FERIA DE LA MAGDALENA EN CASTELLÓN José Antonio del Moral
UNA MÁS DE REJONES CON LOS JÓVENES GALAN Y VENTURA A HOMBROS Y TODO EL MUNDO HABLANDO DEL HIJO DE MANZANARES
Castellón de la Plana. 6 de marzo de 2002. Cuarta de feria. Tarde agradable y tres cuartos de entrada. Seis toros de "Los Espartales" para rejones de irregular juego. Martín González porra, ovación. Andy Cartagena, oreja. Alvaro Montes, vuelta al ruedo. Sergio Galán, dos orejas. Diego Ventura, dos orejas. Rafi Durand, ovación. Galan y Ventura salieron a hombros.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------Una más de rejones con el siempre amable público que suele gozar de esta clase de festejos, en esta ocasión sin mayor historia que la nutrida y entusiasta participación de los más jóvenes de este escalafón, mientras en los tendidos no se paraba de hablar del triunfo de José María Manzanares Jr. y de lo que de él ha dicho la crítica local y la nacional, sorprendida por el arte del niño y sorprendente por las pegas que enseguida le han puesto por aquello de su lujosa estirpe, de su increíble aplomo, de su facilidad y del impacto que, quieran o no, ha causado entre la mayoría de los aficionados. A mi lo que más me hace sonreir es comprobar como los mismos que, por ejemplo, se volcaron hace dos años con "El Califa" a quien han tratado de sostener contra el viento y la marea de su notoria incapacidad profesional, aparte éxitos puntuales que equivocaron a muchos empezando por el propio diestro, ahora intentan ponerse una venda protectora con el hijo de Manzanares, simplemente por ser quien es. Si en vez de Manzanares se llamara García y fuera un pobrecito desvalido y desconocido, seguro que todos sus tempraneros detractores se habrían vuelto locos. En cualquier caso, lo que certifica la excepcionalidad torera y artística del nuevo valor alicantino es precisamente que, nada más empezar, está siendo negado por los prebostes más "listos" de la prensa taurina. Cuestión que personalmente me ha gustado mucho porque si le hubieran puesto por las nubes sería la señal más segura de su futuro incierto.