LOS TOROS EN INVIERNO José Antonio del Moral
LA ETERNA LENIDAD TAURINA DE LA ADMINISTRACIÓN
Cada vez que llegan Las Fallas, la Feria de Sevilla, San Isidro, los Sanfermines y todas las grandes ferias de España, los políticos se afanan en buscar acomodo en localidades privilegiadas, por supuesto de "convite", para ir a los toros y, sobre todo, para dejarse ver en los callejones, en las barreras y en localidades lo más bajas posible. Los hubo, los hay y los habrá que su anclaje, digamos oficial, en la organización de espectáculos taurómacos - bien sea por la vía de "sus" plazas públicas o del tutelaje que a algunos obliga un anquilosado reglamento - se hicieron más famosos por el roce de los alamares que por lo que les incumbía en sus respectivos puestos y poltronas. Sin embargo, tanto interés y tantas prisas por el toro y el toreo en su más lujosas versión, no suele corresponderse con la ayuda que la Fiesta reclama, muchas veces con urgencia. Ahora mismo estamos viviendo una situación ciertamente incomprensible a propósito del llamado y ya casi olvidado "mal de las vacas locas". Tras más de un año de problemas y prolijas investigaciones, se ha demostrado palpablemente que la plaga no supone peligro alguno para la comercialización de las carnes de reses bravas. Pues bien, ningún órgano ministerial de los implicados en el problema ha dado todavía instrucción oficial para que los empresarios puedan organizar festejos sin necesidad de quemar las reses muertas ni, por lo tanto, de gastar un solo euro en tal menester, aparte las ganancias que, por la venta de carnes, supone un dinero que, sobre todo a los más modestos organizadores, apenas les salva del negocio. Aunque, in extremis, los conflictos que plantean los taurinos suelen arreglarse cuando empieza la temporada grande, los espectáculos de arranque en plazas de menor fuste aunque de gran tradición, como Aljavir o Valdemorillo, tienen que afrontar la lenidad de las autoridades con el perjuicio consiguiente. ¿ A qué esperan ?.