FERIA DE LA MAGDALENA EN CASTELLÓN José Antonio del Moral
SOLO UNA OREJA PARA "FINITO DE CÓRDOBA" EN UNA BUENA CORRIDA DE "JANDILLA"
Tomás perdió una gran oportunidad y Ramirez se apagó más que sus toros
Castellón de la Plana. 8 de marzo de 2002. Séptima de feria. Tarde agradable y casi lleno en jornada festiva. Seis toros de "Jandilla" desigualmente presentados entre el descarado e imponente primero, el grandote aunque abecerrado quinto y más "bonitos" los restantes. Los dos primeros, flojotes pero extraordinariamente nobles, bueno tras romper en la muleta el quinto y más apagados los demás, resultando muy rajado el cuarto. "Finito de Córdoba" (blanco y oro): Estocada caída, oreja sin petición mayoritaria. Dos pinchazos y cuatro descabellos, algunos pitos. José Tomás (azul prusia y oro): Tres pinchazos y estocada, aviso y ovación con saludos. Sablazo atravesado que hizo guardia y catorce descabellos, dos avisos y gran ovación con saludos desde los medios. Alberto Ramirez (nazareno y oro): Cinco pinchazos y descabello, aviso y pitos. Media perpendicular caída y cuatro descabellos, pitos.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------
De haber matado bien "Finito" a su primer toro, José Tomás a los dos que le correspondieron en más que buena suerte e incluso Alberto Ramirez al sexto, la corrida hubiera sido la más triunfal con mucho de esta feria tan paupérrima. Además, el mismo presidente de ayer no puso reparos en conceder un primer cartílago pese a no ser mayoritariamente pedido y todo hacía prever que íbamos a por un esportón de trofeos. Buena pese a su desigualdad y a las máculas de tres toros, la tarde se abrió con dos reses de excepción: el primero de Finito, flojote pero muy noble y con clase para dar y tomar por el lado izquierdo. El de José Tomás, asimismo justo de fuerza, con tanta fijeza como franquía por los dos pitones y embistiendo desde lejos al galope. Finito, que lanceó muy templado por verónicas y medias de las suyas en el recibo, tardó en tomar la muleta con la izquierda - buenos sin más los redondos iniciales - y nos ofreció una sinfonía al natural en tres tandas soberbias de pases muy largos y hondos engarzados a perfectos de pecho que deleitaron al público. No me explico que insistiera de nuevo con la mano derecha, razón por la que el toro, ya agotado, dobló sus manos y que tan bella obra no tuviera el refrendo final que merecía. Tampoco la estocada que, aunque efectiva, quedó caída. José Tomás con el asimismo débil pero extraordinario segundo se meció suave con la capa en el recibo y llevó a cabo una faena muy larga y tan llena de pausas que resultó excesivamente premiosa, con pases demasiado sueltos, recetados con temple pero en la versión que últimamente prodiga el torero de Galapagar. Esto es, periféricos cites de perfil con la muleta ofrecida retrasada con el "pico" que se afea a otros y en su mayoría despidiendo al bicho hacia las afueras. Todo lo contrario de lo que le hizo famoso y que al parece no importa lo más mínimo a sus fanáticos que solo quieren que el torero triunfe como sea. No lo consiguió por fallar a espadas aunque el toro se le fue dada su gran clase. Y menos tras su garrafal manejo de los trastos de matar tras otra muy larga faena que, en mi opinión, tuvo más mérito que la anterior pues el quinto pareció quedarse corto en los primeros tercios y Tomás lo metió y sometió con firmeza y temple en la muleta hasta que el bicho - por cierto muy protestado de salida por su nulo trapío - rompió a bueno. Inexplicable que persistiera en las pausas y paseos que hicieron eterno el trasteo y también que se decidiera demasiado tarde en torear al natural como en sus mejores tiempos, faceta que, como es lógico, enardeció a todos.
Y hasta aquí, lo único interesante de la corrida porque "Finito" no quiso complicarse la vida con el muy rajado cuarto y Alberto Ramirez, con muchas ganas por fuera pero ninguna por dentro frente al lote más deslucido, ofreció el último acto de su manifiesta incapacidad profesional para ser alguien es esto.