ANTESALA DE LA FERIA DE SEVILLA. José Antonio del Moral

RIGOR PARA TODOS

La sabiduría que distingue a la afición de Sevilla como la más prestigiosa del mundo debería hacerse valer por encima de las influencias locales o foráneas que, desde hace tiempo, vienen desacreditando a La Maestranza. Que impere el mismo rigor para todos los actuantes y, por supuesto, la máxima exigencia a las autoridades para que igualen sus criterios, sobre todo a la hora de reconocer el ganado, ordenar los cambios de tercio y conceder trofeos. Cuestión que últimamente depende más de las veleidades del público que acude en aluvión para apoyar a tal o cual torero que de la estricta decisión de los presidentes, a veces contradictorios, como ocurrió el año pasado cuando el mismo que regaló dos salidas por la Puerta del Príncipe a José Tomás se la negó días después a Pepín Liria pese a merecerla tanto o más que el madrileño. Y en cuanto a las valoraciones del público, que no caiga en la moda de ir a los toros con ideas preconcebidas como en Madrid, a favor o en contra de unos o de otros, sin tomar en consideración el trapío y el juego de las reses, la lidia acertada o no que se las da, la precisión técnica de las faenas, la mayor o menor verdad y limpieza con que se ejecuta el toreo, la ejecución y la colocación de las estocadas. Al respecto y por poner otro ejemplo, en la pasada feria nada tuvo que ver la intransigencia con que fue tratado "El Juli" pese a estar muy por encima de los seis toros que mató con el frenético favoritismo que disfrutó José Tomás con bastante mejor suerte en los sorteos. Padecemos un fenómeno, ya generalizado, por el que mientras a unos les señalan defectos como citar fuera de cacho, desplazar al toro para afuera y dejarse enganchar los engaños, a otros se les consiente porque en sus mejores días les pusieron el "sello" de puros y a los primeros el de ventajistas aunque muchas veces no lo sean. Independientemente del estilo de cada cual, unas tardes se torea con más entrega y pureza y otras no tanto o sin ninguna, según sea y se comporte el toro, cuestión que debería contar como norma inexcusable para que el público exija en consecuencia. Y que no se repita lo del año pasado cuando el Jurado de la Maestranza premió a un torero como triunfador porque había salido dos veces por la famosa puertecita, pero no como autor de la mejor faena porque no la hizo. Lo ganó otro diestro que, para colmo, dejó escapar en parte al toro de la obra, uno de los mejores de la feria. ! Ya está bien, señores, de seguir cayendo en el ridículo !.