FERIA DE LA MAGDALENA EN CASTELLÓN. José Antonio del Moral

MANZANARES JR. TAMBIÉN ASOMBRÓ EN CASTELLÓN

Salió en hombros tras cortar dos orejas que pudieron ser cuatro alternando con las figuras de la novillería César Jimenez e Iván García frente a una muy novillada muy cuajada de Daniel Ruiz

Castellón de la Plana. 5 de marzo de 2002. Tercera de feria. Tarde nublada con llovizna a ratos y media entrada larga. Seis novillos de Daniel Ruiz Yagüe, muy bien presentados, primero y sexto con cuatro años cumplidos. Nobles en general aunque sin fuerza en su mayoría. El más dulce fue el tercero y los más complicados quinto y sexto. César Jimenez (celeste y oro): Buena estocada y seis descabellos, ovación. Estocada desprendida, oreja. Ivan García (blanco y oro): Media tendida y descabello, oreja. Pinchazo y estocada, aviso y ovación. José María Manzanares (añil y oro): Media muy baja, oreja. Estoconazo algo atravesado, oreja y petición fuerte de otra con salida a hombros.

-------------------------------------------------------------------------------------------------------Ya no hay duda. El hijo de José María Manzanares demostró en la plaza de Castellón que puede ser una gran figura del toreo antes de lo que él mismo se imagina aunque, por supuesto, eso es lo que parece más que dispuesto a ser por cuanto le hemos visto. Le han bastado unos cuantos festivales y tan solo tres novilladas picadas en las que el trapío y la edad de las reses que ha matado han ido creciendo a medida que los compromisos iban siendo mayores para llegar a la primera feria importante de la temporada con toda la crítica nacional presente y muchos aficionados de categoría llegados ex profeso para ver si era verdad cuanto estos días se está hablando y escribiendo de él, para demostrar ante un novillo y un toro cumplido que estamos ante el torero con más clase que hemos visto aparecer desde hacía mucho tiempo. Y no solo eso. Que, además, tiene valor y el exclusivo don de exhibir con total naturalidad y elegancia de privilegiado un reposado y asombroso empaque que traduce en un toreo calmado, acariciante, paciente y sugestivo hasta decir basta. Mas que por su precoz madurez, lo que verdaderamente sorprende es su madura nacencia porque parece hasta mentira que un joven sin apenas experiencia de la impresión de maestro consumado. Basta verle recibir a los toros con el capote - ayer también con un larga cambiada al tercero - que utiliza muy firme con guante de seda sin permitir que los pitones enganchen la tela para enseguida dar motivos al elogio; su precisa colocación en cada momento, la elección de los terrenos y de las distancias, el cómo presenta la muleta y cómo la maneja sutilmente de entrada en sus faenas para alargar con inusitada suavidad los viajes de los toros y, de seguido, torearlos con calma, con despacioso temple, con largura, con mando y sabor perfumado que de inmediato se expande por los tendidos. Tras matar mal al noble tercero por una casual perdida de las manos del novillo en el momento del embroque y pasear la oreja que de haber acertado con la espada hubiera sido dos, se escuchó el run-run clásico y posterior a los grandes acontecimientos cuando se producen. Pero fue con el más brusco e incómodo sexto - un toro por hechuras y edad con todas sus consecuencias - con el que José Mari tomó de facto la alternativa por como aguantó y resolvió los problemas que le planteó hasta cuajarle naturales, redondos y excelsos de pecho que ratificaron con creces lo dicho. A éste lo mató mejor aunque también defectuosamente por perfilarse descruzado y quedar la espada atravesada, lo que motivó a la presidencia para no concederle la segunda oreja que pedía el público por mayoría, pero no su salida a hombros en olor de multitud.

El nuevo Manzanares, pues, asombró de nuevo a todos e incluso a sus más veteranos compañeros de terna que hicieron todo lo posible y lo imposible para epatar a su sorpresivo contrincante. Muy bien César Jimenez con el primero, tanto de capa como de muleta, al que habría cortado una oreja si no es por el dichoso descabello. La consiguió con gran mérito e indudable raza frente al muy rajado cuarto gracias a sus muletazos y alardes junto a tablas, a donde el bicho se fue finalmente. También gustó Iván García, torero de amplio registro en los tres tercios, fino y con oficio. Pero aunque cortó la oreja del segundo, no pudo repetir triunfo con el derrengado quinto que, para contradecir el famoso dicho, fue el más deslucido del encierro.