6ª DE LA FERIA DE SAN ISIDRO EN MADRID José Antonio del Moral

BARRERA ARRUGADO, UCEDA VALIENTE Y ROMERO EN EVIDENCIA

Inaceptable salgo de ganado y primer "tango" de la feria

Madrid. Plaza de Las Ventas. 16 de mayo de 2002. Quinta de feria. Tarde de bochorno con molestas rachas de viento y más de tres cuartos de entrada. De los toros anunciados de Arauz de Robles, solo se lidiaron tres, sin cuajo ni fuerza alguna los dos primeros y bastote y manso a más de descompuesto aunque posible el que hizo de quinto. Por devolución del inválido tercero, se lidió un sobrero cinqueño de Gavira asimismo sin ninguna fuerza. Por sucesiva devolución del anunciado cuarto de Gavira, se corrió un segundo sobrero de Criado Holgado tan imponente como noble. El último también fue un sustituto de Gavira, descomunal, cornalón y rajado aunque manejable. Vicente Barrera (turquesa y oro): Pinchazo hondo y descabello, silencio. Pinchazo, estocada ladeada y ocho descabellos, aviso y pitos. José Ignacio Uceda Leal (avellana y plata): Buena estocada, silencio. Estocada caída, petición y vuelta al ruedo. Alfonso Romero (lirio y azabache): Estocada trasera atravesada y descabello, silencio. Ocho pinchazos yéndose y sablazo en los bajos, protestas. Tras finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en el aniversario de la muerte de José Gómez "Gallito".

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Corrida infumable, sobre todo en su primera mitad, y ligero divertimento en la segunda gracias al relativamente mejor comportamiento de los toros que siguieron en saldo inaceptable. Los dos primeros de Arauz de Robles, escurridos de carnes aunque con cara pero sin fuerza, provocaron las primeras protestas y esta vez con toda razón. Y más el tercero por lo que al presidente no le cupo otro remedio que sacar el pañuelo verde. Sin embargo, la gente se tragó con más paciencia el sobrero por ser de otra ganadería a pesar de que se cayó como los anteriores. Hasta ese momento la corrida se precipitaba en un pozo sin aparente fondo porque tampoco los toreros anduvieron lo acertados ni, sobre todo, lo breves que cabía esperar ante unas reses sin resuello. Ante tal estado de cosas, lo procedente hubiera sido abreviar y matar. Pero como ahora la moda es cubrir diez minutos o más de trapazos inútiles, tuvimos que aguantar el primer "tango" de la feria, con el único aliciente de la prontitud con que mataron los tres espadas, sobre todo Uceda Leal que con su estocada al segundo "cantó" las ganas que traía.

Uceda, en efecto, fue el único que se libró para bien de la espesa y en gran parte plúmbea jornada porque por primera vez le vimos dispuesto a jugársela sin concesiones. Y así fue en los lances de recibo al quinto, de Arauz de Robles, y en su faena de muleta en la que si faltó temple en los primeros muletazos, sobró entrega. Sorprendente. Uceda venía comportándose al contrario en otras muchas ocasiones anteriores en las que, como el año pasado, dejó escapar un par de toros buenos por su mayor empeño en ponerse bonito que en dominar previamente a los animales. El cambio de estrategia le salió bien esta vez y aunque el de Arauz no se prestó con facilidad con su incesante calamocheo, el torero se entregó y terminó metiendo al toro en la franela, terminando de un espadazo contundente aunque algo caído. Hubo petición insuficiente y al menos pudo dar una vuelta que aún iniciada por su cuenta terminó entre ovaciones generales.

Otro cantar acababa de sufrir Vicente Barrera quien tuvo el mejor toro de la tarde: otro sobrero de Criado Holgado, tan imponente como franco. Barrera empezó con firmeza y con temple su faena y pareció que iba a seguir así pero un extraño del toro al dar un redondo le debió asustar porque, de ahí en adelante, su toreo sucedió sin la determinación debida. Barrera continuó con ambas manos pero sin convicción, dejando al toro a su aire y él sin ninguno. Ante las protestas del público cortó en seco el trasteo y tras pinchar se eternizó con el descabello.

El murciano Alfonso Romero llegó vestido de "artista" que es lo suyo y la verdad es que no encontró ocasión de demostrar que lo es porque en cuanto las reses le plantean dificultades queda en evidencia su incapacidad y su escaso valor. El sexto fue un toro no fácil pero posible y aunque Romero quiso hacerle el buen toreo que sabe con los toros muy nobles, no fue capaz de rematar casi ningún muletazo y menos de matar con un mínimo de dignidad.