CORRIDA DE TOROS EN ILLUMBE José Antonio del Moral

OREJAS DE DISTINTO VALOR Y CONDICIÓN PARA LA PERFECCIÓN DE PONCE, EL PORTE DE "FINITO" Y LA RAZA DE "EL JULI"

San Sebastián. Plaza de Illumbe. 24 de marzo de 2002. Corrida con motivo de la Feria Mundial de Novilleros. Tarde muy agradable, plaza cubierta y dos tercios de entrada en festejo televisado en directo. Seis toros de Salvador Domecq, bien presentados y muy descarados de cuerna. Salvo el sexto, que presentó dificultades, nobles en distinto grados de fuerza de la que adolecieron en líneas generales. Por más suave, destacó el primero. Enseguida rajado el tercero; muy manejables los que compusieron el segundo lote y sin ningún fuelle ni fuerza el muy veleto cuarto. Enrique Ponce (turquesa y oro): Buena estocada, oreja. Media estocada, silencio. "Finito de Córdoba" (blanco y plata): Bajonazo, silencio tras leve división. Estocada caída, oreja facilona ligeramente protestada. "El Juli" (marino y oro): Trasera caída, ovación. Estoconazo desprendido, oreja. Muy bien en palos y en la brega Mariano de la Viña y Antonio Tejero.

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A medida que avanza la temporada y en citas puntuales e importantes como esta de Illumbe, cada cual va ocupando el lugar que le corresponde en función de su capacidad, de su raza, de su arte y, claro está, de los toros que les van cayendo en suerte o en desgracia. Después de los muy terciados y pobres encierros que acabamos de ver en Castellón y en Valencia, nos tropezamos con una corrida de irreprochable trapío y gran ecornadura aunque, por desgracia, sin la fuerza que, de haberla tenido, nos habría deparado un festejo de muy alto nivel. Pese a la carencia señalada, en el encierro de Salvador Domecq hubo tres toros de triunfo y un lote infumable que, una vez más, puso a prueba la famosa raza y capacidad de "El Juli" quien, a base de echarle bemoles, cerró el festejo con la oreja que no tenía más remedio que cortar para no salir de vacío. Me gusta mucho más ver a "El Juli" cuando actúa junto a toreos que le motivan porque no consiente que le ganen la partida aunque la suerte no le acompañe. Su primer toro no le dio opción alguna con la muleta porque al primer pase se rajó y se fue a tablas, lugar donde Julián le pudo sacar lo poco que tenía. Claro que antes se había destapado firme y ceñido con el capote y espléndido con los palos. Pero no hubo premio y, tras los obtenidos por Ponce y por "Finito", a "El Juli" no le cupo otra opción que jugarse la cornada con el sexto. Logro que empezó con otra demostración de raza incuestionable, tanto el recibo de capa, de nuevo en palos y en una faena de menos a más, inteligente y entregado hasta ser prendido por la pantorrilla, sin consecuencias por fortuna, que deparó el altísimo grado de entrega que este torero es capaz de derrochar cuando le aprietan.

Y vaya que le habían apretado, sobre todo Enrique Ponce con el toro que abrió plaza, un castaño veleto con suficiente aunque débil motor para aguantar las empacadas verónicas de saludo, un quite precioso y una gran faena sobre ambas manos, metiendo al toro por el peor lado izquierdo con extraordinarios naturales e intercalados adornos de alta categoría que tuvieron el marchamo de la etiqueta poncista, desde hace un par de años convertido en torero pluscuamperfecto. Como si estuviera en un tentadero vestido de esmoking lidió y toreó Ponce a este toro hasta el punto de que, a pesar de la excelencia de la faena, de la buena estocada y que el toro dobló el bicho enseguida, solo le fue pedida y concedida una oreja. Claro que si hace lo mismo en cuarto lugar y sólo por término de comparación, le habrían dado dos y hubiera salido a hombros. Lo intentó también con el muy cornalón cuarto pero, aunque se arrancó de largo con prontitud a los precisos toques de Enrique, el toro apenas pudo sostenerse y menos alargar sus cortas embestidas. Ponce lo vio venirse increíblemente tranquilo y firme desde muy lejos en cada cite, pero este gesto de valor sereno y natural propio de elegidos no compensó lo demás, desistiendo pronto el gran torero.

"Finito de Córdoba" fue el medio virtus y a la baja de la terna por desacoplado con sus dos ejemplares a los que no supo templar como debía, aunque en tal o cual lance o muletazo - solo una gran tanda a derechas en el segundo tuvo factura e hilazón, y muy pocas cosas sueltas en el quinto al que perdió demasiados pasos entre tandas o unipases, casi todos enganchados - sobresalió el gran porte torero que atesora y tantas facilidades le proporciona. La verdad es que en parte desaprovechó una buena ocasión pese a la oreja que le regalaron espectadores y presidencia, a todas luces de menor valor que las otras que se otorgaron.