado José Tomás y la posterior magnificación de sus faenas que sin rigor ni rubor ha mostrado gran parte de la crítica supuestamente especializada, certifican que la "tomatosis" cabalga de nuevo y con tanta o mayor fuerza que cuando empezó el contagio. La incondicionalidad de sus partidarios sigue siendo el fenómeno social que más distingue al singular torero y, desde luego, lo que más le separa de todas y cada una de las figuras que en el mundo son y han sido, pues ninguno de ellos salvo él gozó de tan fuerte y permanente estado de gracia.

Cuando José Tomás irrumpió en los ruedos toreaba más comprometido que nadie por la cercanía de sus cites, la firmeza de sus pies y el permanente aguante de su sitio, independientemente de la limpieza y solvencia de sus obras, verdaderamente excepcionales frente a las reses que mejor se prestaron a su estilo. La impronta de tales y tan arriesgadas maneras frente al toro provocaron la consecuente admiración y enseguida empezaron las comparaciones más o menos razonadas aunque casi siempre odiosas por la negativa a veces violenta que los primeros partidarios de José Tomás mostraron hacia los demás coletudos. Pero este repentino y fuerte enfrentamiento entre las diferentes maneras de torear dio, poco a poco, paso a la ceguera. Y más cuando el torero de Galapagar fue progresando en técnica al tiempo que olvidaba u obviaba los matices más sobresalientes de su personalidad artística original hasta dar a paso a conceptos diametralmente opuestos a lo que él mismo había concebido y que muchos calificaron de máxima pureza. Pues bien, desde hace un par de años y medio para acá, José Tomás suele abusar de todos los defectos que sus partidarios siguen criticando a los demás toreros, lo que no es óbice para que mientras a unos se los señalan a Tomás se los perdonan. Los tan manidos y criticados cites perfileros y fuera de cacho con la muleta retrasada; el echar los toros para fuera en el trayecto de cada muletazo; el no ligar y espaciar los pases y las tandas con sucesivos paseos y recolocaciones varias son moneda corriente en la última y desvirtuada tauromaquia de José Tomás y, salvo unos pocos entre los que me encuentro dando la cara desde que, casi en solitario, denuncié estos cambios, la mayoría de sus partidarios y panegiristas en la prensa continúan elogiándole con absoluta sumisión. Y la alucinación colectiva - alguien acaba de calificarla de hipnosis - es de tal calibre, que poco o nada importa que algunos hayamos discrepado de la calidad de sus faenas en Olivenza y Castellón. Tres orejas que solo debieron ser una cortó en el pueblo extremeño y otras tres o cuatro habría logrado en la feria de La Magdalena si hubiera matado pronto a sus dos toros.