2ª DE LA FERIA DE LA COMUNIDAD José Antonio del Moral
ENCABO SUPERÓ A ESPLÁ PERO NINGUNO CORTÓ OREJA
Madrid. Plaza de Las Ventas. 2 de mayo de 2002. Segunda de la feria de la Comunidad. Casi lleno en tarde nublada, muy fría y ventosa. Festejo de carácter e indumentaria goyescos. Tres toros de "Alcurrucén" y tres de Carlos Núñez, bien presentados y de juego desigual con predominio de los deslucidos, sobre todo los de Núñez que resultaron muy incómodos. Por devolución del sexto tras lastimarse en un puyazo, se lidió un sobrero de Hermanos Lozano, bien presentado y temperamental. Luis Francisco Esplá (azul prusia y pasamanería en azabache): Casi entera tendida, palmas. Estocada, ovación. Tres pinchazos, estocada y descabello, silencio. Luis Miguel Encabo (fuscia y galones dorados): Dos pinchazos, estocada muy trasera y tres descabellos, palmas. Tres pinchazos, estocada caída atravesada y descabello, aviso y silencio. Dos pinchazos y estocada, aviso y ovación.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------Obligados a saludar nada más hacer el paseíllo, Esplá y Encabo afrontaron la tarde con entusiasmo y con el apoyo del público. Sobre todo Esplá que, cada vez que viene a Madrid, se vuelcan con él. Su vestimenta más a tono que nunca con sus ideas por ser corrida goyesca, siempre empieza por justificar su añejo repertorio, su manera de estar y de andar sin parar, no digamos su modo de banderillear y hasta su toreo vistoso y variado con el percal pero en casi nada apreciable con la franela por su habitual falta de reposo con la muleta. Esplá cumplió fiel su representación en el primero de Alcurrucén que sirvió en los dos primeros tercios pero llegó incómodo por tardo y corto de viajes al último tercio. Desigual al clavar dos pares de poder a poder antes y después de que interviniera Encabo con mayor justeza que el alicantino, su brega sobre los pies para fijar al tercero - un ejemplar cuesta arriba y muy astifino de Carlos Núñez -, tal y como lo hace un buen peón, fue aplaudida por el gentío como revelación. También sus pares ciertamente apurados que llevó a cabo con incuestionable mérito y facultades. No tanto en la muleta que utilizó a la defensiva por el pésimo lado izquierdo y más firme en redondo, el pitón más fácil del animal. Ni toro ni torero se entregaron, sin embargo, y como la gente vio todo en positivo nadie se enfadó sino, al contrario, lo celebró hasta que Luis Francisco entró a matar tan pronto y bien como a su anterior enemigo. La ovación se escuchó hasta en Alicante. Casi 600 kilos de peso tuvo el quinto, de "Alcurrucén", al que recibió muy movido con el capote entre ovaciones - no sé por qué - como asimismo al llevarlo bailando al caballo. Le picaron bien en tres encuentros y en el quite breve pero limpio que le hizo Encabo pareció romper a mejor. También en las jaleadísimas y veloces navarras que le enjaretó Esplá en el suyo. Pero Esplá no quiso banderillearlo y unos pocos lo afearon. Hasta que, intuyendo sus deseos de hacer faena, volvió la gente a ponerse de parte del veterano diestro quien, en tablas, empezó probando al toro por el lado izquierdo para seguir por naturales que el bicho terminó por aceptar. Recetados de uno en uno y cambiándose la muleta de mano para rematar con los de pecho, Esplá siguió favorecido por el público. Incluso cuando desistió de torear por el lado derecho a poco de intentarlo. Cuadró al toro con un estrafalario farol y como pinchó se esfumó el posible aunque injustificado triunfo pero no el acostumbrado fervor del respetable. Cada vez que veo a Luis Francisco Esplá en Las Ventas me sorprendo más del comportamiento del público a su favor si lo comparamos con el que dispensa a la mayoría de sus colegas de profesión. Vivir para ver.
Luis Miguel Encabo, menos teatral que su veterano competidor, prefirió empezar su actuación con un toro de Carlos Núñez que fue peor que el que abrió plaza de "Alcurrucén". Tanto, que Encabo no ofreció palos a Esplá por no presentar facilidades para banderillar. Todo un detalle del madrileño. Con la muleta se la jugó Encabo sin resultados brillantes porque el toro fue un regalito sin posibilidades. En el cuarto, un ejemplar muy serio de Carlos Núñez, Luis Miguel tuvo que luchar con varios imponderables: la distracción del toro en su salida, su embestir por las nubes y su pronta arrancada que no se tradujo en viajes largos, sino en muy cortos. Lo banderilleó resuelto y muy bien por ambos pitones dándole ventaja al bicho en los tres pares que colocó de poder a poder y partiendo del en el último que clavó por los adentros. El toro llegó a la muleta dejando ver sus dificultades y como le bajó la mano al natural logró algunos de mérito aunque nunca pudo ligar dos seguidos. Tardeaba a más el bicho, acortaba progresivamente su embestir y Encabo lo encajó con notable firmeza sin que la gente le jaleara lo más mínimo. En cambio le pitaron en cuanto lo pinchó y más cuando reiteró las infructuosas agresiones con la espada. Injusto por desigual el trato del público a ambos matadores.
De lamentar que se dañara al recibir el primer puyazo el sexto, "de Alcurrucén", tras el mejor recibo de capa de la tarde a cargo de Encabo que tuvo que enfrentarse a un sobrero de los hermanos Lozano. Otra res bastante menos clara en su salida que la devuelta y a la que Encabo volvió a banderillear con acierto y donosura sin lograr enderezar con su faena ni sobre todo con la espada la ya hundida jornada pese al indudable propósito del matador que buscó en todo momento la gloria en una labor que no pudo redondear, aunque sí mostrar su torería de verdad: la de la firmeza y mayor quietud en los cites y en los remates de los pases que, aunque no limpios en su totalidad, recetó sobre todo al natural, demostrando más solvencia y poderío que su siempre favorecido "maestro". Aún sin cortar oreja, Luis Miguel Encabo se la mojó con creces.