QUINTA DE FALLAS EN VALENCIA José Antonio del Moral
OREJA PARA UNA IMPORTANTE FAENA DE RIVERA ORDÓÑEZ
Serios "jandillas", prudente Caballero y entre el pánico y el éxtasis Conde
Valencia. 14 de marzo de 2002. Quinta de feria. Tarde a ratos lluviosa, fresca, con rachas de viento y algo más de media entrada. Seis toros de "Jandilla" muy altos de agujas, bien armados, serios, de mucho peso y correosos salvo el quinto, mejor hecho por más bajo y de buen juego aunque se rajó en el último tercio. Manuel Caballero (berenjena y oro): Estocada trasera y descabello, palmas. Estocada trasera tendida desprendida, palmas. Javier Conde (avellana y oro): Dos pinchazos, envainada, media estocada, pinchazo y cinco descabellos, aviso y pitos. Medio sablazo y cinco descabellos, dos avisos y pitos. Francisco Rivera Ordóñez (marino y oro): Estoconazo caído, oreja. Tres pinchazos y media estocada, silencio.
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Tras ver aparecer los seis toros de "Jandilla" entendimos bien por qué a esta corrida no se quiso apuntar ninguna figura y menos José Tomás. La fecha, aún temprana, tampoco invitaba a participar y tras la polémica acerca de quienes serían beneficiados, quedó fuera de la feria "Finito" y entró con dos corridas Manuel Caballero quien, dadas sus evidentes prudencias en las faenas que llevó a cabo, mostró carta negativa en su arranque de temporada. Prudente, aunque como buen profesional que es, poco faltó para que le cortara la oreja a su primero, el más posible de su lote, de no haber sido por la lluvia que obligó a huir de los tendidos a muchos espectadores. Caballero evidenció definitivamente sus cautelas ante el más difícil cuarto y como también nos mojamos antes de que saliera al ruedo, pudimos ver el arco iris recortado sobre un muy cárdeno nubarrón, al tiempo que el sol pareció no haber querido perderse la importante faena que Francisco Rivera Ordóñez le hizo al tercero.
Fue el momento estelar de la tarde porque a Rivera se le esperaba por doble motivo. Las mujeres y sus forzosos acompañantes por el morbo que había despertado su reciente separación matrimonial; los aficionados para comprobar si ello le había afectado para mal aunque algunos, como yo, íntimamente convencidos de que sería para bien, sobre todo después de verle en las últimas corridas del año pasado, en los festivales previos a la presente y porque, al fin y al cabo, en lo más dentro de su alma hay un pura sangre. Rivera Ordóñez ratificó las esperanzas depositadas en él y se arrancó determinado a triunfar con su primer toro, fuera como fuese. Primero con el capote a la verónica ganando terreno en cada lance hasta rematar con media en el platillo. Y en la faena, a base de aguante, de firmeza, de poder y de temple. Sin exquisiteces, que no le sobran, pero muy de verdad, muy hondo y muy sentido. Hasta se desmelenó. Aunque la faena no tuvo la intensidad ni la limpieza inicial cuando se echó la muleta a la zurda y a pesar de que el estoconazo, recetado con fe y en rectitud, quedó algo caído, se ganó la oreja por ahora más importante de esta feria. Luego con el sexto, un torancón sin recorrido y prácticamente imposible con casi 600 kilos, aunque quiso no pudo redondear el triunfo que buscaba. En cualquier caso, quiero dejar personal constancia del gran momento profesional de Rivera porque lo merece y porque me he pasado años señalando sus muchas malas tardes sin que el torero entendiera mis censuras después de haberle cantado cuando ocupó privilegiado lugar en los primeros puestos del escalafón. Nunca es tarde si la dicha es buena.
La actuación de Javier Conde estuvo a tono con su fama. Artista inconsistente, se mostró técnico y aseado con el tan solo potable segundo después de que sus peones escenificaran a su favor un tercio de pánico con las banderillas. Pero pegó un primer sainete con la espada. Igual que al matar al quinto, el único toro realmente bueno del envió aunque se rajara en la muleta. Conde brindó al respetable una labor que discurrió demasiado pausada en busca de la inspiración que llegó a retazos: entre el pánico y el éxtasis, entre el olé y los gritos, entre la rechifla y las palmas.