JOSÉ ANTONIO DEL MORAL
LA MÉXICO CIERRA SU GRAN TEMPORADA 2002 CON LA HISTÓRICA ALTERNATIVA DE PACO OJEDA Y LA PRESENCIA DE LAS MÁXIMAS FIGURAS DEL TORO MUNDIAL
Mientras México goza de una primavera calurosa y discute sobre la anunciada reforma fiscal, los impuestos indirectos que gravan el consumo diario y las declaraciones impertinentes e inoportunas del antiguo Abad de la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en las que negaba la existencia del indio Juan Diego a quien el Papa canonizará el próximo mes de julio, el ambiente de la inmensa metrópoli se calienta aún más a la espera de lo que se anuncia en la plaza más grande del mundo: Con dos jornadas de inusitada expectación, La Monumental Plaza México cerrará su temporada grande 2001-2002 fiel a la tradicional categoría y esplendor que estos festejos suponen cada año para el devenir del toreo mundial. Desde hace tiempo vengo afirmando que la gran temporada española empieza precisamente cuando finaliza la de acá y, éste, con verdadero y apasionado interés para los aficionados mexicanos y europeos que aguardan los resultados con fruicción. La nutrida presencia de corresponsales y enviados especiales que acaban de llegar desde España y Francia para cubrir los dos acontecimientos son la prueba del enorme interés que despiertan en todos los confines del orbe taurómaco.
Para ambas ocasiones, la empresa ha dispuesto una primera corrida que tendrá lugar mañana domingo día 3 de febrero en la que el gran y veterano interprete del toreo azteca, Miguel Espinosa "Armillita" confirmará la alternativa al último revolucionario del toreo, el sanluqueño y mítico Paco Ojeda, en presencia de Enrique Ponce, uno de los toreros "consentidos" de México y, desde hace más de diez años, grandiosa figura en todo el mundo, mas el siempre querido espada de Tlaxcala, Rafael Ortega frente a un encierro de ocho toros de la prestigiosa ganadería de Teófilo Gómez.
En el cuarteto, sin duda atrayente, destaca por muchos motivos la presentación de Paco Ojeda. Acontecer ciertamente tardío aunque no por ello importante por lo que supone de histórico para la carrera del matador español quien, tras reaparecer con moderado éxito en la pasada Feria del Señor de los Milagros en Lima, ha querido iniciar su campaña del 2002 en la primera plaza de América. Un gesto que le honra por asumir el fuerte compromiso ante una afición tan exigente como sensible y que, de resolver con bien, supondrá un fortísimo espaldarazo de cara a su inminente campaña española.
Sobre lo que Ojeda ha supuesto para el toreo hay mucho que decir por la influencia que tuvo desde que irrumpió, dada la extraordinaria personalidad de sanluqueño. Torero único en su estilo que traspasó los confines de lo meramente taurino hasta convertirse en uno de los grandes artistas del final del siglo pasado. Aunque los años no pasan en balde para nadie y menos para los profesionales del toreo, Ojeda mantiene la onza de su estirpe y a poco que le ayudara un toro la podría cambiar en espléndida realidad. La de su inimitable carácter como hombre y como artista fuera de serie. Pues como en otros casos similares – muy pocos – reconocer sus respectivos estilos y toreos, concluye su significado.
¿ Qué hubo, qué hay detrás de la ilógicas maneras de Paco Ojeda, de su inexpugnable técnica, de su genial valor traducidos en una quietud, cercanía y temple tan intensos que nadie ha logrado hasta ahora llegar a lo que él alcanzó en sus mejores obras ?. Cuesta y costará desentrañar la complicada madeja de un diestro fuera lo común; un concepto del toreo al tiempo heterodoxo y ortodoxo; extraño y simple; tosco y suave; brusco y elegante; largo y corto; discutido e indiscutible.
Mientras para algunos Ojeda ha sido una importante anécdota por su marcada discontinuidad como profesional, para otros muchos entre lo que me incluyo, es y será uno de los más grandes artistas de la historia contemporánea y, desde luego, el torero con personalidad más influyente de los últimos tiempos. Torear, para él, es algo distinto a lo que se plantan los demás toreros. Es poder quedarse solo con el toro, apodérese de él, hacer que el toreo sea algo más que una danza peligrosa. Que el toro le entregue su bravura a medida que el torero se entrega en cada pase . Y matarlo después de una estocada, aunque eso a Ojeda es lo que menos le gusta. Si le dejaran, acompañaría al toro como a un amigo hasta el toril, o hasta la calle, o hasta el campo. Porque antes ha matado toda la bravura que le quedaba dentro.
Si se medita a fondo la paradoja, no hay tal contradicción El arte está enraizado en la vida y, consecuentemente, los trabajadores de la belleza solo son buenos copistas. Es preciso tener esto en cuenta para explicar la tauromaquia de Ojeda. Un diestro que no heredó el toreo, como otros, sino que lo inventó e intenta inventarlo cada tarde.
