LOS TOROS EN INVIERNO José Antonio del Moral

¿POR QUÉ NO CESAN LAS AGRESIONES AL MUNUMENTO DE CURRO ROMERO?

Porque no lo merece si consideramos que otros toreros sevillanos tienen tanto o más derecho a tenerlo en el mismo sitio que lo han erigido. La condescendencia y hasta el contento general hubiera provocado el homenaje si la estatua la hubieran puesto en su pueblo natal, lo mismo que "Joselito" tiene uno de Gelves y Antonio Ordóñez en Ronda. Pero delante de la plaza de la Real Maestranza, el monumento a Curro supone un desprecio para varios toreros sevillanos bastante mejores como lo fueron el mencionado "Joselito", Juan Belmonte, "Chicuelo", Pepe Luis Vázquez, Manolo González, Paco Camino, Diego Puerta y "Espartaco". ¿ O no ?. Ya me referí a ello en uno de mis artículos a finales del pasado año, pero ante la segunda agresión que ha padecido la, por otra parte, magnífica escultura que repite fielmente a Curro en bronce, inspirada en una de las mejores fotografías que le hizo Pepe Arjona, que todo hay que decirlo porque nadie lo ha hecho por el momento, hay que volver de nuevo al tema por muy delicado que sea. Sobre todo en Sevilla donde oficialmente todo el mundo pareció encantado con la estatua mientras en los corrillos de grandes aficionados y, sobre todo, de profesionales del toreo no paran de largar y de quejarse. Algo muy propio de los sevillanos, capaces de dar una amable oreja e incluso de regalar una salida por la Puerta del Príncipe a un torero y, acto seguido, quitarle mérito en las tertulias que se forman delante de la Maestranza nada más finalizada la corrida.

Cuando una mañana apareció la pintada tildando de asesino a Curro sobre el pedestal de la estatua, la mayoría de los medios se hicieron eco escandaloso de la agresión. Y aunque es cierto que Curro Romero "asesinó" a la mayoría de los toros que mató, empezando por su orden a los picadores de masacrarlos en la suerte de varas y terminando por sus famosos sablazos en el chaleco corriendo despavorido a paso de banderillas, el terrible apelativo hacía pensar en una afrenta más de los antitaurinos. Por eso y, aunque se armó un tremendo jaleo, muchos le quitaron importancia y trascendencia. Pero la agresión que acaba de sufrir anteayer, aunque no tiene palabras, es más preocupante y significativa: un jarrazo de pintura blanca sobre la cabeza del torero que suponemos proviene de uno o de varios de los secretos disconformes con la procedencia del monumento, taurinamente hablando. Lo peor y a pesar de la verja que han colocado alrededor para protegerlo, es que vendrán más actos vejatorios y al final la estatua a Curro terminará siendo motivo de repetidos escarnios hasta que la quiten y se la lleven a Camas.