3ª DE LA FERIA DE SAN ISIDRO EN MADRID José Antonio del Moral
JAVIER VALVERDE PIERDE LA PUERTA GRANDE CON EL DESCABELLO PERO DA UNA GRAN TARDE EN SU DESPEDIDA DE NOVILLERO
Buena novillada de "La Quinta" y muy desvaídos Martín Quintana y "Procuna"
Madrid. Plaza de Las Ventas. 13 de mayo de 2002. Tercera de feria. Tarde agradable con rachas de viento y tres cuartos de entrada. Seis novillos de "La Quinta", justos de presencia salvo los dos últimos que tuvieron hechuras de toros en distintos grados de casta y de fuerza. Por su mayor nobleza destacaron el extraordinario primero, el cuarto y el sexto. Martín Quintana (blanco y plata): Estocada trasera y descabello, pitos tras ser ovacionado el toro en su arrastre. Estocada caída, leve petición y ovación. Luis Vital Procuna (amapola y oro): Pinchazo hondo tendido y estocada, silencio. Casi entera trasera tendida, silencio. Javier Valverde (grana y oro): Pinchazo hondo perpendicular en la suerte de recibir, otro pinchazo y cuatro descabellos, ovación. Estocada a toro arrancado y tres descabellos, gran ovación.
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Javier Valverde se despedía de novillero en Madrid y a fe que faltó poco para que lo hiciera saliendo a hombros por la puerta grande. Pero como ayer le sucedió a "El Cid" aunque no con tanta persistencia, falló con las espadas y perdió una oreja de cada uno de sus novillos. Noblón aunque soso su primero, Valverde lo entendió con la seguridad, la firmeza y el temple que le son característicos y tras acoplarse a más por el lado derecho, se estrechó por naturales que recetó con recreo y largura pese a que el novillo salió siempre de los pases con la cara alta. Con tres ayudados y un farol improvisado cuando el bicho le hizo un extraño más un final muy suave de pecho seguido de adornos y abaniqueo, terminó Javier esta faena en la que se metió el público tanto o más que el diestro. ¿ Se equivocó al intentar la suerte de recibir a sabiendas de que el novillo no humillaría en el embroque ?. Fue en todo caso el deseo de matar con la mitificada y ahora casi inusual suerte la que ensució involuntariamente su obra, con el detalle añadido de entrar a matar de nuevo en vez de usar el descabello como actualmente hacen muchos sin haber enterrado el acero ni una vez. Mejor aún estuvo con el también mejor sexto al que recibió por verónicas ganando terreno en cada una, antes de intentar un quite imposible por la mansedumbre que en forma de huida exhibió el cuajado novillo. Aunque pareció descomponerse en palos, este sexto acabó rompiendo en la muleta aunque se abrió demasiado en cada viaje. Valverde lo cerró en cada intento dejándole llegar hasta su mismo cuerpo para desde allí recrearse en redondos muy ceñidos, ligados y templados que interpretó con seca tranquilidad y elegante estoicismo. También al natural sobresalió y creció la faena en la que al dar el penúltimo muletazo a poco estuvo de ser arrollado porque el novillo le empaló. La plaza echaba humo y los tendidos rendidos, dispuestos a sacar los pañuelos que la gente tuvo que guardar en su novillo anterior y una estocada recetada por sorpresa a toro arrancado pareció el definitivo espaldarazo al salmantino. Pero el novillo no dobló y Valverde tuvo que utilizar el descabello varias veces. Una pena.
Del resto del festejo, los novillos destacaron por encima de sus matadores. Sobre todo el que abrió plaza, realmente completo en los tres tercios - se fue muy arriba en palos y puso en serios aprietos a un banderillero - con el que Martín Quintana dio un recital de vulgaridad. No tanto con el también noble cuarto, al que muleteó delante del tendido 5 en busca de refugio por el viento y, sobre todo, del trato siempre más agradable de los espectadores de sol. Así fue, aunque también el diestro extremeño se sintió más y no toreó tan rígido y monocorde como antes. La estocada entera pero caída equivocó a muchos y le pidieron la oreja, pero sin demanda suficiente.
Luis Vital "Procuna" dio muy pobre impresión incluso con las banderillas que son su especialidad. Al segundo, el único malo y manso del encierro, le pareó con facilidad pero sin mayor relieve y al buen quinto con notoria imprecisión en tres pares que clavó donde buenamente pudo como un vulgar peón. Nada pudo hacer Procuna con la muleta al parado y distraído segundo, pero sí al quinto en el que se perdió en un insufrible destajo que irritó a la parroquia aunque nadie pudiera negar la mucha voluntad del lusitano.