3ª DE LA FERIA DE LA COMUNIDAD EN MADRID. José Antonio del Moral

OREJA JUSTITA PARA JAVIER VALVERDE Y BIEN MENDOZA Y VEGA

Los tres anduvieron por encima de una deslucida novillada de "El Ventorrillo" en tarde fría y muy ventosa

Madrid. Plaza de Las Ventas. 3 de mayo de 2002. Tercera de la feria de la Comunidad. Tarde fría y muy ventosa con apariencia de casi lleno. Seis novillos de "El Ventorrillo" (procedencia Juan Pedro Domecq) bien aunque desigualmente presentados y en general faltos de raza en distintos grados de fuerza. Por más nobles, destacaron primero, segundo y sexto. Reyes Mendoza (palo de rosa y oro): Pinchazo y trasera caída, ovación. Casi entera atravesada que escupe y descabello, silencio. Javier Valverde (añil y oro): Pinchazo y estocada de entrega saliendo empitonado, oreja con ligeras protestas. Estocada baja, petición y ovación. Salvador Vega (celeste y oro): Pinchazo, estocada contraria y cuatro descabellos, aviso y silencio. Pinchazo y estocada delantera, petición y gran ovación. Valverde pasó a la enfermería tras pasear medio ruedo con la oreja, pero salió para matar al quinto.

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La presencia de un viento tan frío como inclemente redujo las posibilidades de triunfar a los tres novilleros que, por no poder sacar los novillos a los medios, no lograron el partido que de seguro hubieran tenido en tarde más calmada ni, por lo mismo, torear a gusto. La precisión de movimientos que requiere hacerlo con total limpieza fue prácticamente imposible y a lances o muletazos limpios sucedieron otros enganchados cuando no comprometidos, lo que empeoró las condiciones de los seis novillos aunque no "rompió" ninguno a bueno. Cumplieron en varas manseando con marcada querencia a tablas y además les pegaron con exceso, lo que añadido a la falta de clase de todos puso en serios aprietos a una terna dispuesta a triunfar. De todas maneras, los tres espadas anduvieron por encima de sus oponentes y no les arredró la incomodidad del viento. Por eso la novillada fue vista con interés y hasta con regocijo por los espectadores, en todo momento pendientes de cuanto ocurría en el ruedo. Otra cosa es que la mayoría entendiera lo que cada torero llevó a cabo porque tengo la impresión de que este año Las Ventas se está llenando de un público más ocasional y variable que nunca. De ahí las peticiones casi mayoritarias de orejas inmerecidas, lo que no pone en cuestión las ganas y el mérito que mostraron Reyes Mendoza, Javier Valverde y Salvador Vega que debutaba en la plaza de Madrid.

El triunfador del festejo fue Javier Valverde, el más placeado, el más sobrado, el más puesto y a punto de tomar la alternativa en Salamanca, capital de la tierra donde nació, quien para la ocasión hizo su despedida novilleril en Las Ventas. Valverde, en efecto, fue el vencedor al cortar la única oreja concedida, estando a poco de lograr un segundo apéndice pedido con tantos pañuelos como la anterior. La lograda fue en pos de su más que demostrada valentía, de su oficio, de su seguridad y, sobre todo, a la estocada que siguió a un pinchazo en lo alto en la que se entregó en un toma y daca que le pudo costar una seria cornada y, por puro milagro, quedó en un tremendo golpe del que resultó momentáneamente conmocionado e inerte. Valverde había domeñado al segundo en varias rondas sobre la mano derecha que ligó bien a los de pecho, terminando con manoletinas ajustadas y el dramático trance final, lo que emocionó mucho al público y creo que también al presidente. Algunos - los del "7", como siempre - protestaron el trofeo y, a partir de ahí, el palco se negó a conceder otros pedidos con la misma o incluso con mayor intensidad. Así el que se demandó para el mismo Valverde tras enterrar el acero en los bajos al quinto, con el que también anduvo solvente, templado y por encima. Negativa que se reprodujo con el debutante Salvador Vega tras una faena valerosa y pinturera al sexto que clausuró de pinchazo y efectivo espadazo.

El malagueño Salvador Vega fue quien más sorprendió por sus salerosas maneras, por su gracia y donaire no exento de valor. Los lances rodilla en tierra con que recibió al tercero, forzosamente aislados porque el novillo salió suelto de todos, las verónicas también de recibo al sexto y la mayoría de los muletazos que compusieron su faena a este último, fueron lo más artístico de la jornada. Con el tercer novillo Vega quedó inédito por la poca fuerza del burel, incapaz de seguir la muleta con un mínimo de brío.

También sobresalió el valor estoico del cordobés Reyes Mendoza que toreó quietísimo y muy tranquilo al novillo que abrió plaza, el mejor del encierro, empalmado los muletazos sin ceder un solo palmo de terreno hasta ser cogido al intentar ligar un pase natural a otro cambiado por segunda vez. El estilo seco de Mendoza no desmereció su indudable personalidad, pero el fallo a espadas le impidió triunfar. De haber matado bien, no hay duda de que habría cortado la oreja más seria de la tarde. Al cuarto novillo le picaron bien y le banderillearon mejor pero Mendoza no pudo estar a la altura de su anterior actuación por la sosería final que el bicho sacó, sin ofrecer posibilidad de engarzar una faena digna del tal nombre.