José Antonio del Moral

ANTESALA DE SAN ISIDRO 2002

Un año más encaramos de Feria de San Isidro con esperanza y con temor. La última singularidad del llamado primer ruedo del mundo no es precisamente ideal ni en casi nada parecida a lo que esta feria fue, pero la trascendencia de cuanto en los próximos 30 días suceda en Las Ventas vuelve a centrar la máxima atención del toreo mundial. Qué más quisiéramos que embistieran la mayoría de los toros que se van a lidiar, que todos los toreros que están anunciados triunfaran en la medida de sus posibilidades, que el público exigiera sin intransigencia y se comportara con seriedad y sin favoritismos, que las autoridades midieran cada corrida y cada actuante con ecuanimidad. Pero como sabemos que no va a ser así, dejemos al menos constancia de la disconformidad con las manías que una minoría de espectadores impone a capricho cada tarde, convirtiendo posibles espectáculos brillantes en jornadas insufribles.

Que la plaza se llene todos los días toree quien toree y lidie quien lidie no debería ser pretexto para el conformismo de la mayoría de los espectadores, reconociendo también el carácter cambiante y ocasional del público venteño, nada fiel a la cita diaria aunque la masa que inunda los tendidos contribuya a parecerlo. Los tendidos de Las Ventas ya no respiran al unísono y en cada corrida parece que estamos en una plaza diferente pese al denominador común de la ya inevitable murga del "7". Costumbre que, por desgracia, se ha convertido en ley de modo que, cuando unos van a ver al torero o a los toros que prefieren otros se emperran en incordiarles para que fracasen y cuando estos mismos se empeñan en que triunfen sus pocos predilectos, los más hemos de tragar el falso éxito porque les da la gana. De tal modo es así que el famoso "golpe cantado" que distinguió a las grandes figuras se ha convertido en cantada amargura para quienes los son de verdad. Actualmente y para colmo, muy pocos. Y para mayor desdicha, no todos en plenitud.

La lidia utópica no es la mejor. Tampoco el toreo ideal o idealizado que se exige a voces, pues cada toro tiene su lidia y cada torero su estilo, su sitio y su personalidad. De ahí que la impaciencia y la inclemencia sea la mayor enemiga de los toreros en Madrid porque actúan bajo una presión que les resta al menos el cincuenta por ciento de su capacidad natural. Bastante trago es comparecer ante la llamada "cátedra" para que, encima, los "catedráticos" se comporten como jueces inquisitoriales.

En cualquier caso y sobre el papel, la feria se presenta inquietante por el estado actual de la cabaña brava y más por el exceso de volumen que en Madrid se exige al toro. También porque entre la grey torera no acaba de romper este año ningún diestro con fuerza indiscutible. De los consagrados, "El Juli" será el más exigido y espero que no hasta el punto de obligarle a dejarse coger como el año pasado. José Tomás, hasta ayer mismo favorito de la plaza, tendrá que sacarse la espina del escándalo del año pasado y, sobre todo, torear como sabe no como lo vine haciendo desde hace dos temporadas. Y Enrique Ponce, sin complejos. Aunque ya no necesita torear en Madrid, vuelve porque le gustaría triunfar como lo hizo tantas veces y con la esperanza de que si le sale un buen toro le respeten y le dejen hacer.

El resto, ya se sabe, figura en el amplio "pelotón" aunque todos estamos pendientes de lo que puedan hacer para abandonarlo "Joselito", "Finito de Córdoba", "Morante de la Puebla", Manuel Caballero, Eugenio de Mora, Miguel Abellán y los nuevos que debutarán en el serial: Alfonso Romero, Antonio Ferrera, Antonio Barrera, "El Fandi y Antón Cortés. Los tres últimos en trance de confirmar su alternativa. También por ver si repiten éxito los que lo consiguieron en las dos últimas ediciones, Rafael de Julia y "El Califa". Y, como no, cuantos siguen, todos los que son en mayor o menor medida. Más seguro triunfo tienen casi asegurado los rejoneadores, sobre todo Pablo Hermoso de Mendoza y Joao Moura que actuaran una tarde mano a mano. Y todos, absolutamente todos a la espera de la lotería. Porque en Madrid, como en casi todas las grandes feriasen plazas de primera, será la suerte de un toro quien les dé la gloria si el público es capaz de esperar. De que estos pocos premios caigan en manos de los tres o cuatro verdaderamente capaces de sacarles partido dependerá que el ciclo sea para recordar. Si no es así, si esos toros de premio les tocan a los demás, la feria será una más. Como acaba de pasar en Castellón, en Valencia y en Sevilla. Una más y espero que no una menos. Suerte para todos.