SEXTA DE FALLAS EN VALENCIA José Antonio del Moral

DOS OREJAS PARA "EL JULI" Y UNA PARA PONCE BAJO EL TONO MENOR DE UNA CORRIDA MUY TERCIADA Y FLOJA DE "CAPEA"

Antón Cortés tomó una amable alternativa y "El Juli" salió a hombros

Valencia. 15 de marzo de 2002. Sexta de feria. Tarde agradable con rachas de viento y lleno total. Seis toros de Carmen Lorenzo (esposa de "El Niño de la Capea), incluido el sobrero que sustituyó al primero, devuelto por muy flojo. Sin apenas cara y, aunque sobrepasaron los quinientos kilos, sin trapío. Todos muy nobles en distintos grados de fuerza de la que adolecieron en exceso. Los más enteros, el sobrero y, sobre todos, el tercero Los más débiles, segundo, cuarto y sexto. Enrique Ponce (celeste y oro): Estocada desprendida, palmas. Estocada caída y descabello sin efecto, oreja. "El Juli" (purísima y oro): Estoconazo desprendido, oreja. Estocada trasera y dos descabellos, oreja. Salió a hombros. Antón Cortés (blanco y oro): Pinchazo y trasera, ovación. Dos pinchazos y estocada, palmas.

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Al ambientazo inicial como correspondía a tan magno acontecimiento, siguió un festejo que podríamos calificar de simplemente amable. A medias feliz para el toricantano Antón Cortés que, por pinchar dos faenas entonadas en las que mostró aplomo, finura de estilo y no poca soltura, perdió fáciles trofeos. Tan fáciles como los que cortaron "El Juli" y Enrique Ponce, a sabiendas de que iban a matar un encierro de poca presencia y menos motor porque lo de "El Niño de la Capea" está cada vez más flojo y menos encastado. De todas maneras el público disfrutó en líneas generales mientras los aficionados más exigentes se quejaban de la poca entidad de lo visto, incluso las premiadas faenas de las dos máximas figuras, muy en consonancia de lo que ambos son, aunque sin lograr demostrar el poderío que les distingue porque no hubo que poder con nada. El Juli y, algo menos Ponce, se divirtieron jugando al toro y santas pascuas. El Juli contó con el toro más entero de la tarde, el tercero, un animal que saltó dos veces al callejón pero que se fue arriba en palos y resistió la media faena de Julián porque acabó rajándose hacia tablas. "El Juli" se marcó un trasteo marca de la casa con la inteligencia y la capacidad que le son propias al saber improvisar muletazos y suertes vistosas ante cualquier reacción que los toros tengan para bien o para mal. La entrega al matar fue determinante para que la petición de oreja fuera mayoritaria y, por supuesto, muy ruidosa. Era el apasionado desquite del público tras el fiasco con el toro anterior, tan flojo como el devuelto o más, al que Ponce intentó faena sin la más mínima atención del respetable. Por eso supo a más de lo que fue la faena de Enrique con el cuarto, prendido con alfileres y sostenido por el maestro valenciano gracias a su extraordinario temple y a las buscadas pausas que intercaló a paso de ballet entre las tandas - muy buena la primera con la derecha, la segunda al natural y los ayudados por bajo finales - en las que sobresalió la elegancia y el soberano empaque de Ponce, esta vez en gran torero sin toro como los grandes futbolistas sin balón. La estocada de Ponce, aunque bien ejecutada, quedó caída y ello a más del descabello enfrió los ánimos hasta el punto de que al presidente le costó sacar el pañuelo para conceder la oreja. Luego vino la mejor faena de "El Juli" frente a otro toro sin importancia pero algo más duradero, a lo que contribuyó la maestría del madrileño que supo y pudo ligar el toreo con intensidad en redondo y al natural, exprimiendo al bicho hasta el máximo de sus posibilidades. El segundo golpe con el descabello privó a "El Juli" de una segunda oreja.