TERCERA DE FALLAS EN VALENCIA José Antonio del Moral
HERMOSA PERO MUY FLOJA NOVILLADA DE "GUADALEST" Y BUENA AUNQUE PINCHADA FAENA DE JAVIER VALVERDE QUE, INEXPLICABLEMENTE, NO TUVO ECO EN LOS TENDIDOS
Valencia. 12 de marzo de 2002. Tercera de feria. Tarde fría con un tercio de entrada. Seis novillos bien presentados, de bonita lámina y vario pelaje de "Guadalest" (procedencia "Torrestrella" y últimamente propiedad de Fernando Sánchez, uno de los nuevos empresarios de la plaza de Valencia tras comprarla a Manuel Prado Colón de Carvajal). Muy débiles y de varia condición: nobles los tres primeros y con genio los tres restantes. Leandro Marcos (lila y plata): Pinchazo saliendo dramáticamente prendido por la faja sin consecuencias, otro pinchazo, estocada y descabello, silencio. Estocada desprendida, aviso y ovación. Javier Valverde (grana y oro): buena estocada y dos descabellos, inexplicable silencio. Pinchazo, estocada y tres descabellos, silencio. José Luis Miñarro (celeste y oro): Pinchazo y estocada, aviso y ovación con saludos. Pinchazo y estocada, ovación con saludos.
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De la desbordante alegría con la bravura de los novillos de "Fuente Ymbro" pasamos de nuevo a la decepción con la excesiva blandura de los de "Guadalest". Bonancibles los tres primeros, sin embargo, dieron ocasión para que la terna se luciera, lo que lograron según su leal saber y entender pero con parejos resultados - ninguno cortó oreja - aunque con matices inexplicables respecto a las reacciones del público. Leandro Marcos, bien vestido y dispuesto, volvió a evidenciar la frialdad academicista que distingue sus maneras e, igual que ocurrió en Nimes hace un par de semanas, toreando bien pero sin alma, sin chispa ni transmisión. Muletazos planchados de buena traza, ligados algunos como correspondía hacer pese a lo tardo del noble primero, su faena no llegó a los tendidos y solo cuando Marcos resultó prendido por un cuerno al entrar a matar y pinchar, se inquietó la parroquia aunque más por lo que podría haber pasado que por otra razón. Hasta ese momento, la también fría reacción de los aficionados me la expliqué por el frío de la tarde, por aquello de ser el primer novillo del festejo y por cuanto acabo de contar sobre la manera de torear del vallisoletano. Pero es que lo mismo o más y sin tantas razones ocurrió con Javier Valverde pese a sus muy buenas verónicas de apertura y a su bastante mejor faena, desde luego la más torera por concepto, poder y garra de la jornada. También resultó flojo este segundo novillo y, asimismo tardeó lo suyo, pero el toreo de Valverde era otra cosa por planteamiento técnico, entrega de corazón y razón de ser artística pese a su conocida sobriedad. Ni siquiera la buena estocada alteró los sentimientos de los espectadores y menos tras necesitar de un par de golpes con el descabello.
La relativa explicación a lo que digo llegó con el tercero que correspondió a un valenciano llamado José Luis Miñarro, tan dispuesto como torpe, tan aparentemente valiente como destemplado, tan malo en definitiva. A pesar del constante apoyo de sus paisanos, no logró nada limpio porque no pudo domeñar las primeras arrancadas de su primer novillo ni llevarlas después con el temple que necesitaba sus débiles y nobles viajes. Sus largas cambiadas y faroles de recibo, y los estatuarios y pases de rodillas con que arrancó sus dos faenas, fueron lo único que se le pudo tomar en cuenta y lo que le valió las mayores ovaciones. Nada de nada lograron con la muleta los tres espadas con los ejemplares que restaron, muy bonitos pero imposibles, quedando para el relativo recuerdo los pares de banderillas que colocaron tres peones de la tierra: Antonio Peinado, Domingo Navarro y Cesar Fernández.