Aunque nunca fue al colegio, si a caso asistió a unas cuantas, muy pocas, clases nocturnas y por lo tanto carece de cualquier formación intelectual, nunca paró de pensar, de dar vueltas y revueltas a la razón de su ser. En sus primeros tiempos de torero furtivo en las marismas, a escondidas, casi siempre de noche, solo o acompañado de muy pocos, algunos empezaron a temer que llegara a profesionalizar y a poner en escena delante de los públicos las toscas habilidades que mostraba ante vacas "palurdas", enormes, cruzadas, de casta incierta. Las complicadas reacciones de estos animales, obligaron a Ojeda a imponer un diálogo técnico primitivo y salvaje. De tan asombrosa comunicación entre el misterioso muchacho y las bestias se empezó a hablar achacándolo a un descomunal valor hasta que, llegado el momento de presentarse en algunos festivales vestido de corto, poco a poco la torpeza de sus iniciales formas fue dando paso a la limpieza y aquella manera de librarse delante de los animales de la marisma, aquella sinrazón inverosímil que resolvía trances imposibles, las peligrosas arrancadas de las vacas toreadas, tuvo finalmente un resultado sorprendente y ya definitivamente presentable ante reses de bravura y nobleza normales. Y las cosas raras que Ojeda aprendió a hacer en la marisma, fueron recibidas en los ruedos como un auténtico milagro.
Aunque sus primeros triunfos e incluso otros posteriores de gran calado, fueron recibidos con escepticismo por la crítica y la afición "puristas" e incluso con incredulidad por la profesión taurina, de momento incapaz de comprender que estábamos asistiendo a la idealización del toreo furtivo y, por lo tanto, a un verdadera revolución taurina, pronto descubrimos que mientras que todos los toreros que habíamos visto habían llevado las maneras de salón a la práctica, él trajo la práctica al salón. Indudablemente, su insólita ley
procedía del extraño comportamiento de un hombre singular que siempre parecía llegar de alguna parte desconocida, como si no viviera en ningún sitio, ni en su propio pueblo, pues
siempre llegaba del campo. Como si su casa fuese el campo y su viaje la ciudad. La aventura imposible de un niño que escudriñó un mundo del que nunca pretendió extraer leyes generales de las cosas, sino solo usarlas.
Los animales y los hombres poseen un lenguaje rico y complejo, inexistente o roto por siglos de incomunicación Adivinar el vuelo de los pájaros, o intuir la situación y el estado de un venado en el valle, o saber de antemano cual va a ser la estratégica huída de la liebre es un don que solo se puede cultivar en la infancia agreste. No es otra cosa que la manifestación de una comprensión superior del mundo sensible. La que Paco Ojeda exhibió en los ruedos frente a unos animales con lo que él se entendió por encima del valor y de la técnica. Insólitos conocimientos que resultan imprescindibles para comprender su tauromaquia. De ahí que al producirse el choque entre la ilógica convicción de cuantos le negaron por sistema y su espíritu artístico que lindaba con lo mágico, para entender a Ojeda hubo que sacarle de contextos normalizados para acercarnos a su misterio y desvelarlo aunque descubrirlo totalmente sea tarea imposible, ya que fue y es un creador en el más amplio sentido de la palabra, sin más límites que su edad y los del toro tantas veces asimismo imposible.
Muy rico en matices espirituales aunque, lamentablemente, desgastable por humano y, por lo tanto, frágil, si el toreo pudiera crearse sin necesidad de atender a las condiciones físicas de sus interpretes, Ojeda sería nuevo siempre. Cada vez que apareció en los ruedos fue para enseñarnos algo que ni él ni nadie habían conseguido. Quizá obsesionado en lograr hallazgos, fue abandonando las formas más convencionales para centrarse en sus descubrimientos pese a los eclipses que nublaron su carrera profesional porque en el día a día del toreo en activo que ha de soportar cualquier gran figura si pretende ejercer de tal con todas sus consecuencias, a Ojeda nunca le interesó ni tampoco el combate por la supremacía numérica.
De ahí la morbosa expectación que ha despertado su presentación y confirmación de alternativa junto a los más grandes de la actualidad por cómo contrastará el público de La Mexíco la singular personalidad del genio de Sanlúcar de Barrameda con el poderío siempre elegante y extremadamente fácil del incombustible Enrique Ponce quien repetirá tarde el martes 5, la fecha emblemática del aniversario de la inauguración del mayor escenario taurino del mundo, bajo el recuerdo muy presente de lo que haya hecho Ojeda y en competencia con la máxima estrella del toreo en este inicio del siglo XXI, Julián López "El Juli", triunfador en las dos corridas que lleva toreadas este año en La México. Ambos en un momento de permanente y feliz compañía dando continuas tardes de gloria en todas y cada una de las plazas del mundo desde que surgió el más joven. Cuatro reses de "Xajay" y otras tantas de Reyes Huerta serán materia prima para la contienda entre las dos grandes figuras españolas y el ya consagrado "Zotoluco", instalado por derecho propio en las ferias de España, Francia y América, mas Leopoldo Casasola, esa nueva gran promesa mexicana que parece despejar y resolver con la fuerza de sus últimos éxitos el ansia que México tiene de ver cuajar por fin a jóvenes aztecas con futuro y vitola.