4ª DE LA FERIA DE SAN ISIDRO EN MADRID José Antonio del Moral
VICTOR PUERTO SE ENCHULA Y CASI GANA LA PARTIDA
Mansa y rajada corrida de "El Ventorrillo" y sin suerte "El Califa" y Rafael de Julia
Madrid. Plaza de Las Ventas. 14 de mayo de 2002. Cuarta de feria. Tarde espléndida y casi lleno. Seis toros de "El Ventorrillo", bien aunque desigualmente presentados y mansos en distintos grados de fuerza, rajándose o viniéndose abajo todos menos el cuarto que fue el más noble y el que duró más. Víctor Puerto (grana y oro): Estocada trasera tendida, aviso y pitos injustos. Pinchazo y media tendida, leve petición y gran ovación con alguna discrepancia. José Pacheco "El Califa" (marino y oro): Cuatro pinchazos y tres descabellos, aviso y silencio. Pinchazo y estocada, silencio. Rafael de Julia (borgoña y oro): Pinchazo hondo arriba y dos descabellos, silencio. Tres pinchazos y estocada, silencio.
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La tarde se presentaba interesante por ver si los tres matadores anunciados eran capaces de reeditar sus respectivos triunfos en pasadas ferias isidriles. Víctor Puerto lo consiguió el año de su presentación y El Califa" y Rafael de Julia en las dos últimas ediciones. Dos de ellos creyeron entonces que su éxito les bastaba para ser figuras y pronto se dieron cuenta de que no. El más joven no se lo creyó tanto y ahí anda a la espera de próximas ratificaciones pero sin tantas ínfulas. Pasado el tiempo y pese a todo, Puerto es el que lleva una carrera más consistente y ya hace un par de temporadas pareció olvidar su estilo retórico y sus ademanes para la galería. Víctor lo ha logrado solo en parte pues mantiene doble versión: unas veces se tira por los carros y otras se transfigura en gran torero, acierto que en las dos últimas ferias de San Miguel en Sevilla le ha llevado a la gloria maestrante. Ante tal dilema y por fortuna, ayer vimos al Puerto serio, torero y responsable. Nada de miraditas al tendido ni de mostrarse encantado de haberse conocido. Salió a triunfar sin concesiones y la verdad es que casi lo consigue de no haber fallado con la espada. Gafe que, por el momento, está pesando en las tardes que llevamos en las que podríamos haber salido a triunfo por jornada.
La corrida de "El Ventorrillo" vino más por las influencias de su dueño que por merecimiento. Toros de origen Juan Pedro Domecq "preparados" para Madrid por haber reses con cara en el campo y la mayoría sacados de tipo con las inevitables consecuencias. Y es que estos adinerados metidos por capricho a ganaderos, con tal de figurar son capaces de todo sin el menor sentido del ridículo. La nobleza indudable de los seis se estrelló con los kilos, con la mansedumbre, con la blandura, con el descastamiento y tan solo un toro, el cuarto, dio buen juego aunque no para tirar cohetes. Puerto estuvo muy bien con él y no sólo como lidiador - hasta se ocupó personalmente de la brega en banderillas - sino como estratega además de cómo artista. El reto lo afrontó con gran parte de la plaza en su contra aunque sin razón. Pues en su primer toro, enseguida rajado y en parte descompuesto, Víctor entró a matar tras una faena técnicamente apropiada a las nulas condiciones de su oponente y la espada le quedó trasera y tendida con síntomas de suficiente. Los peones se apresuraron a marear al toro para que doblara pronto y los del 7 les montaron el pollo. Puerto, sin duda enojado, ordenó a los banderilleros que se retiraran y, alejado del bicho, esperó largo rato a que muriera, cosa que el animal cumplió tras larga y espectacular agonía. La orden del matador fue tomada por la masa como afrenta chulesca y lo que otras veces es motivo de ovaciones se trocó en bronca. Pues bien, desde este chulesco gesto, Puerto tuvo que convencer a todos. Primero al toro que toreó bien de capa y mejor de muleta en una faena inteligentemente planteada entre largas distancias y pausas para citar y darle respiro entre tanda y tanda - mejor con la derecha - intercalando muletazos de gran categoría artística como una trinchera de cartel y varios ayudados por bajo que recetó con fresco perfume. Y segundo para volcar la tortilla a su favor, cuestión que pareció lograr hasta que llevó al toro a los medios para entrarlo a matar y lo pinchó antes de agarrar la media definitiva. En cualquier otra plaza del mundo se hubiera premiado esta faena. Aquí, su autor ni se atrevió a iniciar la vuelta al ruedo.
Lo demás careció de interés aunque quepa señalar el valor de "El Califa" en el arranque de sus dos faenas con sendos pases cambiados escalofriantes en los medios y unos pocos muletazos mientras respondieron sus toros, mas las ganas y las buenas maneras de Rafael de Julia con los suyos, los dos más blandos y sosos del envío.